Transcripciones
Lección 3: Ser una oveja negra
Queridos amigos, continuamos con el estudio, la práctica y la reflexión. Hemos visto en el eje de este diagrama los tres animales que representan los tres venenos aflictivos, los tres estados más dañinos, más tóxicos, las tres respuestas impulsivas del egocentrismo, de las cuales todo lo demás se desemboca; todos los otros estados aflictivos o emociones negativas tienen su origen en éstas tres. Y había dicho en un comienzo —no sé si llegué a explicarlo completamente— que hay dos maneras típicas de representar estas tres afliciones con tres animales; una es la víbora y el gallo salen de la boca del cerdo, es decir, el cerdo está mordiendo la colita a la serpiente y al ave, significa que, de esta ignorancia, de este sistema operativo impulsivo que tiene el egocentrismo, salen estas dos respuestas extremas, y en la otra, uno le muerde la cola al otro, de la ignorancia sale el ansia, del ansia sale la ira y la ira, una vez más, le come la colita al cerdo, significando que estos estados aflictivos se retroalimentan y se afectan uno al otro.
Por favor, tengan en cuenta que cuando hacemos estos estudios y desarrollamos conceptos abstractos de cada una de las categorías, cada uno de los aspectos, es un esquema mental para facilitar el aprendizaje, pero la realidad es mucho más compleja, mucho más dinámica y mucho más interactiva. Entonces, por supuesto que si tenemos un brote de ira, vamos a estar más necesitados de experiencias placenteras y, si tenemos experiencias placenteras, vamos a ser mucho más cómodos, pasivos, el bienestar y la comodidad tienden a sedarnos, a sumirnos en un estado de la pasividad, entonces, todo se retroalimenta. De ahí desembocan infinitos estados aflictivos y en el budismo, particularmente en el Abhidharma, se clasifican algunos de los más importantes.
Pensé que para esta sesión podíamos tocar tres más, tres adicionales: uno es la duda, el otro es la envidia, el tercero es el orgullo.
La Duda
Tengo dudas sobre la duda, porque es difícil de explicar. No está detallado en los comentarios, las enseñanzas de los lamas, se explica como una mente dividida, o sea, alguien que piensa dos cosas que no se pueden reconciliar. En el vocabulario moderno, muchas veces se usa la palabra disonancia cuando uno quiere algo, piensa algo o particularmente tiene un ideal y ve que su conducta está traicionando ese ideal o ese valor, por lo tanto, hay un conflicto interno, se crea una disonancia, un estrés, entre lo que quieres y lo que haces, eso nos inquieta y hacemos todo lo posible para reconciliar estas conductas dispersas o pareceres dispersos o ideas, cosmovisiones, dispersas.
Vamos a definir dos aspectos de la duda. El primero es escepticismo, que quiere decir: antes de la evidencia, ya estamos negando la posibilidad de una idea, un camino, un proyecto, por lo tanto, hay antagonismo. El otro extremo es la fe ciega, que adopta algo sin evidencia. Entonces, son dos extremos, el otro extremo de la fe ciega es escepticismo, en el que, incluso después de que se nos demuestre con mucha evidencia la validez de una técnica, de una filosofía, de un proyecto, lo resistimos, lo negamos.
Normalmente caemos en el segundo aspecto de la duda que es indecisión o, la palabra que encontré: titubeo, vacilación. Es decir, aunque tenemos suficiente evidencia para comprometernos con un proyecto, con una práctica, dudamos, no lo hacemos, resistimos el compromiso. Eso es algo muy típico.
Cuando yo estaba enfrentando este dilema, uno de mis lamas me dio un ejemplo muy útil —les va a ayudar, pero tenemos que tomar ese ejemplo neoyorquino y actualizarlo a Madrid—. El ejemplo es: si estás en Manhattan y recibes visita que quiere explorar todo lo que tiene que ofrecer la ciudad y tú no tienes el tiempo para acompañarle, buscas alguna excusa elegante para no recorrer todo Manhattan a pie y tu amigo o amiga te pregunta: «¿Qué te parece, tú que eres de aquí, visitar el Parque Central?, ¿es peligroso? Sé que hay muchos asaltos en Nueva York, el Parque Central está cerca de Harlem, ¿hay peligro?, ¿se puede visitar?» Y tú le dices: «No, es perfectamente seguro, hay niños jugando, hay amantes paseando, viendo las mariposas; hay personas haciendo footing, jogging, ejercicio. No hay problema, puedes visitar cualquier parte del parque. Puedes ir a Strawberry Fields y tocar una canción de los Beatles, todo es posible, no hay problema, pero, no te aventures a cruzar el parque por la noche, porque por la noche hay muchos lugares oscuros, donde no hay policía, es mejor no arriesgarse». Tu amigo te hace una segunda pregunta: «Déjame confirmarlo, me estás diciendo que si paseo por el Parque Central durante el día, ¿hay cien por ciento de garantía de no ser asaltado?» «Cien por ciento de garantía es demasiado, no puedo garantizar eso».
Te pueden asaltar en la Casa Blanca, nunca se sabe, en un aeropuerto, en cualquier sitio. No podemos dar cien por cien de garantía, pero parte de nosotros exige esa garantía absoluta y nos resistimos al compromiso a aventurarnos hasta que tengamos esa garantía absoluta. Aquí podemos usar el parque del Retiro, con el mismo argumento.
En el contexto del camino espiritual, un ejemplo son los votos: «¿Debería yo tomar un voto, por ejemplo, no mentir?». Hay cinco votos laicos: no matar, no mentir, no robar, no tener mala conducta sexual que cause daño a otros y no tomar substancias intoxicantes. «No quiero arriesgarme a tomar todos los votos, sino uno de ellos, voy a comprometerme por una vida, tomo el voto de un practicante laico y me comprometo a no engañar, a no estafar, a no mentir. Pero, Khenpo Rinchen, no sé si es correcto, dudo, no sé si puedo comprometerme porque noto que, de vez en cuando, me engaño hasta yo mismo, exagero. Entonces, creo que no voy a poder mantener completamente, de una forma absolutamente pura, prolija, los votos».
El maestro responde: «Tomas los votos porque no los puedes mantener o tomas los votos porque los vas a romper. Si no los necesitas, no los tomas, o sea, si tu conducta es tan perfecta que nunca vas a cometer un error, no necesitas adoptar un código ético, ya estás Iluminado, ya estás purificado, es redundante».
Adoptamos un código ético para protegernos, como una ayuda para mejorar nuestra conducta. Lo que tenemos que tener es la confianza de que los vamos a seguir principalmente bien, lo mejor posible, aunque no perfectamente bien, de lo contrario no es necesario. Hay que tener cuidado de no caer en esta trampa, en este estado aflictivo, porque es una excusa planteada por el egocentrismo para no involucrarse, para no hacer su mejor intento, para no comprometerse con una práctica espiritual vertical o para adoptar un código ético. Lo que tenemos que tener es preponderancia de evidencia, o sea, suficiente evidencia para desarrollar ese experimento, que valga la pena, pero no vamos a tener absoluta certeza hasta llegar a ese destino, hasta completar el proyecto. Si tuvieras completa seguridad antes de empezar, no habría necesidad de hacerlo.
Entonces, por favor, reflexionen sobre la duda, porque muchas veces se convierte en obstáculo innecesario el estar esperando, esperando, esperando, esperando y la vida se nos va sin hacer nuestro intento.
La Envidia
La segunda aflicción adicional que me gustaría mencionar —la quinta en total— es la envidia, que viene a ser un dragón de tres cabezas, quiere decir que es una reactividad del egocentrismo que nos lleva a compararnos con los demás y:
- Si nos comparamos con alguien que está a nuestro par, surge competencia con ese compañero.
- Si nos fijamos en alguien que está por encima, por delante de nosotros, entonces le tenemos envidia.
- Si percibimos a esa persona por detrás o por debajo de nosotros en esa carrera, se expresa como desprecio.
El desprecio, la competitividad y la envidia, realmente son la misma energía tóxica que nos lleva a compararnos con los demás para, de alguna manera, extraer valor. Cuanto menos autoestima sana, autóctona tengamos, más tratamos de encontrar ese valor por el peldaño que ocupamos ahí afuera en el mundo. Ese peldaño puede ser muy particular, algunos se enfocan en su posición económica, su posición social, su apariencia, su fortaleza, su velocidad, su fuerza, en cualquier cosa, algunos incluso están muy orgullosos de cuánto comen. Si ese es tu espectro de valor, vas a competir con el que come la misma cantidad de salchichas, vas a envidiar al que come tres salchichas más y te vas a burlar de la persona que sólo come diez salchichas, ¡es tan ridículo como eso!
En el camino espiritual puede suceder lo mismo: «¿Cuántos mantras recitas tú?» o si alguien empieza a recitar mantras más alto, o más bajo, cosas muy, muy ridículas, muy tontas.
Algunas veces pensamos que el ansia, el deseo, es el motor de samsara, pero muchas veces vamos a descubrir que es la envidia, porque somos tan ignorantes que no sabemos lo que nos falta hasta que el vecino lo tiene y una vez que el vecino consigue algo nuevo, brillante, de repente nace en nosotros el deseo y empezamos a competir.
El ejemplo más simple es un niño, un bebé que está empezando a dar sus primeros pasos, sus padres tienen suficiente confianza y lo sueltan. Empieza a tambalearse como un borracho y de repente, se tropieza y se cae, se da un golpe en la frente. Está como sorprendido, porque todo su cuerpo fue sacudido, pero no sabe cómo reaccionar, entonces mira hacia los lados y si los padres están preocupados, en alerta, empieza a llorar; si el padre dice: «¡No pasa nada!, ¡levántate!, ¡sacúdete!, tira para adelante como si nada».
De la misma manera que los niños observan a los adultos, viendo qué debemos querer, qué debemos valorar, qué es importante, cómo debemos reaccionar, nosotros, aunque somos adultos, somos muy influenciados por nuestro entorno, por el parecer de los demás. Por lo tanto, es muy importante con quién nos asociamos, y no sólo para los hijos que están en la etapa de la adolescencia, sino para nosotros. Incluso, grandes maestros que tienen mucha libertad, se han adueñado de sí mismos, tienen mucho autocontrol, son muy cuidadosos con quién se asocian, quién está en su entorno, porque todo influye, todo nos afecta. Muy, muy importante.
El Orgullo
Y la tercera emoción que podemos considerar es el orgullo. El orgullo tiene algunas connotaciones positivas, no hay nada malo en sentir orgullo por lo que logra un familiar, por lo que logra alguien de tu país que te representa en las Olimpiadas y demás. La arrogancia es menos digna, hay muy poquito que se pueda rescatar, entonces vamos a usar la arrogancia mejor, que es sobreestimar lo competentes que somos, y de todos los estados aflictivos que pueden haber, éste es, a lo mejor, el más dañino en el contexto espiritual, porque nos bloquea totalmente.
Tuve una conversación con uno de los grandes maestros hoy en día en la tradición Sakya, que se llama Luding Khen Rinpoché, un maestro bellísimo. Tuvimos una conversación larga, fue muy generoso con su tiempo y él sacó el tema de la arrogancia. Yo le estaba pidiendo consejos y él estaba hablando de las dificultades que tiene con sus monjes —él tiene en su monasterio monjes desde los siete años para arriba—, y me dijo: una vez que identifico, incluso a una temprana edad, doce o trece años, que uno de ellos tiene arrogancia, ya está claro que hay muy poquito que puedo hacer para ayudarle, porque se bloquea completamente. Los tibetanos describen la arrogancia como una esfera, una bola de hierro, en la que nada puede penetrar, el néctar del Dharma no puede penetrar y es muy, muy peligroso.
La arrogancia puede venir de cualquier lado. Hay personas que han sido exitosas en la vida, por su propio esmero, mérito, inteligencia, han salido adelante, a lo mejor, a nivel académico tienen estudios avanzados, en el mundo del negocio, a lo mejor han salido adelante, o en algún ámbito de la vida, y eso les lleva a pensar que pueden hacer lo mismo en el desarrollo espiritual, que lo pueden lograr solos, que es como un rompecabezas que lo van a poder resolver, armar solos. Ese tipo de arrogancia es lo que nos bloquea completamente de recibir información, de recibir correcciones, de recibir guía, de recibir consejos. Por favor, reflexionen sobre esto, aunque sé que las personas que deberían escucharlo justo son las que escuchan menos, es un intento fútil, pero no me rindo.
Hoy en día, mal usamos la palabra humildad. Muchas veces en algunos países se usa como equivalente a pobreza, «mira qué familia humilde», quiere decir, pobre. En el contexto espiritual, humildad es, simplemente, reconocer tu situación relativa; tu situación absoluta es idéntica a la de todos los seres, es más, es idéntica al propio Buddha, todos nosotros tenemos naturaleza búdica, el Buddha la descubre, tiene acceso a ella. Entonces, a nivel absoluto, no hay debate, por lo menos desde la perspectiva de la escuela Madhyamaka, del camino del medio, todos tenemos la misma naturaleza búdica, el mismo potencial, la misma mente prístina, de acuerdo al vajrayana.
Pero a nivel relativo, cada uno está en un sitio, en una etapa, con ciertas capacidades cognitivas, atencionales, aflictivas, conocimiento, experiencia y demás; y eso lo tenemos que reconocer, eso lo tenemos que aceptar. Eso no define nuestro valor, define nuestra situación logística, en dónde estamos y cuáles son los recursos inmediatamente disponibles.
Si no tenemos esa claridad de reconciliar nuestro estado absoluto y nuestro estado relativo, caemos en dos extremos:
- Podemos caer en el extremo de autodesprecio, desvalorarnos, que es muy dañino, a lo mejor incluso más dañino que la arrogancia.
- O el extremo de sobreestimarnos, de exagerar nuestras cualidades inmediatas.
Normalmente somos los dos al mismo tiempo, hay baja autoestima y como compensación proyectamos una imagen de mucha competencia, intentamos convencer a otros que somos muy importantes, muy valiosos y muy competentes y esa necesidad de ser validados por otros es un síntoma de que nosotros no estamos a gusto con quienes somos, no tenemos una autoestima sana.
Menosprecio y arrogancia van mano a mano, y son muy dañinas, porque crean mucha palanca emocional, entonces, cuando tenemos que tomar decisiones importantes en nuestra vida y necesitamos ser transparentes con nosotros mismos, muy honestos, y realmente elegir lo que es más ventajoso a mediano y largo plazo, esa palanca de baja autoestima y arrogancia nos lleva a buscar la compensación de los ocho dharmas mundanos y se corrompe el proyecto espiritual, se convierte en materialismo espiritual; hacemos el gesto de prácticas espirituales, pero en realidad, estamos persiguiendo los ocho dharmas mundanos, pero en otro ámbito, en otro deporte, en el deporte tibetano, en el deporte espiritual.
El karma como motor de samsara
El mensaje principal, la razón por la cual el eje de esta rueda son los estados aflictivos —empezando particularmente con la ignorancia fundamental, el egocentrismo y después la variedad de estados aflictivos— es que esa energía es el motor de samsara. El motor de samsara viene de los estados aflictivos que nos llevan a actuar de forma exagerada, desproporcionada y de acuerdo a la necesidad de ese momento.
Cuando se apodera de nosotros un estado aflictivo —el enfado, la ira, el rencor— podemos decir que incluso secuestra la mente y lo que está en tu mente, a nivel aflictivo, emocional, se expresa con actitud, se expresa con pensamientos negativos autodestructivos, se expresa como palabras hirientes, como sarcasmo algunas veces, y se expresa como una conducta nociva, dañina, que nos daña a nosotros y a los demás. A esa expresión le llamamos karma, que se puede expresar a través de estos tres portales: cuerpo, palabra y mente.
Sobreestimamos el cuerpo y no valoramos mucho el karma verbal y el karma mental, y la mayoría del karma que creamos es mental y verbal. Ahora están casi inmóviles, no están creando mucho karma físico, pero con el pensar y algunas veces el hablar, sí creamos karma muy impactante.
Esto lo vamos a ver representado en el primer anillo que rodea estos tres venenos, estas tres afliciones internas. Aquí lo vemos dividido a la mitad: un karma negro y un karma blanco. En el karma blanco, vemos a seres que están avanzando hacia arriba, podemos decir evolucionando; y en el lado negro, vemos a seres que están descendiendo o involucionando.
Esta es la primera gran lección de esta presentación budista: que existe tal cosa como la involución, porque hay muchas tradiciones, no sólo de nueva era, hay algunas tradiciones muy antiguas que creen que no existe la involución, que una vez que tú piensas algo, sabes algo, tienes algún sentimiento positivo, sólo puede ir a mejor. Incluso muchos proponen que somos parte de un plan cósmico, en el que hay una evolución planetaria, una evolución galáctica, una evolución universal, casi como si estuvieras en una escalera mecánica de una tienda, en el aeropuerto, que va subiendo. Eso no es así. Si fuera así, ya estaríamos todos en la azotea, iluminados, hemos vivido vidas sin principio, o sea, todo depende de lo que hacemos, las causas que creamos dictan, definen el efecto; las semillas que plantamos corresponden a la cosecha.
La primera ley del karma es que toda acción produce un efecto, a eso le llamamos eficacia causal; toda acción, todo movimiento volicional tiene repercusiones personales. Si hay movimientos involuntarios, no producen karma, como cuando tenemos un espasmo muscular, por fiebre o por equis razón, eso no produce karma. Pero cuando hay un movimiento volicional —no tiene que ser perfecta atención y conciencia, no estamos en samadhi— pero, en la medida en que nosotros elegimos, actuamos, en esa medida se crean consecuencias internas y externas para nosotros.
La segunda ley del karma es que hay correspondencia entre el tipo de causa y el tipo de efecto: una semilla de arroz produce arroz, no tomates. Una acción generosa produce abundancia; una acción de engaño, manipulación, produce sufrimiento. Lo difícil para reconocer la ley del karma es la distancia entre la causa y el efecto: hay un retraso entre el acto y el efecto, la semilla y el fruto. Algunas veces hay karma instantáneo, muy rápido, pero algunas veces toma tiempo, es hasta que se reúnan las causas y condiciones.
Un ejemplo: Resido en el centro Paramita, en Pedreguer, Alicante, con un grupo de personas muy sanas que residen allí, y colaboran en este bello proyecto. Si yo tuviera un karma de ser robado, si en otra vida o en mi niñez yo robé algo y hay ese karma pendiente de que alguien se apropie de algún bien mío, no ocurrirá en el centro, porque no hay ladrones, entonces, ese karma no tiene con quién ejecutar, tiene que esperar hasta que yo llegue a Madrid, y esté en el metro de Madrid y me quede dormido con la cartera o con la bolsa abierta. Ahí el karma se empieza a frotar las manos. Por esa razón, hasta que no se den todas las causas y condiciones, no madura el karma.
Todo el mundo cree en el karma, todo el mundo, sino, nadie se levanta de la cama. Todo el mundo, de alguna manera, cree que puede tener un impacto favorable en su vida, que sus acciones tienen algo de peso, de significancia. El problema es que tenemos una visión parcial del karma, creemos que algunas acciones son más importantes que otras. Pero el karma es una ley natural, no es una ley social, no es una ley religiosa, es independiente de la legislación, independiente de las normas sociales: si uno actúa en contra de la realidad, en desarmonía con la realidad, vamos a sentir el viento de frente; si uno actúa en armonía con la realidad, vamos a sentir el viento en la espalda, que nos favorece.
Lo que está representado en estos dos anillos y en los dos siguientes es el sistema de samsara automatizado. Automatizado quiere decir cómo funcionamos condicionados por los velos de ignorancia, egocentrismo, afliciones y karma negativo, patrones conductuales.
Podemos dividir el desarrollo, la evolución del ser en tres macroetapas:
- Etapa base — cuando uno es inconsciente de lo que realmente nos está afectando, cuando uno no conoce las Cuatro Nobles Verdades.
- Etapa camino — en la cual uno conscientemente está cultivándose, está desarrollándose con el Dharma hacia la liberación.
- Etapa resultado — la liberación, la iluminación.
Lo que se representa aquí, en el Bhava Chakra, es la etapa base. Si salen de este fin de semana inspirados y quieren saber más sobre esta etapa base, les recomiendo leer sobre las cuatro nobles verdades. Hace poco di un curso sobre ello que se llama El Sendero Noble y en ocho o diez lecciones explico esta primera enseñanza del Buddha que, para mí, es la más importante, porque plantea la premisa de cómo distinguir samsara de nirvana; cuáles son las causas de samsara —que es lo que estamos aprendiendo ahora— y, si estamos libres de esas causas, cuál es el estado de nirvana que surge, y después el camino óctuple para ir desde donde estamos hacia esa liberación. Es un curso gratuito que está en la plataforma, se llama El Sendero Noble, y en el que noble quiere decir la realidad desde la perspectiva de un iluminado; noble es nuestra traducción para la palabra arya o iluminado.
Nos anticipamos un poco, podemos parar aquí. Hasta ahora hemos visto que hay dos categorías amplias del karma:
- Karma mundano: positivo, negativo y neutral.
- Karma espiritual: acciones que nos dirigen a la liberación del samsara (pratimoksha) y acciones que nos dirigen a la Iluminación completa del Buddha, que llamamos bodhichitta.
Es útil comprender que la designación de karma mundano como negativo, positivo y neutral es una mera convención. Quiere decir que este tipo de acciones van a producir una situación afortunada, que la etiquetamos como positiva; una situación desafortunada, que etiquetamos como negativa; o una situación cotidiana, predecible, continua, que etiquetamos como neutral. Pero para un practicante espiritual, las tres situaciones son terreno fértil, son aprovechables para crecer y madurar.
Hay una estrofa muy interesante de Sakya Pandita que dice que un ser noble —alguien que tiene cualidades y virtudes, y que se ha adueñado de los estados espirituales—, cuando enfrenta dificultad, adversidad, crece más, brilla más, saca aún más cualidades de sí mismo. La analogía que da Sakya Pandita es la de una vara encendida o un palo que tiene la punta en llamas, una antorcha que, cuando la bajas, arde más, quema más, encuentra más combustible. Para un ser noble, que se ha adueñado de sí mismo, que no vacila con los altibajos, que no es afectado por las circunstancias, cuando hay más en juego, más movimiento, más presión, mejor opera; cuanto más presión, mejor se comporta.
Un bodhisattva es todoterreno, quiere decir que puede florecer en todas las circunstancias y, cuando hay dificultades, incluso hay más con qué trabajar.
Preguntas y Respuestas
P1. Impermanencia y mente natural: ¿contradicción aparente?
Pregunta: La duda que me surge es en torno a la impermanencia, porque se nos dice que uno de los problemas de la ignorancia es que no vemos que todo cambia, creo que es una de las ideas centrales que estaban en la primera parte de la charla y en general en el budismo. Pero luego también se nos dice que hay una mente natural que es constante, que tiene una paz permanente. Mi pregunta es: ¿puede arrojar un poco de luz sobre esa posible aparente contradicción entre la idea de que todo cambia, pero que también hay un nirvana o una mente natural que permanece y que no cambia?
VKR: Muy bien. Muchas gracias por la pregunta. Yo no dije que permanecía y que no cambiaba. Es un tema muy delicado, en el budismo somos muy renuentes a hablar de alma y espíritu, porque es muy fácil reificar un yo absoluto y el budismo es la única tradición que trasciende el yo personal; el Buddha introdujo la idea de anatman, el no ser o el no alma. Eso por supuesto no quiere decir que no tenemos mente, no quiere decir que no tenemos espíritu, que no tenemos alma, que no tenemos mente primaria, mente natural, mente prístina, sólo que no es rígida, no tiene existencia inherente, no le damos estatus absoluto.
El peligro es caer en uno de los dos extremos: en el extremo de existencialismo, en el que estamos instalando un yo absoluto; o el otro extremo del nihilismo, donde estamos negando todo. El budismo es el camino del medio, más allá de estos extremos conceptuales que no tienen mucho que ver con la realidad, tienen que ver con nuestro concepto abstracto de la realidad y nuestra mente conceptual es binaria, binaria quiere decir que se tiene que decantar por un extremo o por otro.
En la mayoría de la literatura budista, en toda la literatura mahayana, se suele emplear términos negativos, porque nosotros estamos en el extremo del positivismo, el extremo del existencialismo. Entonces, usamos la palabra vacuidad para referirnos a un estado absoluto, que ni es existente, ni es no existente, o hablamos de impermanencia, que es negativo, y es simplemente porque el péndulo, hoy en día, está inclinado hacia el existencialismo.
Cuando el mahayana usa el término naturaleza búdica, no le está atribuyendo una existencia inherente, absoluta; y cuando el vajrayana usa la palabra tantra o continuo mental, no está estableciendo una existencia última, y cuando se usa un término que se refiere al estado último de la mente, como rigpa, mente prístina o la pura cogniscencia, no estamos reificando la existencia del yo, pero tenemos que comunicarnos, tenemos que usar palabras.
No hay que confundir el dedo con la luna, el dedo está señalando la luna, las enseñanzas del Buddha son una pista para que tú encuentres la verdad dentro, primero para que, a través de la reflexión, llegues a tener coherencia interna en tu propio vocabulario, y después, con esa coherencia interna, puedas experimentar intuitivamente, más allá de los conceptos, esa realidad. Todo lo que leemos, todo lo que pueden escuchar de mí u otros maestros es una pista, no es la verdad, son símbolos que indican, aproximan, señalan la realidad. Tú tienes que tomar esos símbolos y decodificarlos en tu propio lenguaje natural y armar ese rompecabezas para que haya coherencia interna. Luego, con esa seguridad, tratas de integrar esa verdad y, a través de la meditación, penetrar la capa de conceptualidad y acceder a esa verdad.
Puede ser amor, podemos escribir libros de amor, podemos hacer ensayos de amor, podemos dar enseñanzas sobre técnicas meditativas o protocolos a seguir para desarrollar el estado de amor, podemos hablar de tres niveles de amor, cinco, siete niveles de amor, pero eso no es amor, son simplemente pistas, señalizaciones, indicaciones, claves para que tú descubras el amor dentro de ti, primero teóricamente y después experiencialmente.
No queremos caer en el extremo de Krishnamurti. Fue un genio, un gran intelectual del siglo pasado, pero tiene un gran defecto: no le gustan los términos, solo le gusta el estado resultante. Entonces dice: incluso la meditación, técnicas meditativas, ¿para qué?, simplemente aborda el presente, simplemente aborda el amor. Es muy elegante, pero no es operativo, hay que hacer. Es tan importante reconciliar la sabiduría —prajna— con —upaya—, con metodología, con medios habilidosos, con yogas que nos conectan, nos aproximan a esa realidad.
Es útil describir la realidad como relativa y absoluta; es útil hablar de la mente en diferentes niveles —conciencia burda, conciencia sutil y conciencia muy sutil, y la muy sutil se puede denominar natural, prístina y demás—, pero esto no está diciendo que esa mente es permanente, diciendo que esa mente es absoluta, que tiene existencia propia, que tiene forma, que tiene tamaño, que se encuentra en el tiempo y espacio. No estamos diciendo eso.
P2. Esperanza y miedo: ¿cuál es el punto del medio?
Pregunta: Estuvimos hablando acerca de la esperanza y miedo como el actor primario que nos lleva a actuar. ¿Considero estos dos como extremos? Me gustaría saber si de la esperanza y el miedo, saliendo de estos dos extremos, cuál sería el punto del medio. Y reflexionando un poco, he llegado a una conclusión de pensar que refugio y bodhichitta serían la forma de salir de estos dos extremos para tener una motivación más pura. ¿Y si entonces, a través de esta motivación, se generaría un karma espiritual?
VKR: Muy bien, pues sí, renuncia, refugio y bodhichitta son la solución para cambiar el sistema operativo. Cuando hablamos de esperanza y miedo como las dos energías tóxicas primarias del egocentrismo, tenemos que reconciliar o extraer aspectos positivos. Hay miedo que es necesario y hay esperanza que es muy valiosa. Es muy importante, por supuesto, saber medir el riesgo y es muy importante tener una mente positiva, que cree que el mundo puede mejorar, que la sociedad puede mejorar, que yo puedo mejorar. Si no tenemos ese nivel de positivismo, ese nivel de optimismo, caemos en el otro extremo del pesimismo, donde nos damos por vencidos, por derrotados.
Algo que ayuda a comprender si algo es dañino o ventajoso, tóxico o sano, no es la cosa en sí la mayoría de las veces, sino cómo nos estamos relacionando. El quid de la cuestión es la relación y el término paraguas que explica la relación dañina, es apego. Hoy en día, como en psicología, el apego tiene algunas connotaciones favorables, para el apego afectivo que tienen los padres por los hijos y demás, usamos la palabra aferramiento.
Podemos tener una relación dañina con el futuro, pero no debemos adoptar la postura simplista de la Nueva Era que dice: olvídate del futuro, vive el presente, eso no es operativo. Necesitamos tener expectativas, tenemos que tener metas y objetivos, tenemos que hacer planes, pero esa relación con el camino hacia la meta y el objetivo tiene que ser sana. Si es tóxica, le llamamos apego y aferramiento. Y hay varias maneras que podemos dar a entender cómo se corrompe esa relación:
- Una es recompensa personal: hacemos las cosas porque nos ayudan y nos benefician, pero si queremos desarrollar algo como parte del juego que suma cero en donde otros tienen que perder para que yo gane, eso corrompe esa meta.
- El otro aspecto se llama aferramiento al resultado: la búsqueda de resultados en esta vida, y apego al resultado es la búsqueda de beneficio personal en futuras vidas, es decir básicamente ni pratimoksha, ni bodhichitta.
Desde la perspectiva del Buddha, lo que realmente es una relación sana es si todo es un peldaño para la iluminación. Si alguno de estos peldaños se convierte en un destino, esa actitud —«con esto basta, si me toca esto, basta; si sale este proyecto, basta»— es un autoengaño y nos va a defraudar.
Entonces, si vemos todos los logros como un punto de partida, como una plataforma que nos empodera a dar un paso aún más grande hacia el despertar de todos los seres, eso es sano. Pero si vemos los mini logros como el logro final que va a dar satisfacción completa para mí o garantiza mi porvenir, no va a ser completamente satisfactorio, no va a atender nuestra profunda necesidad, ese anhelo al bienestar completo.
El egocentrismo produce esta energía que tiene estas dos caras: esperanza y miedo, que busca logros cercanos, que busca conquistas cercanas. Pero hay la esperanza de que «esto que va a pasar, que voy a conseguir me va a resolver, me va a completar, me va a saciar», «finalmente voy a tener paz». Eso es un autoengaño, es la desesperación que tiene alguien que está perdido en el desierto, que a la distancia ve un espejismo y quiere encontrar ese oasis en el medio del desierto. Nosotros estamos perdidos en el desierto de samsara y proyectamos espejismos en todos los sitios. Eso es la esperanza tóxica; nos acercamos y cambia de sitio, y eso produce miedo. Por supuesto debemos tener una relación sana con el futuro, tener expectativas realistas, tener objetivos, pero sin aferrarnos, sin pensar que es el destino absoluto, final, total.
P3. Factores externos y mente rumiante: ¿cómo navegar?
Pregunta: Respecto a los factores externos, con un ejemplo concreto: en tu día a día hay alguien en el trabajo a quien le caes mal y eso es un factor externo, eso influye en tu trabajo e influye en la manera de relacionarte, influye en el estado de ánimo y en el trabajo con esta persona. ¿Qué consejo daría para navegar con esto, si te está afectando bastante? Y luego, relacionado con esto, ¿qué consejo daría cuando tu mente tiende a obsesionarse con algo que ha ocurrido, que te ha afectado y consideras malo? Es decir, cuando te ocurre algo que a ti puede ofenderte de algún modo, o algo que te preocupa y tu mente tiende a agarrarse a eso que te preocupa cuando tú meditas y te das cuenta que tienes eso en la cabeza y sigue, sigue y sigue.
VKR: Vamos al primer caso que es algo muy típico, en este mundo no le caemos bien a todos. Por muy dulces que seamos, por muy moderado que seamos, siempre vamos a inquietar a alguien, y más si queremos hacer las cosas bien, vamos a inquietar más, si queremos innovar y ser un pionero, vamos a inquietar aún más.
No podemos estar en control del parecer de los demás, sólo podemos controlarnos a nosotros y si nos afectan los comentarios, el parecer de los demás, es un síntoma de que no estamos en control de nosotros mismos, no tenemos seguridad, quiere decir no confiamos en nuestro propio criterio y ese vacío da lugar a que la opinión de otros haga demasiada palanca. Pero si tú estás muy seguro, tienes mucha confianza de ti mismo, puedes estar enfrente de un grupo de cien personas que te están diciendo «tú estás equivocado, esto no sirve», y tú estás muy tranquilo, porque tú ya has desarrollado el experimento, ya lo has comprobado, ya tienes evidencia.
No hay innovador en la historia que no haya enfrentado esa resistencia. Inicialmente —como dice Gandhi— te ignoran, simplemente porque eres insignificante. Si haces demasiado ruido, entonces se burlan de ti, porque ya estás amenazando el estatus quo. Y si ganas algo de terreno, de audiencia, entonces hay pelea directa. Me gustaría agregar un cuarto paso: después construyan una estatua en tu honor, como en el caso de Gandhi.
Pero en la ciencia, en el arte, a nivel de literatura, a nivel espiritual, siempre pasa eso. Hay que enfrentar la oposición, ser una oveja negra si quieres introducir innovación. El único que no recibe crítica es el que no hace nada. El hecho de que estemos trabajando, inquieta. Cuando alguien te critica, esa crítica dice más de la persona que te critica, que de ti. Tú a la vez tienes que ser muy sensato, por supuesto, y aceptar toda la crítica constructiva, te puede ahorrar diez años de investigación. Hay maestros que vienen de todas formas, vienen en forma de niños de cinco años que dicen barbaridades atrevidas.
Y el segundo punto es: «Sé que la solución es meditar y cuando intento meditar, surge esta mente discursiva que empieza a rumiar sobre algo que ha sucedido, y tiene su propia energía y me consume, me agota, me atrapa». Es muy importante superar esa fusión cognitiva que sucede cuando un pensamiento involuntario nos llama la atención, se convierte en una amenaza para la meditación; pero cuando se apodera completamente de nosotros y nos olvidamos que estamos meditando, eso es fusión cognitiva, lo que se llama una distracción burda.
Nuestra primera misión en meditación es superar las distracciones burdas, la fusión cognitiva, y eso se tiene que hacer fortaleciendo el músculo de mindfulness e introspección. Ayuda mucho la relajación; hay mucha tensión que cargamos en el cuerpo. Si invertimos más minutos en relajar el cuerpo, y mantenemos una postura erguida, hay menos probabilidad de que pensamientos involuntarios se estanquen de forma cíclica en nosotros.
Ve el desarrollo de shamatha, de atención plena, de calma mental, como dos vías de desarrollo paralelo:
- Tenemos que fortalecer el equilibrio atencional, ejercitando el músculo de mindfulness e introspección.
- Simultáneamente, la mente deconstructiva: vamos a eliminar el apego.
¿Por qué? Porque los pensamientos no son el enemigo, las memorias no son el enemigo, alguien que está tosiendo no es el enemigo. Todos esos pensamientos involuntarios se convierten en distracción cuando se enganchan con un aferramiento, con un apego. Si nosotros trabajamos conscientemente a ser más aerodinámicos, a pulir todas esas astillas en donde se enganchan los pensamientos, tener menos esperanza, menos miedo, menos obsesiones, procesar los eventos del pasado, sanar los mini traumas que hemos tenido; entonces podemos tener muchos pensamientos involuntarios y ninguno se estanca, ninguno se engancha, porque no encuentra receptor, no encuentra qué le provoque.
El secreto de la práctica de shamatha es, por un lado, desmantelar el aferramiento, el apego, y por el otro, construir el equilibrio atencional fortaleciendo mindfulness —que yo llamo recolección e introspección—. Para acelerar ese proceso, la generosidad es muy importante, la paciencia es muy importante, el amor y la compasión son muy importantes, no sólo en reducir el apego sino en neutralizar la reactividad del egocentrismo, que es lo que engancha a esos pensamientos involuntarios.
El capítulo de la meditación de Shantideva, del Bodhisattvacharyavatara, hay un capítulo completo —aparentemente, supuestamente sobre la meditación—. Shantideva no toca el tema de la meditación. Sólo habla de dos cosas: desapego y altruismo, porque esa es la mejor manera de producir un estado meditativo, de absorción meditativa.
Muy bien, entonces con esto concluimos esta sesión.
DEDICATORIA DE MÉRITO