Capítulo V: La introspección vigilante
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Capítulo V: La introspección vigilante

EL EXAMEN REITERADO DE LA MENTE Y EL CUERPO EN LAS DISTINTAS SITUACIONES

  1. VIGILAR LA MENTE A FIN DE PRESERVAR LOS ADIESTRAMIENTOS
  1. EXPLICACIÓN CONCISA
Es importante entender que la atención consiste en no olvidar lo que hemos de hacer y lo que hemos de evitar, y la introspección vigilante, en examinar reiteradamente, en todas las circunstancias, nuestro comportamiento físico, verbal y mental —estemos solos o en compañía de otros—, y proceder conscientemente haciendo lo que debe hacerse y evitando lo que no debe hacerse.
Al principio, es necesario que sigamos a un maestro auténtico para estudiar y aprender lo que se debe hacer y evitar, hasta que seamos expertos en ello. Si no, ¿cómo sería posible que lo aplicásemos sin olvidarlo? Como se dice: «Resulta sorprendente que quienes ni siquiera saben lo que han de observar alardeen de que lo observan».
En la actualidad, la mayoría de los monjes, los novicios y los que afirman ser practicantes tántricos, que gozan de buena reputación entre la gente, ni siquiera conocen todas las caídas definitivas, las caídas que dejan los residuos y las caídas raíz [175], lo cual es lamentable. Debemos, pues, conocer a la perfección lo que debe hacerse y lo que debe evitarse, y, sin olvidarlo, examinar adecuadamente el estado de nuestra mente y, manteniendo la vigilancia, hacer o evitar, según corresponda. Como se dice en El compendio de los preceptos:
¿Quién sabe lo que hay en mi interior
mejor que yo mismo, que soy mi propio instructor?
Puesto que los demás desconocen nuestros pensamientos negativos, ¿cómo van a encauzarnos hacia el camino? E incluso si conocen meramente un poco de nuestra conducta física o verbal negativa y nos piden que nos enmendemos, en vez de llevarnos al camino, lo único que consiguen es irritarnos.
En cambio, si nosotros mismos conducimos nuestros pensamientos, palabras y actos al camino, no nos enfadaremos cuando hagamos algo negativo y seremos capaces de retornar al camino. Es decir, hemos de ser nuestros propios maestros. Por ejemplo, si comparamos la mente con un caballo, la atención será las riendas y la introspección vigilante, su guardián. Si no protegemos nuestra mente con la atención y la introspección vigilante, no podremos preservar los adiestramientos.
[Estrofa 1] Así pues, los que deseen preservar de modo adecuado los tres preciosos adiestramientos del camino superior, han de esforzarse, con resolución y sin caer bajo el poder de la distracción, en proteger su mente de cualquier error, teniendo perfecto dominio de sí mismos mediante la atención y la introspección vigilante. Si no protegemos nuestra mente de las emociones aflictivas mediante la atención y la introspección vigilante, no podremos evitar que degeneren nuestros adiestramientos, aunque creamos que los preservamos.
De hecho, si en lugar de vigilar nuestra mente, controlamos por un tiempo nuestro cuerpo y nuestra mente, como cuando se hace por miedo a la autoridad, los votos y preceptos no serán más que una carga y así no llegaremos a ninguna parte. Es por lo tanto esencial que vigilemos nuestra mente.

3. EXPLICACIÓN DETALLADA

[Estrofa 2] La mente, que Shantideva compara con un elefante, sigue los hábitos del pasado, va al encuentro de los pensamientos del futuro y deja los pensamientos del presente a merced de las circunstancias y los objetos exteriores. Si dejamos que corra libre —descontrolada y salvaje—, acumulará karma negativo, que en vidas posteriores dará lugar a los intensos sufrimientos de ser quemados, cocidos y demás en el infierno de las Torturas Máximas y otros lugares de infortunio.
En la India, los elefantes salvajes se usaban para atacar. Tras enloquecerlos embriagándolos con bebidas alcohólicas, se los lanzaba contra los enemigos y arrasaban por completo sus pueblos. Y aunque podían causar tanto daño a los seres humanos, no podían causar un daño comparable al que se sufre en el infierno de las Torturas Máximas y los demás. Por lo tanto, hemos de esforzarnos en vigilar nuestra mente.
[Estrofa 3] Si con la cuerda de la atención —mediante la cual no se olvida lo que el cuerpo, la palabra y la mente deben hacer y evitar— atamos firmemente el elefante de la mente, al que el deseo enajena, al árbol del estado mental adecuado y evitamos que corra detrás de experiencias del pasado, invite pensamientos del futuro y se pierda en los objetos externos y las circunstancias del presente, todos los miedos de esta vida y las futuras desaparecerán, y conseguiremos sin dificultad —como si nos las pusieran en la mano— todas las virtudes beneficiosas para los demás y nosotros mismos.
[Estrofa 4] ¿Cuáles son los miedos de esta vida y las futuras? Los de esta vida son los concernientes a todo lo que es adverso: tigres, leones, elefantes, osos, serpientes y [seres humanos peligrosos como] ladrones, bandidos y demás. Los de las vidas futuras son los vigilantes de los seres en los infiernos, los temibles secuaces del Señor de la Muerte, etcétera. Los miedos que nos aterrorizan tanto en esta vida como en las futuras son las fuerzas malignas y los espíritus maléficos instigados y enviados por los poderes mágicos de los adversarios, y asimismo los demonios que nos restan vitalidad y nos acortan la vida [176].
[Estrofa 5] Pero si conseguimos tan solo sujetar firmemente nuestra mente —manteniendo la atención— todos esos seres dañinos quedarán también atados y ya no podrán dañarnos. Como se verá más adelante, si cuando vamos por un camino, observamos estando atentos y vigilantes lo que hay delante y detrás, no nos encontraremos ante tigres ni otros peligros. Además, aquellos provistos de atención e introspección vigilante son protegidos por espíritus benéficos, tales como las deidades tutelares [177], y no se encontrarán con los tigres ni otros peligros. E incluso si los encuentran, si rezan a Guru Rimpoché, el gran maestro de Oddiyana, no sufrirán ningún daño. Si se doma tan solo la propia mente al cultivar el amor, la compasión y la bodichita, o practicar la concentración meditativa, se someten al mismo tiempo todos los miedos de esta vida y las futuras, y se los hace inofensivos. Eso queda ilustrado con la historia de Ngulchu Thogme Sangpo, en cuya presencia las ovejas y los lobos jugaban juntos como amigos, y la de Simha, el gran mahasiddha de la India, que cabalgaba sobre un león y usaba las serpientes venenosas como guarnición para su silla de montar.
[Estrofa 6] Las escrituras confirman todo eso, pues declaran que todos los miedos y los innumerables sufrimientos del cuerpo y la mente, de esta vida y las siguientes, tienen su origen en la propia mente cuando esta está dominada por los engaños y la distracción, y en las acciones negativas a la que estos da lugar. Eso es algo que dijo el mismo Buda, que únicamente decía la verdad y nunca mentía.
El sutra de la nube de joyas dice:
Quien controla su propia mente controla todos los fenómenos.
Y en El sutra del establecimiento de la atención en el Darma supremo:
La mente es el enemigo, el gran enemigo.
No hay otro enemigo más que la mente.
Igual que la madera [que prende un fuego] se consume a sí misma
la mente es quemada y consumida por la propia mente.
Podrían citarse también más textos.
[178]
El razonamiento respalda igualmente esas declaraciones.
[Estrofa 7] ¿Quién ha fabricado deliberadamente todos los instrumentos usados para torturar a los seres en los infiernos: las sierras, las espadas, los bosques de árboles con hojas como cuchillas, las mazas y los morteros en los que se aplasta a los seres? Nadie más que la propia mente. ¿Quién hizo deliberadamente ese suelo de metal incandescente y el fuego abrasador? Nadie más que la propia mente. ¿De dónde surgieron todas esas hembras diabólicas (esas por las que en el pasado se sintió deseo y con las que mantuvo una relación sexual incorrecta), que le llaman a uno por su nombre desde arriba y luego desde abajo de la colina de árboles shalmali? No vienen de ninguna otra parte más que de la propia mente.
[Estrofa 8] El Poderoso Sabio, el Buda, enseñó en los sutras que todas esas cosas aterradoras que hacen daño son el producto de nuestra propia mente negativa: se manifiestan debido a la habituación a lo que no es virtuoso. En un sutra que clasifica los diferentes tipos de seres se dice:
El suelo de metal incandescente
cubierto por todas partes de llamaradas de fuego
y las sierras metálicas tan afiladas,
que cortan cada cuerpo en cien pedazos,
se manifiestan en la mente
de los que hacen el mal con el cuerpo, la palabra y la mente.
Así, en los tres mundos —es decir, los mundos del Deseo, de la Forma y Sin Forma, o bien el mundo de arriba de la tierra, el mundo sobre la tierra y el mundo de debajo de la tierra—, no hay ningún peligro que no sea producto de la mente dominada por los engaños. Por lo tanto, si guardamos la mente de manera eficaz, sin permitirle que caiga bajo el poder de los engaños o la distracción, todo el daño de esta vida y las futuras desaparecerá.

2.- TODO EL BIEN SE ORIGINA EN LA MENTE

[Estrofa 9] La generosidad proviene también de la mente. Si la perfección de la generosidad consistiese en eliminar por completo la pobreza de los seres haciendo grandes ofrendas hasta que no quedara ningún mendigo, ¿cómo los budas protectores del pasado la habrían llevado a cabo, puesto que en la actualidad todavía hay pobres y mendigos? Pero el caso es que sí lo lograron.
[Estrofa 10] ¿Qué es, entonces, la perfección de la generosidad? Las enseñanzas explican que la perfección de la generosidad consiste en el hábito de la actitud generosa, en la intención de dar, sin ningún tipo de avaricia ni codicia, a todos los seres —ricos o pobres, importantes o humildes...— todos nuestros bienes y todo lo que poseemos —el cuerpo, las riquezas...— junto con el resultado de ello, sin esperar ninguna recompensa en esta vida ni en las venideras. En El sutra de Akshayamati se dice:
¿Qué es la paramita de la generosidad? Es el deseo sincero de dar a los demás todo lo que uno tiene, junto con el resultado kámico de ello.
El término paramita implica que el acto de dar se lleva a cabo sin albergar los conceptos del sujeto [que da], el objeto [que recibe] y la acción [de dar]. Esto mismo es también aplicable a las demás paramitas.
Así pues, la generosidad no depende de la cantidad o el valor de lo que se da. Es la actitud generosa libre de cualquier tipo de apego que nos impida dar nuestras posesiones materiales o nuestras cualidades y nuestro mérito. Por lo tanto, la generosidad tiene lugar en la mente.
[Estrofa 11] La disciplina también tiene lugar en la mente, como puede verse con relación al acto de matar. Es imposible encontrar un lugar al que llevar a todos los seres —como peces y demás— para evitar que nadie los mate. A pesar de ello, la disciplina no depende de que podamos conseguir que nadie los mate. Si estamos determinados a abstenernos de matar, pensando que no lo haremos ni incluso a costa de nuestra vida, eso es lo que se denomina la perfección de la disciplina. Los sutras dicen:
¿Qué es la paramita de la disciplina? Es la actitud mental de abstenerse de dañar a los demás.
Asimismo el voto [de la castidad] no se observa suprimiendo los objetos del deseo sexual. La disciplina es, pues, la actitud mental de deshacerse del apego a los objetos del deseo. Sin esa actitud mental, meramente abstenerse de cometer faltas no es la disciplina. Por lo tanto, la disciplina tiene lugar en la mente.
[Estrofa 12] La paciencia también tiene lugar en la mente. Los seres peligrosos e intratables, que hacen daño a los demás, están por todas partes, igual que el espacio. E igual que vayamos a donde vayamos no encontraremos ningún sitio que esté fuera del espacio, tampoco hay ningún lugar en el que no haya seres que puedan hacer daño a los demás. Sería imposible acabar con todos ellos, es decir, no es posible eliminar los objetos de nuestro enfado. Pero aunque haya seres hostiles que nos hagan daño, si somos capaces de vencer tan solo la actitud mental del enfado cultivando la paciencia, será como si hubiésemos derrotado a todos los enemigos exteriores.
[Estrofa 13] Por ejemplo, si quisiéramos cubrir de cuero blando toda la superficie de la tierra para protegernos de las espinas y otras cosas similares, ¿dónde podríamos encontrar suficiente cuero para hacerlo? No sería posible. Pero si cubrimos nuestros pies poniendo cuero solamente en la suela de los zapatos, es como si cubriésemos de cuero toda la superficie de la tierra y conseguimos el mismo resultado.
[Estrofa 14] Asimismo, aunque no es posible evitar o hacer desaparecer todas las cosas externas que nos hacen daño, si vencemos tan solo la actitud mental del enfado, ¿es necesario deshacerse de las cosas externas dañinas?
[Estrofa 15] La diligencia, asimismo, ocurre en la mente. Si se genera una actitud clara —es decir, inequívoca— de amor o compasión, como el amor de una madre por su único hijo, ese estado fructificará en un renacimiento en el mundo de Brahma, que es uno de los cielos del mundo de la Forma, lo que nos procurará una felicidad excepcional. Por ejemplo, en El sutra del gran parinirvana se dice que la inmensa compasión que sintió una madre cuando estaba muriendo su hijo y el claro sentimiento de amor que sintieron una madre y su hija respectivamente mientras se las llevaba la corriente tuvieron como resultado que renacieran después de su muerte en el mundo de Brahma.
Llevar a cabo grandes esfuerzos con el cuerpo y la palabra para hacer el bien no produce el mismo resultado (de renacer en el mundo de Brahma, por ejemplo), pues las acciones del cuerpo y la palabra producen un resultado más débil que las de la mente, ya que la mente es lo más importante.
Aquí la diligencia se define como un estado mental de entusiasmo, si bien hay otros muchos modos de explicar ese término.
[Estrofa 16] En general, la concentración es también una práctica de la mente. Puede que se recurra durante largos periodos a las recitaciones o a todo tipo de austeridades físicas —no comer, ir desnudos...— como un medio para favorecer la concentración en el continuo mental. Pero, según dijo el mismo Buda, que conoce y percibe directamente la naturaleza de todos los fenómenos, si la mente está distraída por los objetos de deseo y demás —igual que si fuera un trozo de papel colgado de las ramas de un árbol a merced del viento—, sean cuales sean las recitaciones o austeridades que se lleven a cabo no servirán para conseguir el objetivo deseado. En El sutra del compendio de la concentración se dice:
Monjes, si la mente está distraída por el deseo, las recitaciones, las austeridades y demás prácticas no darán ningún resultado.
Y en El sutra de la Prajñaparamita:
Con la mente distraída no lograré ni siquiera mi propio bien, ni que decir tiene que aún menos el de los demás. Por eso, no permitiré que la mente tenga ninguna oportunidad de distraerse.
[Estrofa 17] Con respecto a la sabiduría, la cosa más importante y suprema que todos han de entender es la naturaleza de la mente, que está vacía, desprovista de un yo y es clara luz. Aunque todos los seres están dotados de ella, nadie la conoce ni entiende, por lo que se describe diciendo que es como un secreto. Todos los fenómenos externos aparecen en la mente como imágenes reflejadas en un espejo. Son elaboraciones mentales. Son meramente la manifestación de la mente y no van más allá de ésta. La tarea principal es, por lo tanto, entender claramente qué es la mente. Para ese fin, se ha de usar el razonamiento y examinar la mente. Hemos de averiguar si tiene una forma, un color, etcétera, y buscar de dónde surge la mente, dónde reside y adónde va. Si no entendemos que la mente está más allá de las elaboraciones de origen, duración y cesación; si no percibimos el secreto de la mente (su vacuidad y la inexistencia de un yo), por mucho que anhelemos conseguir la felicidad del nirvana y erradicar los sufrimientos del samsara, vagaremos sin objetivo, absurdamente.
Con respecto al secreto de la mente, los shravakas y pratyekabudas entienden solamente la inexistencia del yo de los individuos, pero no comprenden la falta de entidad propia de los fenómenos, la cual sigue siendo todavía un secreto para ellos.
Para concluir, en El sutra en forma de árbol se dice:
Todas las prácticas de los bodisatvas tienen lugar en la mente.

3.- LA NECESIDAD DE PROTEGER LA MENTE

[Estrofa 18] Todos los miedos y sufrimientos de esta vida y las futuras, al igual que el mérito y las virtudes, se originan en la mente. Por lo tanto, hemos de tener pleno control de nuestra mente mediante la atención, que no olvida lo que debe ser hecho y evitado, y protegerla con eficacia mediante la introspección vigilante, que examina continuamente el cuerpo y la mente. Todos los adiestramientos están condensados en eso. La disciplina de llevar ropas blancas y el pelo largo anudado encima de la cabeza [de los tantrikas] y la de llevar hábitos monásticos han de propiciar la vergüenza que se siente ante uno mismo y la que se siente ante los demás [179] y ser así un medio para proteger la mente. Si no son un medio para proteger la mente propiciando la vergüenza ante uno mismo y los demás, ¿qué sentido tiene practicar la multitud de diferentes disciplinas arduas y áridas, el llevar ropas blancas y el pelo anudado encima de la cabeza o el vestirse con hábitos azafranados? No sirven para nada.
[Estrofa 19] En medio de una multitud de gente descuidada —que carece de atención e introspección vigilante porque está distraída por cosas externas— e incontrolada —pues carece de disciplina para encauzar su mente—, tendríamos mucho cuidado para proteger cualquier herida que tuviésemos por miedo de que empeorase. De igual modo, cuando estemos en mala compañía: con seres agresivos y hostiles que suscitan nuestro enfado o entre seres que estimulen nuestro deseo, si queremos observar los preceptos, es necesario que vigilemos con sumo cuidado nuestra mente constantemente, como si fuera una herida, para protegerla del gran sufrimiento que generaría el deteriorarlos. Por ejemplo, del mismo modo que una herida física empeora y empieza a supurar en condiciones desfavorables, cuando la mente cae bajo el influjo de las cosas que desea o detesta, se genera el apego y la aversión. Por eso en ningún momento ni circunstancia es adecuado [para un principiante] estar en compañía de quienes le estimulen el apego y la aversión.
[Estrofa 20] Si por miedo al dolor que nos produciría que empeorase una herida, que es un dolor mínimo y limitado a esta vida, tenemos mucho cuidado para protegerla, ¿por qué no protegemos ahora «la herida» de la mente usando la atención y la introspección vigilante para que no se manche [de emociones aflictivas], por miedo al tremendo sufrimiento de ser aplastado en vidas futuras entre las montañas del infierno de La Reunión y el Aplastamiento, y otros sufrimientos similares? Lo más lógico es pensar que debemos hacerlo.
[Estrofa 21] Si, en todo momento y en todas las circunstancias, protegemos nuestra mente mediante la atención y la introspección vigilante, nuestros votos y preceptos no se deteriorarán aunque estemos entre gente ruin que pudiese suscitar el odio o entre gente atractiva que pudiese estimular el deseo, pues mantendremos con firmeza el compromiso de observarlos diligentemente. Esa es la necesidad y el beneficio de la atención y la introspección vigilante.
[Estrofa 22] En conclusión, no importa si no tenemos bienes, si no recibimos ofrendas ni homenajes ni reconocimiento, si perdemos el cuerpo, que es el soporte de nuestra vida, y si nos quedamos sin ropa ni comida ni medios de vida. Ni siquiera que muramos importa, ni tampoco que decaigan otras virtudes del cuerpo o la palabra. Pero nunca hemos de permitir que se deteriore la disciplina de proteger la mente mediante una atención y una introspección vigilante constantes, a fin de mantener los preceptos. No tendría sentido actuar de otro modo.
4. USAR LA ATENCIÓN Y LA INTROSPECCIÓN VIGILANTE PARA PROTEGER LA MENTE
5. EXPLICACIÓN CONCISA
[Estrofa 23] Por las razones que acaban de exponerse, Shantideva ruega, con las manos unidas, a todos sus seguidores que deseen proteger su mente que se esfuercen por todos los medios en mantener, aun a costa de la vida, la atención —no olvidando nunca lo que se ha de hacer y evitar— y la introspección vigilante —examinando cuidadosamente la conducta del cuerpo, la palabra y la mente—. Si Shantideva se dirige de ese modo a sus seguidores [suplicando con las manos unidas], no es por devoción hacia ellos, sino para indicar la extrema importancia de lo que dice.

4. USAR LA ATENCIÓN Y LA INTROSPECCIÓN VIGILANTE PARA PROTEGER LA MENTE

5. EXPLICACIÓN CONCISA

[Estrofa 23] Por las razones que acaban de exponerse, Shantideva ruega, con las manos unidas, a todos sus seguidores que deseen proteger su mente que se esfuercen por todos los medios en mantener, aun a costa de la vida, la atención —no olvidando nunca lo que se ha de hacer y evitar— y la introspección vigilante —examinando cuidadosamente la conducta del cuerpo, la palabra y la mente—. Si Shantideva se dirige de ese modo a sus seguidores [suplicando con las manos unidas], no es por devoción hacia ellos, sino para indicar la extrema importancia de lo que dice.

6. EXPLICACIÓN DETALLADA

1.- LOS INCONVENIENTES DE NO TENER INTROSPECCIÓN VIGILANTE

[Estrofa 24] Los que están afectados por una enfermedad, debido al desequilibrio del viento, la bilis y la flema, dejan de poder andar, sentarse, hablar o hacer otras cosas por muy inteligentes o jóvenes que sean. Similarmente, por muy inteligente y perspicaz que alguien sea, si carece de atención e introspección vigilante, su mente estará distraída; y si ignora lo que se debe hacer y evitar, estará confusa, por lo que será incapaz de llevar a cabo, según desea, cualquier acción virtuosa que trate de hacer (como estudiar o evitar los actos negativos).
[Estrofa 25] Cuando se carece de introspección vigilante, la sabiduría se desvanece. La sabiduría adquirida al escuchar las enseñanzas de un maestro, la sabiduría resultante de reflexionar sobre su significado examinándolo repetidamente del modo adecuado y la sabiduría resultante de meditar concentradamente en su significado: estos tres tipos de sabiduría no durarán demasiado en los individuos cuya mente está distraída por falta de introspección vigilante. Por ejemplo, cuando se vierte agua en un recipiente perforado, esta se sale poco a poco hasta que el recipiente se vacía. De modo similar, las tres clases de sabiduría no podrán retenerse mucho tiempo meramente con la atención [180] y se olvidarán, pues sin introspección vigilante, la atención sola no puede preservarlas.
[Estrofa 26] La disciplina asimismo desaparece. Mucha gente que conoce perfectamente los preceptos y lo que debe ser hecho y evitado, que tiene fe convencida en el principio kármico de causa y efecto, y persevera con entusiasmo haciendo y evitando lo que debe ser hecho y evitado respectivamente, a veces, debido a la falta de introspección vigilante, se mancha incurriendo en las caídas y su disciplina degenera.
[Estrofa 27] Cuando se incurre en el defecto de carecer de introspección vigilante, los bandidos del deseo y el odio y los ladrones del orgullo, la envidia y demás emociones aflictivas están al acecho, y encuentran su posibilidad de actuar cuando la guardia de la atención —mediante la cual no se olvida lo que ha de ser hecho y evitado— falla. Entonces, del mismo modo que los ladrones y los bandidos se apoderan de las pertenencias de sus víctimas e incluso les quitan la vida, estos se apoderan de todo el mérito acumulado en el pasado —toda la riqueza de nuestra virtud— y cortan la fuerza vital de los destinos afortunados, lo que nos hace ir a los reinos inferiores.
[Estrofa 28] El apego, la aversión y las demás emociones negativas son similares a una banda de ladrones. E igual que las bandas de ladrones, que primero espían a los viajeros y demás para ver si son vulnerables o no, y si lo son, buscan el momento más favorable para atacar: de día, de noche...; las emociones aflictivas del apego y la aversión están siempre buscando en nuestra mente la ocasión de dañarnos. Se comportan igual que los ladrones y los bandidos. Cuando encuentran su oportunidad, nos arrebatan la riqueza de la virtud que hemos acumulado y destruyen su resultado —los destinos afortunados—, lo que impide que podamos alcanzarlos.

2.- CÓMO PRACTICAR LA ATENCIÓN

[Estrofa 29] Por las razones que acaban de exponerse, hemos de situar la atención (el estado mental que no olvida lo que ha de ser hecho y evitado) en la puerta de entrada de la casa de la mente (es decir, en la puerta a través de la cual la mente se implica en los objetos inadecuados), a fin de proteger la mente de los bandidos y ladrones (que son las emociones negativas) y no debemos permitir que jamás se aparte o se vaya de ahí. En otras palabras, hemos de usar la atención para proteger la mente a fin de que no se distraiga con los objetos de las seis consciencias.
Pero si olvidamos mantener la atención y la mente se distrae con los objetos de los sentidos, debemos recordar inmediatamente que cuando dejamos de mantener la atención, la mente cae en poder de las emociones aflictivas, lo que dará lugar a que suframos y experimentemos el dolor de los reinos inferiores; y hemos de restablecer la atención y mantenerla.
[Estrofa 30] Para los principiantes, que no pueden mantener la atención, el modo de cultivarla y la causa de hacerla surgir es confiar en un maestro plenamente cualificado, que él mismo esté dotado de atención e introspección vigilante, y permanecer cerca de él. Por eso, todos los sistemas de enseñanzas en la tradición budista recomiendan confiar en un maestro y no separarse de él. Los lamas y los abades han de enseñar del modo adecuado a sus discípulos lo que debe hacerse y evitarse, y los discípulos, por su parte, han de actuar según las enseñanzas que han recibido. Los seres que respetan los preceptos y practican según lo que debe hacerse y evitarse temen la desaprobación de sus maestros y los problemas derivados del incumplir los preceptos y los adiestramientos. De ese modo esos seres afortunados cultivan la atención fácilmente y sin ninguna dificultad.
[Estrofa 31] Además, los budas y los bodisatvas tienen en todo momento la visión de la sabiduría primordial que abarca todo aquello que puede ser conocido, sin ningún obstáculo ni limitación. Por lo tanto, no hay nada, por pequeño que sea, que no vean o conozcan y hemos de considerar que estamos continuamente ante su presencia. De hecho, los budas y bodisatvas son con respecto a nosotros como los seres que gozan de buena vista en medio de los ciegos. Tienen un conocimiento directo e inmediato de todo lo que hacemos, sea grande o pequeño, con el cuerpo, la palabra y la mente, y no sería correcto disgustarlos con nuestra conducta.
[Estrofa 32] Si pensamos en ello reiteradamente y no lo olvidamos, tendremos respeto por los preceptos, escrúpulos que nos harán abstenernos de actuar negativamente debido a la vergüenza que eso nos haría sentir ante nosotros y miedo de actuar negativamente debido a la vergüenza que eso nos haría sentir ante los demás, que nos impedirán hacerlo. Hemos de preservar continuamente ese estado mental. Si lo conseguimos, no solo generaremos la atención, sino que también recordaremos frecuentemente al Buda, que es una de las seis cosas —el Buda, el Darma, la Sanga, la generosidad, la disciplina y el yídam— que se han de recordar según los preceptos de los bodisatvas.
[Estrofa 33] Cuando la atención, mediante la cual no se olvida lo que se ha de hacer y evitar, se coloca en la puerta de la mente y se mantiene firmemente para prevenir que la mente se pierda en los objetos [que suscitan] las emociones aflictivas, surgirá naturalmente la introspección vigilante de la conducta del cuerpo, la palabra y la mente. E incluso si, a veces, la olvidáramos o desapareciese, surgirá de nuevo.

7. EL MODO DE LLEVAR A CABO EL ADIESTRAMIENTO MENTAL POR MEDIO DE LA ATENCIÓN Y LA INTROSPECCIÓN VIGILANTE

8. LA DISCIPLINA DE EVITAR LAS ACCIONES NEGATIVAS

1.- PURIFICAR TODAS LAS ACCIONES DEL CUERPO, LA PALABRA Y LA MENTE

[Estrofa 34] Hemos de mantener la atención y la introspección vigilante en todo momento y en todas las situaciones. Al principio, hemos de observar la mente para ver qué clase de pensamientos aparecen. Tenemos que comprobar si nuestro estado mental es positivo o negativo. Si es negativo, dándonos cuenta de que eso es un defecto que nos perjudicará en esta vida y las futuras, hemos de abstenernos de cualquier acción del cuerpo o la palabra y no debemos permitir que ese estado mental o esos pensamientos negativos prosigan. Como el tronco de un árbol inmenso que permanece inmóvil a pesar del viento, es necesario que nuestra mente permanezca inquebrantable: hemos de impedir que caiga bajo el poder de los pensamientos negativos, que andan extraviados tras los objetos de los sentidos. Debemos actuar según el proverbio que dice: «Limpia la lámpara cuando esté todavía caliente. Golpea al cerdo en el hocico». Tan pronto como surgen los pensamientos negativos, hemos de deshacernos de ellos sin dilación.
[Estrofa 35] No dejemos, en ningún momento ni circunstancia, que nuestra mirada vague distraídamente de aquí para allá; es decir, no hemos de mirar a las cosas sin que haya una razón o un propósito que esté en armonía con el Darma. Evitando darse aires delante de los demás y teniendo confianza en la realidad última y en lo que se ha de hacer y evitar, siempre hemos de dirigir nuestra mirada hacia abajo, con los ojos medio cerrados, en la dirección de la punta de nuestra nariz o a una distancia de un yugo. Se dice también que cuando surge algún pensamiento de apego, aversión u otra emoción negativa, los ojos son atraídos [hacia el objeto correspondiente] y esas emociones negativas pueden verse claramente en la expresión de los ojos. Por eso no es apropiado mirar alrededor distraídamente.
[Estrofa 36] Si mientras andamos, estamos sentados o haciendo alguna otra cosa, nos cansamos de mantener la mirada fija en la misma dirección, podemos de vez en cuando mirar alrededor —aunque con atención e introspección vigilante, evitando distraernos— a fin de relajar los ojos y la mente. En caso de que alguien se acerque y aparezca en nuestro campo visual, no hemos de mirarlo con disgusto, sino que, mirando hacia abajo a la distancia de un yugo, hemos de dirigirnos a él cordialmente y saludarlo según la costumbre local.
[Estrofa 37] Sin embargo, cuando vayamos por caminos peligrosos, hemos de mirar a menudo en las cuatro direcciones, una tras otra, pausadamente y sin distraernos, para poder ver si hay algún peligro. Especialmente, cuando paremos a descansar, no hemos de comportarnos de un modo brusco e incontrolado: jugando, saltando, girando la cabeza hacia atrás; lo cual daría mala impresión a los demás. En vez de eso, hemos de volvernos hacia atrás de un modo relajado y comedido, girando todo el cuerpo, para mirar el camino y asegurarnos de que no hay bestias salvajes, ladrones, enemigos ni ningún otro peligro.
[Estrofa 38] Después de haber observado bien si hay algún peligro delante o detrás, podemos proseguir nuestro camino o regresar al lugar de partida. Asimismo, en cualquier lugar en el que nos encontremos —sea una población, un monasterio o una ceremonia— y en cualquier circunstancia —estemos comiendo, durmiendo, andando, sentados...—, hemos de darnos cuenta de qué es lo más necesario y beneficioso para los demás y nosotros mismos, y actuar según ello con introspección vigilante.
[Estrofa 39] Dondequiera que estemos —en una población, una ceremonia monástica, una sesión de meditación o alguna otra circunstancia—, al empezar una actividad hemos de decidir la postura física que vamos a adoptar —por ejemplo, la postura de siete puntos de Vairochana con las piernas cruzadas en la posición vajra, las manos en el mudra de la ecuanimidad, etcétera— y de vez en cuando comprobar, con la introspección vigilante, si nuestro cuerpo aún sigue en esa postura.
[Estrofa 40] Si un elefante enloquecido se suelta de sus grilletes, puede ocasionar tremendos destrozos. Por eso es necesario atarlo de un modo seguro. Igualmente, cuando la mente dominada por el apego, la aversión y demás emociones aflictivas —como un elefante borracho o enloquecido— va distraída tras los objetos externos del apego, la aversión, etcétera, engendra los tormentos de los infiernos, los pretas y otros destinos desafortunados. Por lo tanto, no hemos de dejar que la mente persiga distraída las cosas externas, sino atarla —del mismo modo que ataríamos a un elefante para que no se escapara— con la atención y la introspección vigilante al sólido poste de la concentración en el Darma sublime: en la exposición, el estudio, la meditación... Sin movernos ni hablar ni distraernos un solo momento, hemos de perseverar con suma diligencia en hacer que la mente permanezca concentradamente en la visión, la meditación y la acción del Darma sublime. Para ello tenemos que observar la mente con atención, vigilándola con la introspección vigilante.
[Estrofa 41] Quienes se esfuerzan a toda costa en cultivar la concentración profunda han de meditar centrándose únicamente en ese objetivo, sin distraerse en otras cosas ni siquiera por un instante. Si se distraen un poco, han de inspeccionar enseguida su mente para ver qué está haciendo en vez de estar concentrada. Tras lo cual, han de restablecer la estabilidad meditativa y descansar en ella sin ninguna distracción.
[Estrofa 42] Sin embargo, en ciertas situaciones —como cuando nuestra vida está en peligro debido a los tigres, leopardos..., cuando se hacen ceremonias de ofrecimiento a las Tres Joyas, cuando se están llevando a cabo actividades cuyo propósito es beneficiar los demás, etcétera— en que no es posible permanecer concentrado en la meditación, está permitido actuar del modo que sea más conveniente siempre que se mantenga la atención y la introspección vigilante, y la mente no esté distraída.
Asimismo, aunque, en general, las enseñanzas dicen que la disciplina es superior a la generosidad, en las ocasiones en que se practica la generosidad en una vasta escala pueden desatenderse los preceptos menores de la disciplina, como, por ejemplo, los referentes a gesticular demasiado con los brazos u ofrecer bebidas alcohólicas. En El sutra de Akshayamati se dice que cuando se está practicando la generosidad [ciertos aspectos menores de] la disciplina pueden dejar de observarse.
[Estrofa 43] Cuando hayamos planeado o empezado a hacer algo —por ejemplo, el estudio del Bodicharyavatara—, hemos de decidir que, desde su inicio hasta su conclusión, no pensaremos en otros proyectos, como posibles recitaciones, lecturas, cosas a hacer, sitios a visitar... Hemos de mantenernos concentrados en la tarea que se inicia —por ejemplo, el estudio de este texto— y estar resueltos a esforzarnos desde el principio y durante tanto tiempo como sea necesario hasta que la hayamos completado.
Por otra parte, cuando consigamos finalizar lo que hayamos empezado —por ejemplo, el estudio del Bodicharyavatara—, no hemos de contentarnos pensando que con eso ya es suficiente; sino que, tras completar debidamente un proyecto, hemos de comenzar el siguiente.
[Estrofa 44] Si actuamos así, se llevarán a cabo perfectamente, unas tras otras, todas las diferentes tareas. Pero si no lo hacemos de ese modo y, sin completar la tarea que hemos empezado anteriormente, procedemos a iniciar otra, no llevaremos a cabo ninguna. Como dice el proverbio: «Quien levanta un pie antes de apoyar el otro se cae». Sin embargo, si se termina adecuadamente una tarea antes de empezar la siguiente, se evita que se produzca la falta de introspección, que es uno de los veinte factores mentales aflictivos secundarios [181].

2.- PROTEGER LOS PRECEPTOS PARA QUE NO DEGENEREN

[Estrofa 45] A fin de confortar a los enfermos, los ancianos y algunas otras personas, puede que sea necesario que los entretengamos con juegos, bromas, charlas irrelevantes, tengamos que participar en todo tipo de conversaciones intrascendentes o asistamos a diversos espectáculos asombrosos, como las actuaciones que hacen los mendigos para ganarse la vida tocando música, bailando, haciendo trucos de magia o exhibiendo a monos adiestrados que divierten con sus gracias. Si hacemos ese tipo de cosas, ha de ser para complacer a los demás, pero debemos evitar que sea por apego. Sería inapropiado participar en esas conversaciones porque nos apetece y dejarse deslumbrar por esos espectáculos. En particular, cuando los lamas y la gente importante asisten a esos bailes y espectáculos de los mendigos, han de darles una remuneración y hacerlos así felices.
[Estrofa 46] Los bodisatvas, los lamas y los tulkus deben evitar hacer cualquier cosa que pudiera hacer que los demás perdieran la fe, a menos que haya un motivo importante o sea muy necesario. Si sienten ganas de escarbar la tierra con los dedos o un palo, arrancar la hierba o quieren hacer figuras o dibujos en el suelo simplemente porque no pueden tener las manos quietas, han de recordar los preceptos que el Tathagata estableció específicamente para disuadir de ese comportamiento y abstenerse de ello en el acto por miedo a las consecuencias, ya que la transgresión de dichos preceptos los llevaría a los reinos inferiores.
[Estrofa 47] Cuando surge el deseo de ir a algún sitio, sea cerca o lejos, o tan solo de mover un brazo u otra parte del cuerpo, o cuando se desea hablar y conversar con los demás, ha de examinarse antes la mente y preguntarse si la intención de hacer eso es virtuosa o no lo es. Porque los bodisatvas —seres estables— han de actuar correctamente y con una razón adecuada. En otras palabras, deben evitar las acciones no virtuosas y dedicarse a hacer las que son virtuosas.
Cuando se eliminan realmente las veintisiete fuentes de la conducta equivocada, incluso las más sutiles, y estas ya no aparecen más en la mente, no se incurre en las faltas ni en las caídas en relación con los votos de la liberación individual, de los bodisatvas y del mantrayana secreto. Es, por lo tanto, extremadamente importante averiguar exactamente cuáles son esas fuentes y su significado, y aprendérselas de memoria, y luego esforzarse en actuar adecuadamente según lo que se debe hacer y evitar.
[Estrofa 48] En caso de que nos preguntemos cuáles son estas veintisiete fuentes de la conducta equivocada, estas se enumeran a continuación:
  1. Cuando sintamos deseo y apego por lo que nos resulta agradable, como amigos, posesiones, etcétera; o
  1. cuando nos impulse el enfado con los enemigos y otros objetos que nos desagradan y nos repelen,
hemos de abstenernos de hacer cualquier cosa con ese tipo de motivación: no hemos de andar ni movernos ni hablar ni permitir que la mente vaya tras esos objetos. En lugar de ello, debemos permanecer inmóviles como un leño, sin hacer nada con el cuerpo, la palabra o la mente. No hemos de permitir que el cuerpo, la palabra y la mente obedezcan al deseo o la aversión.
[Estrofa 49]
  1. Cuando el cuerpo, la palabra y la mente estén inquietos y agitados, de modo que no nos demos cuenta de lo que estamos haciendo, especialmente cuando la mente esté completamente agitada debido al deseo y el apego y nos comportemos de modo incontrolado y compulsivo;
  1. cuando queramos reírnos o mofarnos de los demás;
  1. cuando nos invada una de las siete clases de orgullo: el orgullo de pensar «yo» [o la presunción del yo], el orgullo simple [de pensar que uno es especial], el orgullo de pensar que uno es mejor que los demás o superior, el orgullo de ser el mejor de los mejores [182], el orgullo de pensar que solo se es un poco menos bueno [que alguien obviamente excepcional], el orgullo pervertido [de vanagloriarse de algo reprensible] y el orgullo evidente [de creerse que uno tiene cualidades que no tiene];
  1. cuando tengamos uno de los cinco tipos de engreimiento: de nuestra posición social, nuestro aspecto físico, nuestra juventud, nuestros conocimientos o nuestra riqueza;
  1. cuando queramos exponer las faltas de los demás directa o indirectamente;
  1. cuando sintamos el impulso reiterado de causar disensiones, que puede explicarse como el deseo de revivir viejos conflictos que ya se habían resuelto o el hecho de pedir reiteradamente a quienes ya habían donado anteriormente o el no estar nunca satisfechos y siempre querer más;
  1. cuando deseemos engañar y timar a los demás;
[Estrofa 50]
  1. cuando sintamos ganas de alabar nuestras buenas cualidades o las de los nuestros;
  1. cuando queramos denigrar y exponer los defectos de los seres que no nos gustan;
  1. injuriar a los demás con palabras hirientes; o
  1. reñir con los demás o hacer que se peleen:
en todos esos casos hemos de permanecer como un leño, sin hacer nada con el cuerpo, la palabra o la mente.
[Estrofa 51]
  1. Cuando sintamos el deseo de conseguir comida, vestidos u otros bienes materiales;
  1. cuando queramos ser enaltecidos (que nos preparen un buen asiento, nos hagan postraciones, etcétera);
  1. cuando deseemos ser célebres y que los demás conozcan nuestras buenas cualidades;
  1. cuando tratemos de conseguir un séquito de ayudantes eficientes que traigan el agua, enciendan el fuego y hagan otros trabajos; o
  1. cuando queramos que nos sirvan en las cosas cotidianas (que nos preparen la cama, nos arropen antes de dormir, etcétera):
en todos esos casos hemos de permanecer como un leño, sin permitir que el cuerpo, la palabra y la mente sigan esos deseos.
[Estrofa 52]
  1. Cuando queramos dejar de hacer algún acto, por pequeño que sea, que sería de beneficio para los demás, aunque seamos perfectamente capaces de hacerlo, como, por ejemplo, ayudar a alguien que está enfermo;
  1. cuando deseemos conseguir nuestro propio beneficio personal, aunque sea algo trivial, como, por ejemplo, un sitio en el templo (con respecto a eso, hemos de usar la atención y la introspección vigilante y seguir el ejemplo de Gueshe Ben para dejar de buscar nuestro propio beneficio personal); y
  1. (puesto que la boca —con las conversaciones llenas de apego, aversión u otras emociones aflictivas, o las charlas intrascendentes y fútiles— es un manantial de acciones no virtuosas y un surtidor de caídas y faltas) cuando sintamos la necesidad de hablar:
en todos esos casos hemos de permanecer como un leño.
[Estrofa 53]
  1. Cuando no seamos capaces de soportar nada, que es lo opuesto a la paciencia;
  1. cuando se apodere de nosotros la pereza, que es lo opuesto a la diligencia;
  1. cuando nos asustemos ante las enseñanzas sobre la vacuidad y las prácticas difíciles;
  1. cuando seamos arrogantes y actuemos con fanfarronería;
  1. cuando hablemos alocadamente diciendo cualquier cosa sin reflexionar sobre lo que decimos; y
  1. cuando tengamos apego y sentimientos de parcialidad hacia los nuestros —amigos, compañeros...— pensando que son los mejores, tanto en el sentido mundano como en el religioso:
en todos esos casos hemos de permanecer como un leño.
Además, [Patrul Rimpoché] dijo que los alardes ostensibles de fe hacia los maestros de nuestra tradición suelen ser apego sectario y, por eso, es necesario no confundir la fe genuina con las actitudes sectarias.
[Estrofa 54] Es, por lo tanto, importante examinar cuidadosamente la mente para ver si está atrapada en el apego, la aversión, alguna otra emoción negativa o alguna de las fuentes del comportamiento equivocado, o bien está ocupada en actividades sin sentido, como excavar en el suelo, cortar hierba, garabatear en la tierra... Si descubren que su mente está en alguno de esos estados, los intrépidos bodisatvas usan el antídoto apropiado y sujetan su mente firmemente, sin permitir que se distraiga y extravíe con cosas que son inútiles o [dan lugar a] las emociones aflictivas. Y evitan que sus actos o palabras sigan pensamientos negativos.
[Estrofa 55] Sea cual sea la práctica de Darma que hagamos con el cuerpo, la palabra o la mente —como estar en retiro, etcétera—, no es suficiente meramente imitar a los demás. Es necesario que nuestra práctica esté provista de los nueve factores que hacen que sea virtuosa. Estos factores son:
  1. En cualquier práctica que hagamos, hemos de estar completamente seguros de lo que hacemos. Debemos entender bien la preparación, la parte principal y la conclusión, y no tener ninguna duda sobre ella.
  1. Hemos de tener plena confianza y fe en esa práctica.
  1. Hemos de mantener firmemente nuestro compromiso de llevarla a cabo y no permitir que nos influyan las circunstancias adversas, como las enfermedades, carecer de comida...
  1. Hemos de sentir alegría de practicar y respeto por la práctica, y venerar física y verbalmente a todos los que son dignos de ser honrados y respetados: abades, maestros, gurús...
  1. Hemos de ser capaces de sentir vergüenza ante nosotros mismos y tener un cierto temor y miedo ante los demás: nuestros maestros, los budas, los bodisatvas...
  1. Hemos de ser apacibles, es decir, hemos de controlar en general las cinco puertas de los sentidos y en particular las de la vista, el oído y la mente, porque si no las controlamos, se generan el apego, la aversión y las demás emociones aflictivas.
Es un error creer que somos incapaces de controlar nuestros sentidos porque nuestro apego, nuestra aversión, nuestras distracciones mentales y demás son demasiado grandes. Eso es solo un modo de menospreciarse a uno mismo y es autodestructivo. Nunca ha recibido la predicción ([del Buda] de que llegaría a ser un ser superior tras haber controlado las puertas de sus sentidos) alguien que hubiera estado libre desde el principio del apego, la aversión o la ignorancia. Podemos ver los ejemplos de Nanda el Apasionado, Subhuti el Irascible y Chudapanthaka el Ignorante. Es, por lo tanto, necesario esforzarse y ser diligentes.
Además, con el único objetivo de que los demás sean felices, es necesario esforzarse en comportarse de un modo disciplinado y tranquilo, porque los bodisatvas son objetos peligrosos y es, por lo tanto, importante que velen para que los demás no pierdan la fe en ellos [183].
[Estrofa 56] Los seres corrientes, que son como niños, difieren en sus gustos y deseos: lo que gusta a unos, desagrada a otros. Así pues, cuando llevemos a cabo la práctica de los bodisatvas, a algunos les gustará lo que hagamos y nos alabarán, y a otros les desagradará y nos criticarán. No hemos de dejarnos abatir por sus deseos diversos, si no nuestra bodichita se verá amenazada, como se cuenta en la historia de Shariputra y su logro del estado de arhat explicada anteriormente [184].
De hecho, no solo no debemos sentirnos descorazonados, sino que hemos de darnos cuenta de que esos deseos y pareceres surgen del apego, el enfado y las demás emociones aflictivas, que son el resultado de las diferentes inclinaciones de los seres pueriles. Los bodisatvas recuerdan que la animosidad que esos seres sienten hacia la práctica del Darma, la actividad de los bodisatvas y demás se debe a que están dominados por las emociones aflictivas y por tanto no tienen ningún control sobre ello. Y por esa razón, los bodisatvas han de sentir un amor aún mayor por esos seres difíciles.
[Estrofa 57] En todas las cosas que hagamos de un modo virtuoso e irreprochable, sea para nuestro propio beneficio —como estudiar el Darma o alimentarnos— o el de los demás —como dar enseñanzas de Darma o practicar la generosidad—, no hemos de aferrarnos al yo y lo mío —pensando yo estoy haciendo esto, he hecho esto o haré esto—, sino considerar que todo lo que hacemos es como una aparición mágica. Hemos de mantener continuamente esta actitud de no aferrarnos al yo y a lo mío.
[Estrofa 58] Después de mucho tiempo sin haber obtenido esta libertad suprema, esta preciosa existencia humana que es tan difícil de encontrar, ahora que la hemos conseguido es necesario que hagamos que tenga sentido. Si pensamos en ello una vez tras otra y meditamos en la dificultad de encontrar estas libertades y condiciones favorables, nuestra mente se volverá tan firme como el monte Meru, el rey de las montañas, que permanece inamovible en cualquier circunstancia. Es esencial que nuestra mente permanezca estable, sin que las malas compañías y otras circunstancias puedan desviarla del objeto en el que ha de meditar.

10. LA DISCIPLINA DE PRACTICAR LAS ACCIONES POSITIVAS

1.- LA NECESIDAD DE ABANDONAR EL APEGO AL CUERPO, QUE IMPIDE OBSERVAR LOS PRECEPTOS

[Estrofa 59] La mente estima mucho al cuerpo. Si este tiene hambre, le da de comer; si tiene sed, le da de beber... Cuando los demás comentan sus defectos, aun solo los de los ojos o la nariz, la mente sale en su defensa. Esa actitud de proteger el cuerpo es un estado mental que debe abandonarse. Es necesario hacerle frente con empeño usando pensamientos reparadores que terminen con ese apego al cuerpo. [En una discusión imaginaria con esa actitud mental protectora del cuerpo, los pensamientos reparadores dirían:]
«Cuando los buitres y chacales, ávidos de carne, tiren de las vísceras y demás partes del cuerpo hacia acá y hacia allá, y las devoren, a ti, mente, eso no te disgustará. ¿Por qué, entonces, ahora te aferras a este cuerpo y lo cuidas con tanto esmero: dándole de comer, vistiéndolo, protegiéndolo para que nada le haga daño? Ese comportamiento no es razonable.»
[Estrofa 60] [Siguiendo con la discusión:]
«Oh mente, ¿por qué consideras que este cuerpo eres tú o es tuyo, y lo proteges dándole de comer, vistiéndolo y demás? No es lógico hacer eso. Puesto que eres algo diferente del cuerpo material, que es producto del semen y la sangre de los padres, ¿para qué puede servirte? Para nada.»
[Estrofa 61]
«Si dices que lo necesitas meramente como lugar de residencia, es que eres una insensata y no sabes lo que debes y no debes hacer. Si necesitas un soporte en el que residir, ¿por qué no consideras como tu cuerpo una forma humana limpia hecha de madera? Eso sería razonable. Pero, ¿cómo puede ser razonable proteger este cuerpo pútrido e inmundo, que es un artilugio compuesto de treinta y seis sustancias impuras, como la carne, la sangre y demás; con huesos articulados mediante tendones y músculos que se estiran y contraen; y nueve orificios de los que solo salen inmundicias? No, no es necesario hacer eso.»
Según El sutra de la entrada de Nanda en la matriz, esa putridez se debe a que la parte aprovechable de la comida que uno consume se transforma en carne, grasa..., y el resto, descompuesto, sigue por los intestinos, donde se hallan ocho mil bacterias que son las responsables del hedor de los excrementos y la orina.
[Estrofa 62]
«Y si consideras, ¡oh mente!, que, aunque el cuerpo sea pútrido como acaba de explicarse, vas a protegerlo porque tiene un núcleo esencial, entonces con el filo agudo de tu discernimiento has de separar, en primer lugar, la envoltura de la piel de la carne y el resto, y mirar. No verás nada más que algo sucio, maloliente y sumamente horripilante.
Luego, con el bisturí de la inteligencia, separa la carne del esqueleto y observa.»
[Estrofa 63]
«Y cuando hayas llegado a los huesos y separado estos de las articulaciones y demás, examínalo todo detenidamente hasta la médula y pregúntate dónde está esa esencia limpia, agradable y deseable. ¿Está dentro o fuera del cuerpo?»
Eso es algo que hemos de investigar con nuestra inteligencia, examinando todos y cada uno de los detalles.
[Estrofa 64]
«Si, aunque busques con ahínco, no puedes encontrar ninguna esencia, ni nada agradable y deseable, ¿por qué, oh mente, persistes en aferrarte a este cuerpo? ¿Por qué proteges este cuerpo impuro, pútrido y maloliente? No tiene sentido.»
[Estrofa 65]
«Puede que pienses que necesitas el cuerpo y, por lo tanto, debes protegerlo. Pero, ¿para qué lo necesitas? Este cuerpo impuro no puedes comerlo. Ni puedes beber la sangre y el pus. Ni puedes chupar el estómago ni los intestinos. ¿Para qué te sirve, entonces, este cuerpo? No lo necesitas para nada.»
[Estrofa 66]
«Por una parte, no hay ninguna razón para que protejas el cuerpo. Pero por otra parte, sería razonable y adecuado, oh mente, que guardaras este cuerpo para dárselo como comida a los buitres, chacales y otros animales que no tienen nociones de limpieza y suciedad.»
Esas, desde luego, son palabras cargadas de ironía. Es cierto que cuando se busca dentro o fuera de este cuerpo, no puede encontrarse un núcleo esencial de ninguna clase. Sin embargo, es necesario sacar partido de él.
¿Cómo?
La mente es como un rey todopoderoso;
el cuerpo, su siervo para el bien y para el mal.
Así pues, si somos capaces de usar el cuerpo al servicio del bien, este cuerpo humano es, de todos los cuerpos físicos que tienen los seres de los seis reinos, el mejor para practicar el Darma. Por lo tanto, a fin de aprovecharlo —y eso es aplicable a todos, sean lamas o monjes, fuertes o débiles, importantes o humildes...—, el cuerpo humano ha de usarse únicamente para hacer actos virtuosos. Aparte de eso, no tiene otra utilidad.
[Estrofa 67]
«Además, aunque ahora, mente, te esfuerces en proteger este cuerpo —como los que se aferran al cuerpo y lo complacen con todo lo que desea: alimentos, ropa, joyas...—, ¿qué harás cuando el despiadado e implacable Señor de la Muerte te lo arrebate, sin que puedas hacer nada para remediarlo, y se lo dé a los buitres y los perros para que coman? No podrás hacer nada.»
[Estrofa 68]
«A los sirvientes que no pueden trabajar o que no hacen bien su trabajo, sus patronos no les dan comida ni vestidos ni ninguna otra cosa. Este cuerpo, aunque lo colmes, oh mente, de alimentos y ropa, finalmente se separará y cada uno iréis por vuestro lado. Puesto que el cuerpo no te beneficia, ¿por qué, mente, te esfuerzas y agotas en cuidarlo y mimarlo con alimentos y vestidos? No tiene sentido.»
[Estrofa 69] Así pues, en vez de seguir aferrándonos al cuerpo, igual que en el pasado, o caer en el extremo opuesto, hemos de proveerle de los alimentos, los vestidos... indispensables para saciar el estómago y protegerlo de la intemperie, de modo que pueda servirnos para practicar adecuadamente el Darma sublime. Hemos de hacerlo del mismo modo que retribuiríamos a alguien por un trabajo realizado, pero tenemos que asegurarnos de que el cuerpo se dedica a trabajar para nosotros estudiando las sublimes enseñanzas y asimismo reflexionando y meditando sobre ellas.
Pero si este cuerpo no practica el Darma sublime, que nos beneficiará en las vidas futuras, no hemos de proveerle de alimentos ni ropa ni ninguna otra cosa que tengamos. No debemos dedicarnos meramente a nutrir, vestir y cuidar de este cuerpo.
[Estrofa 70] En vez de eso, hemos de considerar el cuerpo como un navío: un simple medio para hacer el viaje a la liberación y la omnisciencia, y regresar para ayudar a los seres. E igual que cuidaríamos de un barco evitando caer en los extremos [de descuidarlo o de cuidarlo en exceso], hemos de proteger este cuerpo con alimentos y vestidos, sin caer en un extremo [de darle demasiado] ni en el opuesto [de no darle lo necesario].
A fin de lograr perfectamente el beneficio de los seres, hemos de generar la bodichita —la aspiración perfecta— y adiestrarnos bien en las seis paramitas —la aplicación perfecta— y de ese modo transformar este cuerpo en el cuerpo de los victoriosos, que es como una joya que colma todos los deseos, dotada del poder supremo de beneficiar a quienquiera que lo ve, lo oye, lo recuerda o lo toca.

2.- CONOCER BIEN EL MODO DE PRACTICAR

[Estrofa 71] El cuerpo y la palabra han de estar controlados por la mente, y la mente debe estar controlada por los pensamientos reparadores. Y siempre que miremos a alguien, hemos de tener una expresión sonriente y evitar por completo las expresiones de enfado con el ceño fruncido y la mirada hosca. Tenemos que ser amigos de todos, ayudándolos y hablándoles de modo honesto y sincero, sin ninguna hipocresía.
[Estrofa 72] Cuando usamos las sillas, las camas y otros muebles y utensilios, hemos de evitar sentarnos en ellos, cogerlos o dejarlos caer ruidosamente, de un modo descuidado y falto de consideración. Ese comportamiento resulta desagradable para los demás y podría hacerles perder la fe en nosotros, porque nos verían con malos ojos. Tampoco hemos de abrir violentamente las puertas de la casa y otras cosas, pues eso podría, por ejemplo, interrumpir la concentración de los maestros y los abades. Siempre hemos de estar atentos a nuestros propios defectos y disfrutar de ser humildes, evitando hacer un gran alboroto para que los demás nos vean y nos oigan, y así hacernos notar. En cualquier lugar en el que estemos —un monasterio, una ermita, etcétera—, hemos de tratar de que nadie nos vea ni nos oiga.
[Estrofa 73] En este mundo, las garzas, los gatos y los ladrones, que no son seres tranquilos, suelen actuar sigilosamente, moviéndose con suavidad y sin hacer ruido. Así es como consiguen la comida y las demás cosas que desean. Eso no sería posible si actuasen de otro modo. Por lo tanto, no es necesario decir que los bodisatvas sabios, para conseguir su propio beneficio y el de los demás, han de actuar siempre de ese mismo modo: con calma, control y cuidado.
[Estrofa 74] Cuando alguien con experiencia en aconsejar bien a los demás en asuntos espirituales y mundanos nos dé, aunque no lo hayamos solicitado, un consejo diciéndonos, por ejemplo: «No actúes negativamente, has de estudiar los diferentes adiestramientos...», no hemos de reaccionar con orgullo y desprecio arrogante. Sea o no adecuado el consejo, en ese momento, con respeto, hemos de aceptarlo humildemente. Si esas palabras están de acuerdo con el Darma, hemos de ponerlas en práctica, pero si se oponen al Darma, hemos de descartarlas inmediatamente y no seguirlas.
[Estrofa 75] Siempre hemos de comportarnos como discípulos de todos los que dicen cosas beneficiosas a corto y largo plazo, y poner en práctica lo que dicen.
Hemos de elogiar las palabras de todos los que digan algo beneficioso —como, por ejemplo, consejos del Darma—, para que estén contentos, y alegrarnos de que las hayan dicho, en vez de responderles de un modo inapropiado.
Similarmente, cuando veamos que los demás hacen algo virtuoso —como hacer ofrendas o dar limosnas—, en vez de tener envidia y criticarlos, hemos de elogiarlos y hacerles saber que sus actos son realmente excelentes y oportunos. Y así, haciendo que se alegren de haber actuado meritoriamente, hemos de alentarlos.
[Estrofa 76] Para evitar caer en la adulación, hemos de ensalzar a los demás con discreción, comentando sus buenas cualidades a otras personas. Y cuando los demás hablen de las buenas cualidades de aquellos que no nos gustan, no debemos contradecirlos, sino estar de acuerdo y sumarnos a esas palabras de elogio. Si, por el contrario, nos damos cuenta de que algunas personas están alabando nuestras propias cualidades, en vez de sentirnos orgullosos, hemos de apreciar su percepción pura, que les permite descubrir esas cualidades.
[Estrofa 77] En general, cualquier acción que emprendemos nosotros o que emprenden los demás tiene como objetivo lograr la felicidad. Sin embargo, la [verdadera] felicidad es algo muy raro, que no puede adquirirse ni siquiera con grandes riquezas. Por lo tanto, hemos de disfrutar la dicha de alegrarnos sinceramente y sin ninguna envidia de las buenas cualidades que los demás han adquirido mediante el estudio, la reflexión y la meditación, y de todas sus demás cualidades, sean estas espirituales o mundanas.
[Estrofa 78] Si hacemos esto, no perderemos nada en esta vida (nuestra felicidad y alegría no desaparecerán ni disminuirán) y, como resultado de esa buena actitud desprovista de envidia, en las vidas futuras conseguiremos la gran felicidad de los reinos superiores.
Pero si al ver las buenas cualidades, la riqueza y los placeres de los demás tenemos sentimientos de irritación, envidia o rivalidad, nuestras buenas cualidades de esta vida desaparecerán y el arma de ese estado mental negativo se volverá en nuestra contra y nos hará sufrir y ser desdichados. Y en las vidas siguientes experimentaremos inmensos sufrimientos en los reinos inferiores como resultado de esa actitud negativa.
[Estrofa 79] Cuando hablemos —por ejemplo, respondiendo a las preguntas de los demás—, hemos de mantener la introspección vigilante y hacerlo del modo apropiado, adaptándonos a las inclinaciones positivas o negativas de quienes nos escuchan. Debemos inspirar confianza, asegurándonos de que nuestras palabras son coherentes y no contradicen lo que ya hemos dicho o diremos. Tenemos que expresarnos con claridad —sin dejar lugar a las dudas—, de un modo que resulte agradable a nuestros interlocutores y evitando el apego a nuestros puntos de vista y la aversión a los puntos de vista de los demás. Hemos de hablar con suavidad y delicadeza —tanto en nuestra voz como en el modo de expresarnos— y con moderación, sin extendernos demasiado ni ser demasiado breves.
[Estrofa 80] Cuando miremos a otros seres —sean poderosos o débiles, importantes o humildes—, hemos de darnos cuenta de que gracias a ellos podemos, en primer lugar, generar la bodichita; luego llevar a cabo las dos acumulaciones practicando las seis perfecciones trascendentales y las demás prácticas de los bodisatvas; y finalmente alcanzar la budeidad. Por lo que hemos de reconocerlos como amigos y compañeros del camino de los bodisatvas, y nunca mirarlos con odio, sino con amor, franqueza y sin ninguna hipocresía, igual que una madre mira a su hijo.
[Estrofa 81] Hay cuatro factores que hacen aumentar en gran medida el mérito de una acción virtuosa.
El primer factor, concerniente al tiempo, es que la acción sea constante e ininterrumpida. El segundo, concerniente a la motivación, es que se lleve a cabo con una actitud mental intensa y resuelta: de fe, compasión, etcétera. El tercero, concerniente a su poder reparador, es que ese acto benéfico actúe indefectiblemente como un remedio a lo contrario. Por ejemplo, si al practicar la generosidad damos lo que más apreciamos y nos es más querido, esa acción de dar contrarresta evidentemente la avaricia. En el caso de la disciplina, abstenernos de aquello a lo que tenemos un gran apego [185] actúa sin duda alguna como su antídoto, y de modo similar con el resto de las seis paramitas. El cuarto, concerniente al campo u objeto de la acción, es que si la acción —dar, por ejemplo— se lleva a cabo con relación al campo de las cualidades (las Tres Joyas), al campo del beneficio (nuestros padres) o al campo del sufrimiento (los viajeros de larga distancia, aquellos que llevan mucho tiempo estando enfermos, etcétera), tiene mucho más mérito que si se hace en relación a cualquier otro ser.
La presencia de estos factores en los actos negativos agrava igualmente sus efectos.
Cuando se lleva a cabo cualquier acto positivo, no basta con imitar meramente la conducta de los demás. Por ejemplo, en el caso de la práctica de generosidad de los bodisatvas, si desconocemos las diferentes clases de generosidad —la generosidad pura, la generosidad impura…—, cuál es la motivación correcta, el modo en que se ha de practicar la generosidad, la necesidad de dedicar el mérito, etc., nuestra práctica de dar puede que sea bastante ordinaria y no se diferencie del modo en que los animales dan algo. Por lo tanto, hemos de saber cómo hacerla y hacer que nuestra práctica cumpla su propósito.
[Estrofa 82] Sea cual sea la práctica de Darma que llevemos a cabo, es muy importante que primero sepamos todo lo referente a ella y tengamos plena confianza en esa práctica. Así provistos, hemos de hacer siempre nosotros mismos dichas actividades: las seis paramitas y las demás prácticas de los bodisatvas.
Además, en todo lo que hagamos —sea hacer ofrendas, practicar la generosidad, etcétera— no hemos de depender de los demás: ni para que nos persuadan de que lo hagamos ni para que lo hagan por nosotros; como podemos ver en la historia de cómo el venerable Atisha solía hacer las tsa tsas con sus propias manos [186]. Si somos capaces de hacerlo, lo hemos de hacer nosotros mismos. Y si no podemos, no es adecuado depender de los demás [para que lo hagan por nosotros].
[Estrofa 83] La generosidad, la disciplina y las demás perfecciones trascendentales están dispuestas en un orden progresivamente ascendente de excelencia, de modo que, en la práctica, cada una se considera más importante que la precedente. La diferencia entre cada una de ellas y la anterior [en relación a sus beneficios] es similar, por ejemplo, a la diferencia que hay entre la cantidad de agua de un gran océano y la del agua contenida en la huella dejada por la pezuña de un buey. Tiene mayor beneficio observar la disciplina durante un día que practicar la generosidad durante cien años. En El ornamento de los sutras se dice que cada una de las paramitas se apoya en la anterior y que están ordenadas de menos a más elevada y de menos a más sutil [es decir, de menos a más difícil de practicar].
En general, no se ha de abandonar una paramita superior o más importante (como la disciplina, por ejemplo) por otra inferior o menos importante (como la generosidad). En casos particulares, sin embargo, los bodisatvas han de considerar como más importante lo que beneficie más a los demás y actuar según ello.
Se dice [en El ornamento de los sutras]:
Lo general y lo específico
son sumamente importantes en todos los comentarios.

11. LA DISCIPLINA DE BENEFICIAR A LOS DEMÁS

1.- ESFORZARSE EN BENEFICIAR A LOS DEMÁS

[Estrofa 84] Tras entender bien y haber empezado a observar la disciplina de evitar las acciones negativas y la de practicar las acciones positivas, hemos de dedicarnos con gran diligencia y constancia, y sin el menor pensamiento egoísta, a la disciplina de beneficiar a los demás. A los grandes bodisatvas que se consagran a esta disciplina y carecen por completo de motivaciones egoístas, el Gran Compasivo —el Buda— autorizó las siete acciones negativas del cuerpo y la palabra, que están prohibidas a los practicantes de los vehículos básicos y a los bodisatvas principiantes. Hizo eso porque vio que por sacrificar pequeñas alegrías efímeras y provocar sufrimientos menores en el presente inmediato se pueden evitar a largo plazo grandes sufrimientos y lograr una inmensa felicidad duradera. Esto se ilustra con la historia del capitán Gran Compasión que mató al Lancero Negro para impedir que cayera en el infierno o la del joven brahmán Estrella que se casó con la hija de un comerciante para protegerla del peligro de que muriera. Se dice que ambos bodisatvas obtuvieron por esos actos tanto mérito como el que les hubiera llevado acumular durante muchas kalpas [187].

2.- ATRAER A LOS SERES HACIA EL DARMA DANDO COSAS MATERIALES Y LAS ENSEÑANZAS

[Estrofa 85] Cuando uno vive, por ejemplo, en un sitio de retiro, ha de compartir las donaciones de comida que haya recibido con [tres clases de seres]: los seres que han caído en los reinos inferiores, como los pájaros, los perros y otros animales; los seres desamparados, como los mendigos; y los ermitaños que se dedican a las disciplinas yóguicas externas e internas. Además, hemos de ofrecer la primera parte de nuestra ración a las Tres Joyas; luego comer con moderación, lo suficiente para saciar el hambre y sostener el cuerpo, y sin apego ni aversión; y al final dedicar y dar los restos a los espíritus. Porque si se come demasiado, uno se siente pesado y aletargado; y si se come demasiado poco, uno se siente débil e incapaz de llevar a cabo su práctica virtuosa.
Aparte de los tres hábitos monásticos que los monjes han de llevar —el manto [o hábito de arriba], la falda [o hábito de abajo] y el manto superior [o hábito que se lleva por encima del otro manto]—, todo lo demás se ha de dar a los mendigos. Los tres hábitos monásticos no deben darse. En El sutra sobre cómo establecer las cuatro características de la liberación individual de los bodisatvas se explica:
Si se tiene menos de tres hábitos monásticos, ¿cuál será el soporte para la práctica de la conducta pura? Estos, pues, nunca han de darse.
[Estrofa 86] Un bodisatva principiante no debe dañar su cuerpo (cortando una mano, por ejemplo) por alguna razón altruista pero insignificante, ya que el cuerpo es lo que le permite practicar el Darma sublime adecuadamente. Por el contrario, debe cuidar del cuerpo —comiendo suficiente para saciar el hambre y vistiéndose para protegerse de la intemperie—, sin caer en ningún extremo, para poder beneficiar a los demás.
Y para beneficiar a los seres, se ha de llevar a cabo la práctica de los bodisatvas, formular aspiraciones y dedicar el mérito a alcanzar la omnisciencia. Si se actúa de este modo, todos los deseos para la felicidad temporal y última de los seres podrán colmarse rápidamente uno tras otro.
[Estrofa 87] La actitud compasiva de un principiante no es todavía pura. Por lo tanto, hasta que alcanza el primer estadio de los bodisatvas, llamado Alegría Perfecta, debe abstenerse de dar realmente el cuerpo —la cabeza, las piernas, los brazos, etcétera—, que es el soporte para practicar el Darma sublime. Por una parte, no es seguro que ese acto beneficie a los demás y, por otra, puede que se arrepienta y eso se convierta en un obstáculo para su práctica virtuosa. En El compendio de los preceptos se dice que se ha de proteger el cuerpo como si, por ejemplo, fuera un árbol medicinal de gran valor.
Sin embargo, ese sacrificio puede hacerse cuando aporta inmensos beneficios a las enseñanzas y a los seres en esta vida y las futuras, y no produce ningún obstáculo a la práctica virtuosa, como cuando Lha Lama Changchup O [188] ofreció su cuerpo.
[Estrofa 88] El Darma no debe enseñarse a quienes no tienen respeto, en sus actitudes mentales o su comportamiento, hacia el maestro o las enseñanzas. Si se les diese enseñanzas, la grandeza del Darma degeneraría y esos oyentes no se beneficiarían. Pero además, su falta de respeto les haría caer en los reinos inferiores.
Tampoco se ha de enseñar el Darma a quienes, aunque tengan una actitud respetuosa, se vendan con turbantes la cabeza aunque no estén enfermos o llevan sombreros, sombrillas, bastones, espadas, lanzas u otras armas; ni a quienes se cubren la cabeza con los chales monásticos u otras vestimentas, o están sentados en tronos elevados. Pero en el caso de que estén enfermos o tengan alguna otra razón justificada, no es inadecuado darles enseñanzas.
[Estrofa 89] No es apropiado enseñar las profundas enseñanzas sobre la vacuidad y las vastas enseñanzas sobre los diferentes caminos y estadios del mahayana a aquellos con actitudes inferiores, que aspiran a los caminos de los shravakas y los pratyekabudas.
Además, un monje no debe enseñar el Darma a una mujer que esté sola, sin ninguna otra compañía masculina. Y cuando se dan enseñanzas, no se debe estar interesado [de modo sectario] en enseñar únicamente la doctrina suprema del mahayana en detrimento de las enseñanzas más básicas de los shravakas y pratyekabudas, y viceversa. Porque esas enseñanzas son como diferentes clases de comida, indicadas para adultos y para niños. No deben juzgarse unas como buenas y otras como malas. Entendiendo que en el camino de la completa liberación, todas ellas son iguales, como el sabor del azúcar y el de la sal, es necesario dar las enseñanzas con pleno respeto. El sutra que resume los darmas perfectamente entrelazados dice:
Mañyusri, los que consideran ciertas enseñanzas del Tathagata como buenas y otras como malas están rechazando el Darma supremo.
[Estrofa 90] No debe guiarse a aquellos que pertenecen a la familia del mahayana, disponen de facultades agudas y están capacitados para las enseñanzas vastas y profundas hacia las enseñanzas más básicas de los caminos de los shravakas y los pratyekabudas. Si se hace eso se incurre en una caída raíz, ya que no es correcto poner trabas a quienes son inteligentes ni confundir a quienes tienen fe.
Aparte de las ocasiones excepcionales en que ha de explicarse la visión profunda, es esencial enseñar las consecuencias kármicas de las acciones: los beneficios de los actos positivos y los defectos de los negativos; es decir, no debe desatenderse la conducta basada en la causalidad kármica.
No se debe engañar ni confundir a los que son capaces de llevar a cabo la práctica mahayana diciéndoles (según una interpretación literal de las escrituras) que simplemente leer unos cuantos sutras benéficos y recitar algunos dharanis y mantras es suficiente para conseguir la liberación. Es necesario distinguir entre las enseñanzas de significado último, las de significado conveniente, las de significado indirecto, las de significado implícito, etcétera [189], y enseñar a los discípulos según su capacidad.

3.- PROCURAR QUE LOS DEMÁS NO PIERDAN LA FE

[Estrofa 91] Si los bodisatvas no procuran que los demás no pierdan la fe, pueden dar lugar a los actos negativos de estos. Por lo tanto, cuando se deshacen de palillos, esputos, mocos, babas... en presencia de un lama, en un templo o en algún otro lugar habitado, deben hacerlo de un modo discreto que no moleste (por ejemplo, cubriéndolos con tierra). Tampoco han de ensuciar con orina u otros excrementos las aguas limpias y los campos que son de uso común. Deben abstenerse de eso ya que es algo reprochable que no debe hacerse.
[Estrofa 92] Cuando comen, los bodisatvas no deben llenarse excesivamente la boca, ni hacer ruido —dando chasquidos con la lengua o de algún otro modo—, ni tampoco abrir demasiado la boca al introducir la comida. Dondequiera que se encuentren —una casa o algún otro lugar—, no han de sentarse con las piernas estiradas. Y al lavarse las manos, no deben frotárselas, sino lavarse la una con la otra.
[Estrofa 93] Los bodisatvas laicos no deben sentarse sobre la misma montura, cama o silla, ni estar en una casa a solas con una mujer que tenga marido, y los monjes nunca deben estar a solas con mujeres que no sean de su familia.
En resumen, un bodisatva debe evitar cualquier comportamiento que sabe —porque lo ha constatado por sí mismo o se lo ha dicho alguien con experiencia a quien ha solicitado consejo— que es reprochable [en un determinado contexto social] y puede hacer perder la fe a los demás.
[Estrofa 94] Cuando alguien pregunta una dirección, los bodisatvas no han de responder de un modo grosero, señalando con la mano izquierda o apuntando solo con un dedo. Han de mostrar el camino usando toda la mano derecha, con gestos y palabras respetuosos y alegres, de modo que inspiren fe en la gente corriente.
[Estrofa 95] Cuando los bodisatvas quieren comunicar sobre asuntos intrascendentes, como por ejemplo coger o dejar algún utensilio, no deben agitar los brazos excesiva y bruscamente. Sino más bien deben hacerse entender mediante una señal, con un movimiento y un sonido suave, como un chasquido de los dedos, por ejemplo [190]. Porque de lo contrario, la gente perdería la fe en ellos debido a ese comportamiento descontrolado.
[Estrofa 96] Cuando los bodisatvas se tumban para dormir a medianoche, han de acordarse de hacerlo en la postura que el Buda, el Protector de los seres, usó cuando manifestó su paso al nirvana, esto es, en la postura del león: tumbado sobre el lado derecho, con la cabeza hacia el norte y la cara hacia el oeste. Al hacer eso, recordarán al Buda.
Así pues, se han de acostar con la cabeza en la dirección que deseen y no suponga un peligro —el norte, el este...—, sobre el lado derecho, con una pierna sobre la otra, la mano derecha apoyada debajo de la mejilla, el brazo izquierdo extendido sobre el muslo y el cuerpo cubierto con las vestiduras monásticas. Y antes de dormirse han de asegurarse de que están concentrados, con la ayuda de la atención y la introspección vigilante, en la percepción de la luz [191], la idea de la muerte y la intención de levantarse rápidamente a la mañana siguiente. Si lo hacen así, incluso su sueño será virtuoso.
Al practicar hemos de establecer una correlación entre los diferentes periodos del día y los de la vida. Así, hemos de considerar que el amanecer corresponde al nacimiento; el mediodía, a la edad adulta; el anochecer, a la vejez; el momento de acostarnos, al de contraer una enfermedad que nos lleva a la muerte; el momento de dormirnos, a la muerte; los sueños corresponden al estadio intermedio o bardo, mientras que despertarse al día siguiente corresponde al renacimiento en una nueva existencia. Y en ningún caso hemos de olvidar la práctica de la preciosa bodichita.

2. OTROS ELEMENTOS DE LA PRÁCTICA PERFECTA

3. LA PRÁCTICA PERFECTA

[Estrofa 97] Según se explica en el Bodhisattvapitaka, pueden hacerse innumerables clasificaciones de las prácticas de los bodisatvas, como las seis paramitas, los cuatro modos de reunir discípulos... De todas esas prácticas, los bodisatvas principiantes han de dedicarse a las que purifican y adiestran la mente (como las que se exponen en el Bodicharyavatara) hasta que esta se haya purificado definitivamente.
[Estrofa 98] Si incurren en una caída raíz, han de confesarla siguiendo, según sea su caso, el método correspondiente a los seres de capacidad superior, media o básica [192]. Y luego han de tomar de nuevo el voto de la bodichita. Si han cometido otras faltas, deben recitar, tres veces durante el día y otras tres durante la noche, la confesión de caídas del bodisatva denominada El sutra en tres secciones, que se compone de una sección de confesión, otra de alegrarse [de la virtud] y otra de dedicación. Así, usando como soporte los treinta y cinco budas de la confesión y los demás budas, los bodisatvas y la bodichita, purificarán mediante esta poderosa práctica reparadora las transgresiones restantes, es decir, las transgresiones y faltas distintas de las caídas raíz.
[Estrofa 99] En todo lo que hacen, para su propio beneficio o el de los demás, en cualquier lugar o circunstancia, los bodisatvas han de poner en práctica, con diligencia y gran confianza, las enseñanzas que el Buda dio para que estos pudiesen adiestrarse en cualquier situación. Shantideva condensó todas esas enseñanzas en su texto. Por ejemplo, la enseñanza contenida en la estrofa 37 de este capítulo (...en el camino miraré a menudo...) hace referencia a lo que se ha de hacer cuando se anda; la enseñanza de la estrofa 92 (...ni sentarse con las piernas estiradas), a cuando uno se sienta; la de la estrofa 85 (...compartiré mi comida con los que... han caído en los reinos inferiores...), a cuando está en un retiro solitario; la de la estrofa 92 (No se debe comer llenándose la boca...), a cuando come; la de la estrofa 79 (Cuando hable, lo haré de un modo...), a cuando habla; la de la estrofa 80 (Cuando mire a otros seres...), a cuando mira a los demás; y la de la estrofa 96 (Al dormir uno debe tumbarse en la dirección deseada...), a cuando se va a dormir. También pueden encontrarse este tipo de enseñanzas en el capítulo sobre la conducta perfecta [de El sutra del gran compendio].
[Estrofa 100] No hay ninguna rama de conocimiento ni materia, de las cinco ciencias tradicionales mayores —artesanías, medicina, lengua, lógica y filosofía budista— ni de las cinco ciencias menores [193], que los herederos de los victoriosos no hayan de aprender. Para quienes se familiaricen con todas las ramas del saber, permanezcan con atención e introspección vigilante, y sean expertos en los medios hábiles de los bodisatvas, nada de lo que hagan (ni siquiera levantar o bajar un pie o estirar y contraer un brazo) dejará de producir mérito. Incluso sus actos negativos se volverán benéficos y no es necesario decir que también lo serán sus actos neutros.
[Estrofa 101] Todo lo que hacemos ha de ser para beneficiar a los demás: sea directamente, mediante la generosidad del Darma o de cosas materiales, o indirectamente, como cuando practicamos, por ejemplo, los estadios de aproximación y consecución en retiro, y dedicamos esas actividades al beneficio de los demás y formulamos aspiraciones que los beneficien. Nada de lo que hagamos ha de ser solo para nuestro beneficio. Y es únicamente a fin de beneficiarlos por lo que hemos de formular aspiraciones y dedicar a alcanzar la Iluminación perfecta todas las acciones positivas (las seis paramitas, etcétera) que los demás seres y nosotros mismos hicimos en el pasado, hacemos en el presente y haremos en el futuro.
[Estrofa 102] Desde el mismo momento en que se genera la bodichita hasta que se alcanza la Iluminación suprema, constantemente se ha de seguir con respeto —en el cuerpo, la palabra y la mente— a un amigo espiritual, un maestro auténtico en cuya presencia todas las buenas cualidades surgirán naturalmente.
Un vehículo (yana en sánscrito) puede considerarse desde la perspectiva de quiénes son transportados, a qué destino transporta y cómo transporta [194]. En este caso, gran vehículo o mahayana hace referencia al tercer aspecto. En El ornamento de los sutras se describe así:
Por la grandeza de su ámbito
y también la de su doble práctica,
la de su sabiduría y la de su diligencia,
por la superioridad de sus medios hábiles,
por su gran logro perfecto
y la actividad suprema de la budeidad
se denomina gran vehículo,
pues es de siete modos grande.
Nunca, ni aun a costa de nuestra vida, hemos de abandonar a un amigo espiritual que conoce y sabe transmitir con pericia el significado y las palabras de las enseñanzas vastas y profundas del gran vehículo, dotado de esas siete grandezas, y cuya práctica de la disciplina de los bodisatvas es suprema, pues observa todos los votos. Aunque nuestra vida esté en peligro, no hemos de dejar de seguir al maestro ni tampoco afligirlo o contravenir sus palabras.
[Estrofa 103] El modo de seguir a un maestro como ese se describe en El sutra en forma de árbol, que es un capítulo de El sutra del gran compendio, donde se elogia esta práctica. En ese texto, en el pasaje sobre la biografía de Shri Sambhava, se describe cómo el bodisatva Sudhana, tras seguir a muchos maestros (ciento diez), conoció al joven Shri Sambhava y a la joven Shrimati y los siguió con respeto. Ahí puede leerse:
Noble discípulo, considera que eres un enfermo; que el maestro es el médico; el Darma, la medicina; y la práctica diligente, el proceso curativo.
Hemos de seguir al maestro siguiendo estas recomendaciones y otros consejos que se detallan extensamente en ese mismo texto. Leyendo este capítulo, que contiene la biografía de Shri Sambhava, y otros consejos del Buda recogidos en los sutras, sabremos lo que se debe hacer y evitar cuando se sigue a un maestro, que es parte del adiestramiento de los bodisatvas que hemos de conocer.
[Estrofa 104] Puesto que leer y estudiar los sutras nos permitirá aprender los preceptos de los bodisatvas, hemos de leerlos. Especialmente, hemos de estudiar en primer lugar El sutra de la esencia del cielo, puesto que en él se explican claramente las dieciocho caídas raíz de los bodisatvas y el modo de repararlas, si se incurre en ellas.
[Estrofa 105] El compendio de los preceptos, de Shantideva, expone de modo claro y detallado todo aquello que los bodisatvas han de practicar constantemente, como, por ejemplo, ofrecer el cuerpo, las posesiones y el mérito, y asimismo protegerlos, purificarlos y aumentarlos [195]. Por lo tanto, hemos de leer este texto, no solo una vez, sino reiteradamente.
[Estrofa 106] O puede leerse asimismo El compendio de los sutras, en el que Shantideva condensó las actividades de los bodisatvas según los sutras. También han de leerse una vez tras otra con diligencia los dos textos del sublime Nagaryuna [que llevan los mismos títulos]: El compendio de los preceptos y El compendio de los sutras [196].
[Estrofa 107] Así pues, los bodisatvas han de aplicar y practicar constantemente y de modo adecuado todo lo que está permitido y no está prohibido en las enseñanzas del Buda recogidas en los sutras y en esos dos tratados (El compendio de los preceptos y El compendio de los sutras).
En resumen, para proteger la mente de la gente corriente de que pierda la fe y a fin de deleitarla, es necesario leer y aprender los preceptos de los bodisatvas y cumplirlos perfectamente, con el único propósito de beneficiar a los demás.

14. LA CONCLUSIÓN DEL CAPÍTULO

[Estrofa 108] La práctica de la introspección vigilante puede definirse de modo condensado diciendo que consiste en examinar (reiteradamente y no solo una vez) el estado del cuerpo, la palabra y la mente para ver si lo que hacemos, decimos y pensamos es positivo, negativo o neutro, y con entusiasmo proceder conscientemente a hacer lo que debe hacerse y evitar lo que no debe hacerse.
[Estrofa 109] Todos estos adiestramientos se han de poner en práctica diligentemente con el cuerpo, la palabra y la mente, tal como se han explicado. ¿Qué se conseguiría pronunciando meramente las palabras del texto? Hemos de esforzarnos en poner en aplicación su significado. ¿Podría, por ejemplo, curarse un enfermo meramente leyendo o recitando los cuatro tantras de la medicina, pero sin seguir el tratamiento? No, sanará si toma la medicina y sigue la cura adecuada.
Aquí concluye el quinto capítulo del Bodicharyavatara, sobre la práctica de la introspección vigilante.