Capítulo 6: Paciencia
Capítulo 6: Paciencia

Capítulo 6: Paciencia

1. Todas las buenas acciones,
como la generosidad y las ofrendas a los sugatas,
acumuladas durante mil kalpas,
las destruye un instante de enfado.
2. No hay mal comparable al enfado
ni ascesis similar a la paciencia;
cultivaré, por lo tanto, la paciencia
con ahínco y por todos los medios.
3. Los que albergan la aflicción del enfado
no encuentran sosiego,
ni disfrutan de alegría ni bienestar alguno;
y no pueden dormir ni sentirse seguros.
4. Incluso aquellos cuyo honor y riqueza
dependen de la generosidad de sus superiores,
se alzarán contra ellos y los asesinarán
si estos señores están dominados por el odio.
5. A sus parientes y amigos aflige,
y ni ésos a quienes atrae con sus dádivas le sirven.
En definitiva, no hay nadie
que sea feliz estando enfadado.
6. Todos esos sufrimientos los produce
ese enemigo, el enfado.
Quien atrapa y destruye su enfado
será feliz en esta vida y las futuras.
7. Alimentándose de la infelicidad surgida
cuando ocurre lo que no quiero y
hay obstáculos para lo que deseo,
crece el enfado y me destruye.
8. Por lo tanto, he de erradicar
lo que sustenta a mi enemigo,
a ese que no tiene otro propósito
más que el de dañarme.
9. No dejaré que nada de lo que pase
altere la alegría de mi mente.
Pues siendo infeliz, no conseguiré mis deseos
y degenerarán mis méritos.
10. Si tiene remedio,
¿qué razón hay para estar abatido?
Y si no lo tiene,
¿en qué beneficia el desconsuelo?
11. Para nosotros y nuestros amigos
no queremos sufrimientos ni humillaciones
ni palabras hirientes ni nada desagradable.
Pero para nuestros enemigos, todo lo contrario.
12. Las causas de la felicidad son raras,
pero abundantes son las causas del sufrimiento.
Pero sin sufrimiento no anhelaría la liberación,
por eso, oh mente, sé firme.
13. Si la gente de Karna y los que adoran a Durga
soportan absurdamente padecimientos
tales como quemarse, cortarse...
¿Por qué soy tan apocado para conseguir la liberación?
14. Nada hay que no se vuelva más fácil
cuando uno se familiariza con ello.
Así, acostumbrándome a los pequeños males
podré sobrellevar las grandes adversidades.
15. ¿No veo ya que es así con los sufrimientos cotidianos
tales como picaduras de serpientes y mosquitos,
sensaciones de hambre y sed,
tremendos picores y demás?
16. El calor, el frío, la lluvia, el viento,
las enfermedades, el ser aprisionado, golpeado...
no deben hacerme sentir irritado.
Pues eso, solo agravaría el padecimiento.
17. Algunos al ver su propia sangre
se vuelven más fuertes y valientes.
Otros desfallecen y se desmayan
al ver meramente la sangre de otros.
18. Ello depende de la disposición de sus mentes,
de si ésta tiene entereza o es cobarde.
Por lo tanto, ignoraré todos los infortunios
y no dejaré que me afecten las dificultades.
19. Cuando le llega el sufrimiento a un sabio,
no le quebranta la serenidad de su mente.
En la lucha contra las emociones negativas,
como en toda batalla, son muchas las dificultades.
20. Los que ignoran todos los sufrimientos
y aplastan a enemigos tales como el odio
son héroes victoriosos.
Los otros solo matan cadáveres.
21. El sufrimiento también tiene ventajas:
con el dolor desaparece la arrogancia,
se siente compasión por aquellos en el samsara;
se evitan los actos nocivos y se disfrutan los virtuosos.
22. Si no me enfado con la bilis ni los otros humores
que dan lugar a tantos sufrimientos,
¿por qué he de enfadarme con los seres
que son también impulsados por las circunstancias?
23. Del mismo modo que aparecen,
aunque no se deseen, las enfermedades;
así también aunque no se deseen
aparecen apremiantes las emociones negativas.
24. Sin haber decidido: “Voy a enfadarme”,
la gente de pronto se enfada.
Y tampoco el enfado aparece
tras haberlo premeditado.
25. Todas las distintas faltas
y los diversos actos negativos
se producen por la fuerza de las circunstancias;
ninguno de ellos es autónomo.
26. Y ese conjunto de circunstancias reunidas
tampoco tiene la voluntad de producir un resultado.
Ni tampoco cuando ya se ha engendrado
éste piensa que es su resultado.
27. Aquello referido como la “sustancia primigenia”
y aquello designado como “yo”
no surgen por pensar deliberadamente:
“Voy a producirme”.
28. Aquello que no ha surgido, no existe;
entonces, ¿qué es lo que puede desear surgir?
Y si estuviese permanentemente captando su objeto
nunca cesaría de hacerlo.
29. Además, si este “yo” fuese permanente,
sería claramente inerte como el espacio.
E incluso en contacto con otros factores,
siendo inmutable ¿cómo podrían éstos afectarle?
30. Si, cuando otros factores actúan, permanece tal como
estaba antes,
¿cómo esos factores lo han influenciado?
Dicen que son agentes del “yo”
pero ¿qué conexión puede haber entre ellos?
31. Así pues, todo depende de otras cosas,
y éstas a su vez dependen de otras; no son independientes.
Sabiendo esto, no me enfadaré
pues todo es como una creación mágica.
32. Puede que digáis: “oponerse no tiene sentido,
pues ¿quién se opondría a qué?”.
Afirmar eso no es absurdo pues con la paciencia
se interrumpe la concatenación del sufrimiento.
33. Así, cuando vea hacer algo incorrecto
ya sea a un amigo o a un enemigo,
recordaré que ocurre debido a las circunstancias
y permaneceré sereno.
34. Si las cosas fuesen tal como se desean,
ya que nadie desea ningún sufrimiento
nunca a nadie le ocurriría
nada que le hiciese sufrir.
35. Sin embargo, por descuido
se dañan a sí mismos con espinas y demás.
Y se privan de alimento en su deseo ardiente
de conseguir mujeres y bienes.
36. Algunos se cuelgan o saltan al vacío,
se envenenan o comen comida insana,
o se dañan a sí mismos
con su mala conducta.
37. Cuando están bajo el poder de las emociones
se matan a sí mismos, a “su propio ser” tan querido.
Así pues, ¿cómo no iban a poder
causar daño a los demás?
38. Cuando arrastrados por sus emociones
los seres incluso se destruyen a sí mismos,
si no tenemos ninguna compasión,
¿no podríamos, al menos, evitar enfadarnos?
39. Si los que son inmaduros, como niños insensatos,
tienden por naturaleza a dañar a otros,
enfadarse con ellos tiene tan poco sentido
como resentirse contra el fuego porque quema.
40. Y si sus faltas son solo pasajeras,
pues los seres son buenos por naturaleza,
también sería absurdo enfadarse con ellos;
igual que lo sería enfadarse con el cielo por tener humo.
41. Aunque lo que me daña es el palo,
me enfado con quien lo maneja y me golpea.
Pero éste a su vez ha sido incitado por su enfado,
debería, pues, enfadarme con su enfado.
42. En el pasado, yo también infligí
en los seres sufrimientos parecidos.
Por eso, es justo que reciba
el daño que les causé.
43. Su arma y mi cuerpo
son ambos causas de mi sufrimiento.
Él sostuvo el arma y yo el cuerpo,
¿con quién he de enfadarme?
44. Si por un apego ciego me aferro
a esta forma humana que es como una llaga,
que no soporta el dolor ni de ser meramente tocada,
¿con quién debo enfadarme cuando siento dolor?
45. Como seres pueriles,
no queremos sufrir, pero codiciamos sus causas.
¿Por qué nos enfadamos con otros, si somos nosotros
los que nos dañamos con nuestras propias faltas?
46. Tanto los guardianes del infierno, por ejemplo,
como el bosque de las hojas afiladas
han sido engendrados por mis propios actos.
¿Con quién debo, pues, enfadarme?
47. Instigados por mi propio mal karma
aparecen aquellos que me dañan.
Pero si debido a eso, ellos van a los infiernos,
¿no soy yo entonces quien los daña?
48. Gracias a ellos y teniendo paciencia,
purificaré innumerables actos negativos.
Pero, debido a mí, ellos irán a los infiernos
donde sufrirán un tiempo inmenso.
49. Si soy yo quien les perjudico
y ellos los que me benefician,
¿por qué razón perversa y distorsionada,
oh mente perniciosa, te enfadas con ellos?
50. Con una mente con nobles cualidades
no iré a los infiernos.
Pero aunque me salve a mí mismo,
¿qué les ocurrirá a ellos?
51. Si cuando me dañan los daño,
con ello no los estaré protegiendo;
mi conducta altruista degenerará
y desaparecerá la fortaleza de mi paciencia.
52. Como la mente es inmaterial,
nada ni nadie puede destruirla.
Pero por aferrarse al cuerpo,
los dolores de éste le afectan.
53. Las palabras hirientes y las de desprecio,
y aquellas que no nos gusta oír,
puesto que no dañan al cuerpo,
¿por qué, oh mente, te hacen enfadar tanto?
54. El desagrado que otros sienten hacia mí
puesto que no podrá devorarme
ni en esta vida ni en las futuras,
¿por qué, pues, me produce tal aversión?
55. Quizá si lo rechazo es debido
a que ello me impedirá obtener lo que quiero.
Pero todas mis propiedades las tendré que dejar atrás,
mientras que los actos negativos se vendrán conmigo.
56. Es mejor morir ahora mismo
que vivir mucho tiempo una mala vida.
Por mucho tiempo que viva,
sufriré igualmente cuando muera.
57. Alguien sueña que disfruta
de dicha durante cien años, y se despierta.
Otro sueña que la experimenta
durante un instante, y se despierta.
58. La felicidad de ambos, cuando despiertan,
se desvanece y ya no regresa.
Del mismo modo, cuando llega la muerte
nuestra vida, haya sido larga o breve, cesa.
59. Aunque hayamos tenido abundantes bienes
y los hayamos disfrutado por mucho tiempo,
partiremos desnudos y con las manos vacías,
como despojados de todo por los ladrones.
60. Podría objetarse que con los bienes podemos vivir
y así limpiar los actos negativos y acumular méritos.
Pero si debido a los bienes nos enfadamos,
¿no estaremos destruyendo los méritos y acumulando
más actos nocivos?
61. Si aquello por lo que vivo
degenera y desaparece,
¿qué sentido tiene una vida
dedicada solo a los actos negativos?
62. Si cuando nos dicen algo hiriente decimos
que nos enfadamos porque están dañando a otros,
entonces ¿por qué no nos enfadamos igualmente
cuando esas palabras hirientes se las dirigen a otros?
63. Si toleramos esa animadversión
porque ésta la han causado otros,
¿por qué no soportamos que nos digan palabras hirientes
pues éstas han sido causadas por las emociones
negativas?
64. Con aquellos que destruyen y denigran
las estatuas, las estupas y la sagrada doctrina
no tiene sentido enfadarse,
ya que no pueden dañar a los budas.
65. Incluso si dañan a nuestros maestros espirituales,
amigos y parientes,
hemos de ver, como se ha explicado antes,
que ocurre debido a los diversos factores
y controlar nuestro enfado.
66. Puesto que los seres son dañados
tanto por los seres vivos como por los objetos inertes,
¿por qué solo nos enfadamos con los primeros?
Seamos pues pacientes con el daño que nos hacen.
67. Si algunos, por ignorancia, actúan negativamente
y otros, por ignorancia, responden enfadándose,
de entre ellos, ¿quiénes son los inocentes?
¿Quiénes podríamos decir que son culpables?
68. ¿Por qué en el pasado cometieron esos actos
debido a los cuales ahora otros los dañan?
Si todo depende del karma,
¿cómo puedo enfadarme con ellos?
69. Puesto que me he dado cuenta de todo esto,
a toda costa me esforzaré en actuar positivamente
y trataré de promover entre todos
una actitud de amor mutuo.
70. Si, por ejemplo, una casa se quema
y el fuego se propaga a otras casas,
lo indicado será quitar y tirar fuera la paja
y todo lo que pudiese extender las llamas.
71. Del mismo modo, por temor a que nuestros méritos
se destruyan, debemos abandonar de inmediato
cualquier apego que sustente
las fieras llamas del odio.
72. ¿No se sentirá afortunado un condenado a muerte
si lo liberan tras haberle tan sólo amputado una mano?
¿No es asimismo un alivio poder librarse de los infiernos
por padecer tan sólo sufrimientos humanos?
73. Si incluso mi sufrimiento presente
me resulta insoportable,
¿por qué no evito mi enfado,
la causa de futuros tormentos infernales?
74. A causa de mis deseos, he sufrido
miles de veces torturas en los infiernos;
sin conseguir nada
para los demás ni para mí mismo.
75. Este sufrimiento de ahora no es nada comparado con
aquéllos
y sin embargo permite conseguir beneficios inmensos.
Y ya que curará el dolor de los seres,
alegrarse es pues lo único que procede.
76. Si otros se deleitan alabando
las buenas cualidades de otros,
¿por qué, oh mente, no te alegras
y disfrutas también de esos elogios?
77. La dicha que se obtiene al alegrarse
da lugar a una felicidad intachable.
Los seres sublimes nos animan a ello
y es el modo perfecto de ganarse a los demás.
78. Pero si dices que así ellos serán felices
y ésa es una felicidad que no deseas;
entonces también deja de dar salarios, limosnas y demás.
Pero saldrás perdiendo en esta vida y en las venideras.
79. Si cuando elogian tus buenas cualidades,
te complace que otros se alegren de ello
¿por qué cuando alaban las cualidades de otros
te niegas a alegrarte con ellos?
80. Si porque quieres la felicidad de todos los seres
generaste la bodichita,
¿por qué cuando encuentran por ellos mismos
algo de felicidad te irritas?
81. Si dices que deseas que todos los seres
devengan budas venerados en los tres mundos,
¿por qué te sientes tan torturado
si ves que reciben un poco de respeto?
82. Si los seres que dependen de ti,
a quienes has de sustentar,
encuentran por sí mismos su sustento,
¿no serías feliz? ¿Te disgustarías quizá?
83. Si ni eso deseas para los seres,
¿cómo es posible que desees su budeidad?
¿Cómo puede alguien con bodichita
enfadarse ante la prosperidad de los demás?
84. Tanto si esa persona recibe una dádiva
como si esa dádiva se queda en la casa del benefactor,
en ningún caso vas tú a recibir nada,
¿qué más te da que se la den o no?
85. ¿Por qué destruir la fe de otros
y tus méritos y buenas cualidades?
Dime, ¿por qué no te enfadas por carecer
de las causas que dan lugar a esas riquezas?
86. No solo no estás compungido
por todo el mal que has hecho,
sino que además quieres competir
con otros que han acumulado mérito.
87. Si un enemigo es desafortunado
¿qué motivo tienes para alegrarte de ello?
Meramente tus deseos
no van a causar su infortunio.
88. Y si esos deseos hostiles le trajesen la desdicha,
¿qué motivo tendrías para alegrarte de ello?
Si dices que así te sentirás satisfecho,
¿puede haber algo más nefasto que eso?
89. Ese pescador, mis propias emociones nocivas,
lanza un anzuelo terriblemente afilado
y si me atrapa, seré cocido sin duda alguna
en las calderas del infierno por los esbirros infernales.
90. Ser enaltecido con elogios y fama
no incrementa los méritos ni prolonga la vida,
no proporciona salud ni da fuerza,
ni procura tampoco bienestar físico.
91. Si sé realmente cuál es mi objetivo,
¿para qué puede eso interesarme?
Pero si lo que deseo es entretenimiento,
debo recurrir también al alcohol y al juego.
92. Si para conseguir celebridad
malgasto mi fortuna y pierdo hasta mi vida,
¿para qué me servirán esas palabras?
¿A quién deleitarán cuando esté muerto?
93. Cuando se derrumban sus castillos de arena
los niños lloran desesperadamente.
Cuando los elogios y fama se desvanecen
así se comporta también mi mente.
94. Los sonidos fugaces, carentes de intelecto,
no tienen intención de elogiarme.
Si digo: “Otros están contentos conmigo
y eso es lo que me hace feliz”.
95. Ya sean para otros o para mí esos elogios,
¿en qué me beneficia a mí que disfruten?
Esa felicidad es solo suya
y ni una mínima parte me corresponde.
96. Si me siento feliz por la felicidad de otros,
debería ser así también con la felicidad de todos.
Entonces, ¿cómo es posible que no sea feliz
cuando alguien es feliz con la dicha de otros?
97. Por eso, la satisfacción que sentimos
al pensar que estamos siendo elogiados
carece totalmente de sentido;
es meramente una conducta pueril.
98. Los elogios y demás me distraen,
socavan mi hastío por el samsara,
engendran envidia de las buenas cualidades ajenas
y así todo lo excelente se destruye.
99. Por eso, los que están al acecho
para destruir mi reputación y demás,
¿no están de hecho protegiéndome
de caer en los reinos desdichados?
100. Quien con afán busca la liberación
no debe encadenarse con riquezas y respeto.
¿Cómo puedo enfadarme con aquellos
que me liberan de tales cadenas?
101. Son como bendiciones de los budas
pues me cierran la puerta e impiden
que me precipite, tal como desearía, al sufrimiento.
¿Cómo puedo enfadarme con ellos?
102. “Son un obstáculo a mis acciones positivas”.
Tampoco eso es una razón para enfadarse,
pues no hay ascesis comparable a la paciencia
y ¿no es a eso a lo que me he de dedicar?
103. Si debido a mis propios defectos
no practico la paciencia con ellos,
yo mismo estoy bloqueando esa causa
que tengo ante mí de crear méritos.
104. Si una cosa no existe sin la otra
y existe cuando ésa está presente;
entonces siendo su causa
¿cómo puede decirse que sea un obstáculo?
105. Si un mendigo llega cuando se está dando,
no es un obstáculo para la generosidad.
Tampoco los que imparten la ordenación
pueden considerarse como un obstáculo para ésta.
106. En el mundo hay muchos mendigos,
pero los seres que nos dañan son escasos;
pues si yo no los he dañado
ellos no me harán daño.
107. Debo alegrarme de tener enemigos
pues me ayudan en mi práctica de bodisatva;
son así como un tesoro
hallado en casa sin ningún esfuerzo.
108. Gracias a ellos, he practicado la paciencia;
y puesto que han sido su causa
les corresponde a ellos primero
el fruto de mi paciencia.
109. Y si digo que mis enemigos no merecen mis honores
pues carecían de la intención de que practicase la paciencia,
entonces ¿por qué venero el darma sagrado,
la causa de que consiga el logro?
110. “Los enemigos no han de recibir nada —protesto
pues tienen la intención de dañarme”.
Pero, ¿cómo sería posible practicar la paciencia
si se esforzasen en ayudarme, como los médicos?
111. La paciencia nace gracias
a aquellos con una hostilidad intensa.
Son pues la causa de la paciencia
y, como el darma sagrado, merecen ser venerados.
112. El Sabio dijo que los seres y los budas
son ambos campos de méritos.
Muchos por haber procurado su felicidad
han ido más allá y alcanzado la perfección.
113. El estado de la budeidad depende
por igual de los seres y los budas.
¿Qué clase de práctica es la que no venera
a los seres tanto como a los budas?
114. Aunque no lo son en las cualidades de sus mentes,
en los resultados que producen si son similares.
Los seres tienen esa virtud
en eso, los seres son iguales a los budas.
115. Las ofrendas a aquellos llenos de amor,
revela la grandeza de los seres.
La fe en el Buda da lugar a méritos,
y eso muestra la grandeza del Buda.
116. Comparten que por ellos se manifiesta la budeidad,
en eso sí igualan a los budas.
Pero no tienen un infinito océano de cualidades,
en eso no son iguales a los budas.
117. Si de ese vasto conjunto de supremas cualidades
se manifestase solo una porción en algunos seres,
ofrecerles, a fin de venerarlos,
los tres mundos no sería suficiente.
118. Puesto que los seres son copartícipes
en hacer que se manifieste la budeidad suprema,
en virtud de ser coparticipes,
son pues dignos de veneración.
119. Además, aparte de hacer felices a los seres
¿existe otro medio de recompensar la bondad de
los budas,
esos amigos auténticos e incondicionales
que nos benefician ilimitadamente?
120. Al beneficiar a los seres recompensamos la bondad de
quienes
por ellos dan sus vidas y van al infierno de las Torturas
Máximas.
Por eso, aunque los seres me dañen en gran medida
me dedicaré únicamente a aquello que los beneficie.
121. Por ellos, quienes son mis maestros
no se cuidaron ni de sus cuerpos.
¿Por qué soy tan estúpido y actúo con orgullo,
en vez de ser su siervo?
122. Cuando ellos son felices los budas se complacen,
y se apenan cuando se les daña.
Si hago felices a los seres, complazco a todos los budas,
pero les daño, si a los seres daño.
123. Igual que aquel cuyo cuerpo arde en el fuego
no puede disfrutar de ningún placer sensual,
a los grandes compasivos tampoco hay modo de
complacerlos
mientras estemos causando dolor a los demás.
124. Con todo el daño causado a los seres,
he entristecido a todos los grandes compasivos.
Por eso, hoy confieso todos esos actos dañinos
y ruego a los budas que me perdonen por mis ofensas.
125. De ahora en adelante, para complacer a los budas
tendré control de mí mismo y estaré al servicio de todo el
mundo.
Y aunque incontables seres me pateen la cabeza o me
maten,
no me vengaré. ¡Que así los protectores del mundo se
alegren!
126. Sin duda alguna, los grandes compasivos
consideran a todos los seres como a sí mismos.
Aquellos que percibo como seres son budas en sí mismos,
¿cómo es posible que no los trate con respeto?
127. Eso complace a los que así han ido,
con eso me beneficio verdaderamente a mí mismo,
eso disipa el sufrimiento del mundo;
por lo tanto eso será lo que siempre haré.
128. Si, por ejemplo, algunos hombres del rey
dañasen a una gran multitud de seres,
aquellos que ven más allá de lo inmediato
no los atacarían aunque pudiesen.
129. Pues esos hombres no están solos,
sino respaldados por el poder real.
Del mismo modo, no subestimaré
a ningún débil adversario que me dañe.
130. Pues los vigilantes de los infiernos
y los grandes compasivos los respaldan.
Así, complaceré a todos los seres,
como hacen los súbditos con un rey temible.
131. Aunque ese rey se enfureciese,
¿podría condenarme a los suplicios del infierno
que es lo que tendré que experimentar
por ser desconsiderado con los seres?
132. E incluso aunque estuviese satisfecho,
no podría otorgarme la budeidad,
que es lo que obtendré
proporcionando felicidad a los seres.
133. Por hacer felices a los seres,
además de conseguir la budeidad en el futuro,
¿cómo es qué no vemos que también en esta vida
disfrutaremos de gloria, fama y bienestar?
134. Debido a la paciencia, mientras estemos en el samsara,
tendremos belleza, salud, buena fama,
viviremos mucho tiempo
y gozaremos de la inmensa felicidad de un monarca universal.