Lección 6
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PANORÁMICA DE LA LECCIÓN


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🙏 Su Santidad Sakya Trizin

Lección 6

Con la motivación correcta y también con la actitud correcta, ahora estamos estudiando la preciosa enseñanza llamada Bodhisattvacharyavatara, del gran Acharya Shantideva. Estamos ahora en el capítulo de la confesión. Especialmente en la primera de las dos partes principales que dice, 'purificar el continuo mental'.
Esta sección también tiene ocho subsecciones. Ahora estamos en el…
El primero, 'ofrecimientos'; el segundo, 'postraciones'; tercero, 'refugiarse'… ya explicados. Ahora el cuarto, que es 'confesión de actos negativos'. Y este también tiene dos partes: 'significado general' y 'significado del texto'. Ahora estamos en el 'significado del texto', que también tiene cuatro subsecciones principales. Primero, 'el poder del remordimiento', que ya ha sido explicado. Ahora el segundo, 'el poder del apoyo o altar'.

2.2.2.2.2.1.1.4.2.B. El poder del apoyo o altar

Y 'el poder del apoyo' también tiene tres secciones. Primero, 'razones para refugiarse'; segundo, 'objetos en los que nos refugiamos'; tercero, 'significado del modo en que uno se ha refugiado'.
Primero, la 'razón para tomar refugio'. Esto también tiene dos partes: 'enseñanza breve' y 'explicación extensa'.
Primero, la 'enseñanza breve'. La razón por la que tenemos que confesar y sin ninguna demora. Sin ningún aplazamiento porque en general, como todos sabemos, la vida es impermanente. Nosotros, los seres humanos, no tenemos una duración de vida fija, no todo el mundo vive el mismo año ni alcanza la misma edad. Las personas mueren a distintas edades, como todos podemos ver y oír. Por lo tanto, deberíamos esforzarnos por confesar todos nuestros actos negativos sin ninguna demora porque uno podría morir antes de purificar los propios actos negativos. De hecho, esto en el texto raíz se corresponde con la estrofa número 2.32:
«Puede que la muerte se presente ante mí
antes que todo este mal haya sido purificado;
por eso os pido que con celeridad me protejáis
para que me libere con certeza».
Antes de purificar los actos negativos, uno podría morir. Y si uno muere sin purificarlos, entonces, como resultado o como consecuencia, renacerá en los reinos inferiores. Una vez que uno ha caído en los reinos inferiores es muy difícil liberarse de los actos negativos o liberarse de los reinos inferiores. Por ello, se suplica a las Tres Joyas que nos rescaten pronto, antes de que renazcamos en los tres reinos inferiores. Antes de eso se desea purificar los actos negativos.
Y ahora, la 'explicación extensa', que también tiene dos partes: 'generar la mentalidad de refugiarse mediante la contemplación acerca de la prontitud de la muerte', y segunda, 'generar la mentalidad de refugiarse mediante la contemplación acerca del gran miedo a la muerte'.
Primero, 'generar la mentalidad de refugiarse mediante la contemplación acerca de la prontitud de la muerte'. Esto también tiene tres subsecciones.
Primero, 'enseñanza breve' que corresponde a las estrofas 2.33 y 2.34. En el texto raíz se dice:
«El Señor de la Muerte es impredecible
y no espera, estén hechas o por hacer nuestras tareas.
Estemos sanos o enfermos, no hay certeza
de si llegará o no inminentemente».
Ahora, en la estrofa 2.34 se dice:
«Tendremos que partir y dejarlo todo.
Pero por no haberlo comprendido,
debido tanto a mis amigos como a enemigos
he cometido múltiples actos dañinos».
La razón por la cual uno necesita ser rescatado rápidamente o en poco tiempo es porque la vida es incierta: es seguro que uno morirá. No hay nadie que haya nacido y que no haya muerto; todos los que han nacido morirán con certeza. Por lo que es seguro que se morirá, pero no es seguro cuándo se morirá. Como todos sabemos, algunos mueren en el vientre materno, otros justo después de nacer, etc. Otros viven hasta los 100 años o más de 100. Así que las personas mueren a distintas edades, no hay una duración de vida determinada.
Por eso no se puede confiar en el Señor de la Muerte, nunca se sabe cuándo el Señor de la Muerte se llevará la querida vida de uno. Como se dice en una de las enseñanzas: "Mañana o la próxima vida, ¿cuál llegará primero?". Nunca se sabe. No se puede decir que por ser joven y estar sano, mañana llegará antes que la próxima vida, ya que no es seguro. Las personas jóvenes, sanas pueden morir antes de mañana. Uno puede morir repentinamente debido a muchos factores externos como un terremoto o un accidente de coche o muchos, muchos otros factores que pueden arrebatar la vida a uno. Es cierto que uno nunca sabrá si llegará primero mañana o la próxima vida; nunca se sabrá.
No se puede confiar en el Señor de la Muerte, él puede llevarse la vida de uno en cualquier instante, cualquier día. Cuando el Señor de la Muerte desea llevarse la vida de uno, en ese momento él no se fijará en si uno ya ha purificado sus actos negativos o no, eso no importará; ciertamente se llevará la vida de uno.
Tampoco se puede confiar en que la vida o esta vida vaya a durar mucho tiempo: aquellos que están enfermos o los sanos pueden morir en cualquier instante. No significa que solo la persona enferma pueda morir pronto y que la persona sana no morirá pronto. No podemos decir eso; incluso una persona sana y joven puede morir en cualquier momento, cualquier día. Por lo tanto, uno no puede saber cuándo tendrá que abandonar esta vida o este cuerpo.
En el momento de la muerte, uno debe abandonar todas sus posesiones, a todos los familiares, amigos y enemigos. Solo uno mismo tiene que irse. Uno mismo significa que ni siquiera se puede llevar el propio cuerpo, que ha estado con uno desde la concepción hasta la muerte. Ni siquiera este cuerpo, que siempre ha estado con nuestra alma o con nuestra mente, las 24 horas, siete días… incluso este cuerpo debe quedarse atrás, y solo la mente ha de continuar. Y como no sabíamos esto antes, por ignorancia, ayudamos a nuestros amigos y familiares, y lastimamos a quienes no nos agradan. Por pensamientos egoístas, tenemos dos bandos: a quienes tenemos apego –nuestros familiares y amigos–, y luego está el otro bando o aquellas personas a quienes odiamos. Así pues, por ira y apego cometemos muchos actos negativos. Por apego hacia nuestros familiares y amigos también cometemos muchos actos negativos. [Y por ira hacia otros, como enemigos… también cometemos muchas acciones negativas].
Por ello, uno debe tomar refugio en las Tres Joyas sin ninguna demora. Primero, uno debe tomar refugio porque ha cometido muchos actos negativos por apego a nuestros familiares y amigos o por ira [hacia] nuestros enemigos. En segundo lugar, debemos confesar todo esto sin ninguna demora porque la vida es impermanente; nunca se sabe si mañana o la próxima vida llegará primero. Nunca se sabe.
Estas son las razones por las que tenemos que purificarnos y confesar nuestros propios actos negativos sin demora.
Ahora viene la siguiente, 'explicación extensa', que corresponde a las estrofas 2.35, 2.36 y 2.37. Se dice:
«Mis enemigos dejarán de existir,
mis amigos dejarán de existir,
yo también dejaré de existir.
Y todo, del mismo modo, dejará de existir».
La estrofa 2.35 significa que los enemigos o adversarios de uno morirán, sin matarlos, morirán porque la vida es impermanente. Además, aunque hagamos todo el esfuerzo posible para proteger la vida de nuestros familiares y amigos, aun así, morirán. Del mismo modo, todos los seres morirán, todas las posesiones se echarán a perder, y uno mismo también morirá. Y todos los seres también morirán en cierto momento.
Significa que hay tres tipos de grupos: uno mismo, por un lado; los familiares y amigos como el segundo y, en tercer lugar, los enemigos o adversarios. Los tres, sin necesidad de matarlos, los tres tipos de grupos, los tres bandos morirán porque la vida es impermanente.
Si uno mira hacia atrás, más de un siglo atrás, en este mundo tuvimos la Primera Guerra Mundial, hace cien años. En ese tiempo estaban luchando los unos contra los otros. Los seres humanos luchaban entre sí. Y ahora, si uno mira la situación actual, después de más de cien años, nadie de aquella época sigue vivo, todos se han ido. Todos han muerto ya, ya sea que fueran asesinados o por muerte natural. Pero, en cualquier caso, ya no están, ya no viven. En aquel tiempo, esos seres tenían seres queridos y también enemigos. Si uno mira atrás, ellos mismos ya no están aquí ahora. Y sus enemigos tampoco. Y sus seres queridos tampoco están aquí en este momento, en el año 2025. Tal vez haya algunas excepciones, tal vez pocas; algunas aún vivas, tal vez. Pero el 99% de esa población mundial de aquella época ya ha desaparecido.
Tal como dice aquí la enseñanza, uno mismo morirá, los enemigos morirán, los seres queridos morirán y todos los seres morirán, todos son impermanentes. Pero los actos negativos que hacemos por ellos, por nuestros seres queridos –por apego– y por los enemigos –por ira–, esos actos negativos no desaparecerán sin producir su consecuencia.
Y en la misma subsección, la estrofa 2.36 dice:
«Todo aquello de lo que ahora disfruto,
igual que lo que se percibe en un sueño,
pasará a ser solo un recuerdo
y habiendo pasado no volverá a ser visto».
Aunque uno piense que al complacer a sus seres queridos, la felicidad y el gozo que experimentamos al complacer a nuestros seres queridos, este tipo de felicidad y gozo nos pueda seguir a la próxima vida, la respuesta es no, no nos seguirá. Este tipo de experiencia de gozo y felicidad se convertirá después en recuerdo, historia o memoria. Ese tipo de gozo, de felicidad no permanecerá mucho tiempo. Cambia.
Por ejemplo, si el año pasado comimos una comida muy sabrosa, ahora es solo un recuerdo, es historia, no podemos disfrutar de aquella comida sabrosa del año pasado. Ahora es solo un recuerdo. En aquel momento, claro, fue sabrosa, te dio gozo, pero dura solo un breve período de tiempo. No puedes conservar ese gozo de haber comido esa comida deliciosa el año pasado o prolongarlo durante meses y meses o años. Ese tipo de gozo, ese tipo de felicidad desaparece, no permanece por mucho tiempo.
Del mismo modo, el gozo de estar con nuestros seres queridos, amigos, cuando nos separamos se convierte en un recuerdo. Después de separarnos, tras ir a otro lugar, a otro destino, no podemos mantener ese tipo de gozo, no podemos continuarlo, ya que desaparece, se convierte en recuerdo, se convierte en historia, por así decirlo… como en nuestros sueños. En el sueño, si experimentamos gozo mundano y felicidad por comer comida deliciosa o por haber pasado un buen rato con nuestros familiares y amigos, al despertar, el gozo que tuvimos en el sueño se convierte en recuerdo. No podemos continuar con ese gozo que tuvimos en el sueño. No podemos continuar con ese gozo en nuestra vida diurna. Al despertar del sueño, toda esa experiencia de gozo y felicidad se convierte en recuerdo, no se puede mantener. Por eso se dice en la estrofa 2.36:
«Todo aquello de lo que ahora disfruto,
igual que lo que se percibe en un sueño,
pasará a ser solo un recuerdo
y habiendo pasado no volverá a ser visto».
No podemos ver el recuerdo. En la misma subsección, la estrofa 2.37 dice:
«Incluso en el breve curso de esta vida
muchos amigos y enemigos pasaron ya;
pero todo el mal que por ellos cometí
permanece atrozmente ante mí».
En nuestra vida, cuando nacemos no conocemos a nadie, ni siquiera a nuestros padres. Pero a medida que pasamos más y más tiempo, como días y semanas, llegamos a reconocer a nuestra madre, reconocemos a nuestro padre. Y, poco a poco, conocemos a más y más personas. Y al envejecer conocemos a más personas aún; y, al mismo tiempo, conocemos personas que ya han muerto. Cuando envejecemos decimos: "Oh, yo conocía a esta persona… ya ha muerto. A aquel también lo conocía, pero ya está muerto". Al envejecer, más y más personas conocidas están muriendo o han muerto. Esa es la naturaleza para todos nosotros, tenemos esa misma experiencia. Cuando envejecemos, conocemos más gente, pero al mismo tiempo sabemos que esa gente conocida va muriendo. Nuestros amigos o enemigos o quienes sean, mueren. Podemos contar muchas personas, y ahora todas están muertas.
En nuestra vida, por apego, hacemos muchos actos negativos por nuestros seres queridos. Por ira, hacemos muchos actos negativos contra quienes detestamos. Pero esos seres queridos y esos enemigos, al envejecer, sin necesidad de matarlos, morirán. Ellos morirán y uno mismo también morirá. Pero los actos negativos que cometimos por nuestros seres queridos o por quienes detestamos, ese tipo de karma no desaparecerá sin producir resultado negativo, que es el sufrimiento. Aunque cometamos actos negativos por nuestros seres queridos o por nuestros enemigos, el karma es cometido por uno mismo. Ese karma no se puede compartir con ellos: el karma que cometemos por nosotros mismos debemos cargarlo nosotros mismos. Debemos experimentar el resultado de ese karma nosotros mismos; aunque lo hayamos hecho por ellos, el acto lo cometimos nosotros. Por lo tanto, el resultado de un acto solo será experimentado por uno mismo. No podemos compartir el resultado ni el sufrimiento de nuestros actos negativos con otros, aunque los hayamos hecho por ellos, por los demás. El resultado o consecuencia solo lo experimenta uno mismo en soledad, no podemos compartirlo con otros. Toda la propensión de nuestros actos negativos espera a que uno mismo los experimente. Y ese resultado o consecuencia será experimentado por uno mismo.
Y cuándo se experimentará, no es seguro. A veces, el resultado de nuestros actos negativos se manifiesta en una semana, un mes, un año o así. O puede madurar al final de esta vida –cuando envejezcamos– o puede madurar en la próxima vida o después de unas vidas o después de muchas vidas. ¿Cuándo madurará? Es algo que no podemos saber. Este tipo de cosas es una parte muy sutil de la ley del karma, es algo que está más allá de nuestro pensamiento. Por ejemplo, plantar una semilla –la semilla de arroz o de grano– en tierra fértil. Si tenemos todas las condiciones correctas como la cantidad adecuada de humedad, la cantidad adecuada de fertilizante, la cantidad adecuada de agua y el clima adecuado, entonces sabremos que, tras plantar la semilla, después de unos meses obtendremos el resultado de la cosecha. Este tipo de ejemplo es la parte burda de la ley del karma o de causa y efecto.
Nuestros propios actos después de realizarlos, cuándo madurarán en nosotros es algo que es más sutil, una causa y efecto más sutil. Así que ese tipo de cosas es algo que está más allá de nuestro pensamiento. Pero, en cualquier caso, si no nos confesamos adecuadamente, con certeza madurará en nosotros, eso es seguro. Pero no sabemos cuándo madurará en nosotros si no confesamos adecuadamente, con los cuatro poderes completos. Si no confesamos, sin duda nuestros actos, el resultado de nuestros actos nos estará esperando o madurará en nosotros en el momento oportuno. Es como si nos estuviera esperando.
Cuando decimos uno mismo no significa necesariamente este cuerpo presente que comete actos negativos. El resultado puede madurar en este cuerpo o en la próxima vida o tras unas vidas o muchas vidas, pero es el mismo continuo mental el que recibe ese resultado o el que experimenta ese resultado.
Ahora, el 'resumen', que son las estrofas 2.38 y 2.39. Dicen:
«Sin haber tenido en cuenta
que yo también soy transitorio,
he causado innumerables males
por el odio, el apego y la ignorancia».
Creo que aquí por el odio, el apego y la ignorancia se refiere a 'los tres venenos mentales'.
Ahora la estrofa 2.39:
«Sin detenerse, día y noche,
la vida transcurre inexorablemente.
Si no es posible extenderla,
¿tengo otra posibilidad más que la de morir?»
Es decir, jamás pasó ese pensamiento por mi mente. Uno no se da cuenta de que su vida es temporal. Por ignorancia, uno no se da cuenta de que su vida es impermanente. A causa de los pensamientos venenosos o debido a la ignorancia, al deseo o apego y a la ira, debido a estos tres venenos mentales, uno ha cometido muchos actos no virtuosos o actos negativos. Al no conocer su impermanencia, por los tres venenos mentales uno ha cometido muchos actos negativos. Y si uno sabe que es impermanente, eso nos ayudará a controlar nuestros venenos mentales.
Por ejemplo, un grupo de personas navega por el océano, y si de repente hay mal tiempo y hay peligro de que el barco se hunda, en ese momento las personas en el barco no se pondrán a pelear entre sí. No hay tiempo para pelear entre ellos ni para generar ira unos hacia otros. En ese momento lo más importante es salvar sus vidas que están en peligro. Su barco podría volcar y podrían ahogarse en el océano. En ese instante, su prioridad es salvar sus propias vidas. En ese momento realmente piensan en la impermanencia, en su temor a la muerte. Su temor a la muerte realmente les hace pensar en la impermanencia. Y cuando tienen una fuerte conciencia de la impermanencia, en ese instante no odiarán a los demás, no pelearán entre ellos. Su única prioridad es salvar sus vidas, cómo navegar con seguridad en el océano, cómo evitar esa situación peligrosa. Esa es su prioridad. Pelear no es su prioridad, no se les ocurrirá pelear entre sí. Su principal preocupación en ese momento es salvar sus vidas queridas. Por lo tanto, cuando piensas seriamente en la impermanencia, eso puede ayudarte a controlar tu propia ira hacia los demás.
De forma similar, en nuestra vida tenemos 'mi familia', 'mi monasterio' o 'mi casa', 'mi coche', etc. Pero debemos pensar que todo eso es temporal, ya que solo podemos decir que este es mi coche durante unos años o una o dos décadas. No podemos decir que este es mi coche durante cien o doscientos años. No podemos decir que esta es mi casa durante cien o doscientos años. No podemos decir que esta es mi familia durante cien o doscientos años o más porque nuestra vida misma no superará los 100 años, generalmente hablando… Hay algunas excepciones, pero en general, nuestra vida no superará los 100 años.
Así que no hay manera de que podamos decir 'estos son mis familiares' o 'esta es mi casa', 'este es mi monasterio durante siglos y siglos'. Eso no es posible, nadie puede decir eso. Si piensas 'esta es mi casa temporal para los próximos años o décadas', 'estos son los miembros temporales de mi familia', 'este es mi coche temporal', 'este es mi monasterio temporal'… con ese pensamiento de impermanencia, de forma natural podremos controlar nuestro apego. Aunque los cuidemos, aunque nos cuidemos unos a otros, podremos controlar nuestro fuerte apego, nuestro fuerte aferramiento.
De igual forma, aquellos que nos han hecho daño, debemos pensar que ellos también son impermanentes, que no tienen tiempo para hacernos daño por siempre. No tienen tiempo para hacernos daño durante siglos y siglos. Aunque nadie los mate, simplemente morirán en unas décadas.
Si logramos darnos cuenta de la impermanencia, si comprendemos que somos temporales, podremos controlar nuestra ira y nuestro apego. En este momento sentimos una ira intensa, tenemos un fuerte apego porque no estamos reconociendo la impermanencia, no tenemos una fuerte comprensión de ella y no estamos pensando lo suficiente en la impermanencia.
Lo que significa es que, por ignorancia, tenemos ese tipo de fuerte aferramiento, y no nos damos cuenta de que uno mismo es temporal o que uno mismo es impermanente. Y debido a esta ignorancia, por los tres venenos mentales, hemos cometido muchos tipos diferentes de actos negativos.
La estrofa 2.39 dice:
«Sin detenerse, día y noche,
la vida transcurre inexorablemente.
Si no es posible extenderla,
¿tengo otra posibilidad más que la de morir?»
El tiempo nunca se detiene; el momento nunca se detiene. Siempre pasa; tras pasar una hora, luego pasan dos horas, luego tres y así sucesivamente. También pasa momento a momento. El tiempo nunca se detiene: el momento, los segundos, los minutos y las horas, los días, semanas y meses nunca se detienen. Siempre sigue avanzando. Y esto significa que, desde que nacemos en este mundo, desde ese momento en adelante, año tras año, mes tras mes, semana tras semana, día tras día, hora tras hora, segundo tras segundo… nos acercamos cada vez más a la muerte. Ese es un hecho. Y no hay una vida extra que podamos añadir. No podemos añadir tiempo extra ni un año más a nuestra vida, siempre disminuye. Nuestra vida disminuye, momento a momento. Por tanto, uno mismo sin duda morirá. No hay razón por la cual uno no vaya a morir. Uno sin duda morirá.
En resumen, la vida de uno es impermanente, es temporal. Pero al no saberlo, por ignorancia, generamos mucha ira y apego y otros pensamientos negativos. Y debido a ello cometemos muchos actos negativos. Si realmente deseamos confesar, si realmente deseamos purificar nuestros actos negativos, entonces hay que purificar, hay que confesar y purificar nuestros actos negativos en poco tiempo, sin demora alguna. Porque esta vida, momento a momento, se acerca a la muerte. Y nunca se sabe cuándo morirá uno. Es seguro que uno morirá, pero nunca se sabe cuándo ocurrirá. Sin ninguna demora, debemos confesar nuestros actos negativos.
Y también debemos hacer actos virtuosos, debemos practicar el Dharma ahora, sin demora alguna. Si uno piensa, 'cuando sea joven… cuando seamos jóvenes haremos trabajos mundanos, cosas mundanas, más cosas mundanas. Y luego, cuando uno se haga mayor, ya practicará más el Dharma'. Pero no hay garantía de que uno vaya a vivir lo suficiente como para hacerse mayor. En este mundo podemos ver que hay muchos jóvenes que mueren antes de hacerse mayores, y hay muchos jóvenes que mueren antes que los ancianos. Eso muestra cuán impermanente es la vida.
Por eso debemos conocer la impermanencia, debemos saber que la vida es impermanente. Y con tal entendimiento, sin ninguna demora, debemos purificar nuestros actos negativos con los cuatro poderes completos. Y también, al mismo tiempo, debemos practicar el Dharma o debemos hacer buenos actos tanto como sea posible, sin demora.
El siguiente tema es 'generar la mentalidad de refugiarse mediante la contemplación acerca de la prontitud de la muerte'. Este también tiene dos partes: 'enseñanza breve' y 'explicación extensa'.
Primero, la 'enseñanza breve'. Se trata de las estrofas 2.40, 2.41 y 2.42.
En la estrofa 2.40 se dice:
«Yaceré postrado en la cama
rodeado de amigos y seres queridos,
pero sentir como la vida se acaba
eso es algo que afrontaré yo solo».
Uno piensa que cuando vaya a morir repentinamente, en ese instante necesitará que sus familiares y amigos le rodeen, pero en el momento de la muerte, cuando esté en el lecho de muerte, aunque todos sus seres queridos estén a su alrededor, no pueden compartir el dolor que uno experimenta en el instante de la muerte, no se puede compartir con los demás el sentimiento de morir. No se puede compartir el dolor que uno experimenta en el momento de la muerte. Ese dolor solo lo experimenta uno mismo. El propio dolor de morir lo experimenta uno mismo en solitario, no se puede compartir con otros.
Así que, en el instante de la muerte, si uno conoce el Dharma, si realmente se tiene una comprensión sólida de la impermanencia, entonces no se tiene miedo ni tampoco se tiene arrepentimiento por haber desperdiciado el tiempo propio, porque en la propia vida uno ha hecho cosas buenas, acciones virtuosas. Uno ha utilizado su propia vida de la forma más significativa posible, por lo que no hay arrepentimiento en el momento de la muerte ni tampoco arrepentimiento por haber desperdiciado nuestra valiosa vida, nuestra valiosa vida humana.
Y si uno no ha hecho buena práctica, si no es un practicante fuerte o serio, tendrá un gran miedo en el momento de la muerte. Cuando uno no es un buen practicante, a veces, el estar rodeado de los seres queridos puede causar más dolor porque eso recuerda que se tiene apego, y hace que la persona moribunda tenga más apego porque los objetos de su apego están a su alrededor. No importa cuánto apego tenga por ellos, de todos modos, uno necesita dejarlos a todos atrás. Así pues, el apego no ayuda. Si el apego pudiera salvar nuestra propia vida, por supuesto, se podría tener apego; pero este apego no prolongará la vida, solo causa más dolor.
Por ejemplo, podemos ver en el aeropuerto que, cuando nuestro ser querido se va a otro país, ambas personas –la que se queda y la que se va–, ambas son infelices porque tienen que separarse por el tiempo y la distancia. Se sienten tristes porque tienen apego. Debido al apego, cuando se separan, se sienten tristes. Si no tuvieran un apego fuerte, al separarse no se sentirían tan tristes. Debido al apego, al separarse, sienten más tristeza. Este apego les causa más tristeza cuando se separan. Cuando alguien se va a otro país y uno se queda atrás, se sienten muy tristes en el aeropuerto.
De forma similar, cuando una persona moribunda tiene un fuerte apego hacia los seres queridos que la rodean en ese instante, debido a ese apego… De todos modos, la persona moribunda tiene que irse y dejar atrás a todos sus seres queridos. Igual que en el aeropuerto. Y es más serio que en el aeropuerto porque en el aeropuerto puede que vuelva a ver a su ser querido después de unos meses o uno o dos años. Pero la persona moribunda tiene que dejar a esos seres queridos para siempre. No solo por unos meses o años. Una vez que uno muere, ya no puede volver a verlos. Ya no puede pasar tiempo con ellos, por lo tanto, hay que dejarlos atrás para siempre.
Por el mismo apego, cuando uno ve a esos seres queridos, se siente muy, muy triste, más triste que en el ejemplo del aeropuerto. Por eso este apego causa más sufrimiento a la persona moribunda. Cuando el objeto de apego está alrededor, este causa más sufrimiento a la persona moribunda. Si uno no es fuerte, causa más sufrimiento. Si uno es fuerte, si conoce la impermanencia y no tiene un apego fuerte, entonces no importa quién esté a nuestro alrededor, no le afectará mucho, no marcará una gran diferencia.
El dolor de la persona moribunda solo lo experimentará la propia persona moribunda. En ese momento, los seres queridos que rodean a esa persona no pueden salvar la vida de quien está muriendo, no pueden salvarla, no pueden rescatar, no pueden prolongar la vida.
La siguiente estrofa, 2.41, dice:
«Cuando caigan sobre mí los mensajeros de Yama,
¿cómo me ayudarán mis amigos o parientes?
Solo mis méritos entonces podrán protegerme,
pero eso es algo en lo que no confié».
Aquí, mensajeros de Yama significa 'mensajeros del Señor de la Muerte, Yama o Mara'. Mensajeros de Yama se refiere al 'Señor de la Muerte'.
Cuando uno es atrapado o apresado por el Señor de la Muerte, en el momento de la muerte, significa que, en ese instante, la familia y los amigos no pueden ayudar a prolongar la vida, no pueden beneficiar al moribundo. Así pues, en ese momento el único protector, el único refugio son los propios méritos.
Si uno ha hecho buenas acciones en su vida, si ha acumulado mérito, eso puede ayudarnos, puede guiarnos hacia un mejor renacimiento en la próxima vida. Pero si no ha acumulado virtud ni mérito, entonces se queda indefenso. En ese momento, uno se encuentra desamparado. Incluso la persona más rica del mundo no puede vivir eternamente.
Aunque la persona más rica del mundo tenga mucho dinero para gastar en sus tratamientos médicos, aun así, no puede vivir 200 o 300 años. Esto es imposible, no es algo real. Incluso la persona más rica tiene que dejar atrás todas sus posesiones, todas sus pertenencias y necesita irse a la próxima vida antes de cumplir siquiera los 100 años.
Como podemos ver, muchas personas ricas mueren antes de alcanzar los 100 años. Eso significa que la riqueza no puede prolongar nuestra vida. La riqueza no puede proteger nuestra vida para siempre, solo puede darnos alegría temporal y nada más. No puede prolongar nuestra vida. No puede sostener nuestra vida para siempre ni por siglos y siglos. Por tanto, en el momento de la muerte, lo único que puede aliviarnos es la práctica espiritual.
Si hemos practicado bien, si hemos hecho una buena práctica, no tendremos miedo. Y moriremos con tranquilidad, moriremos sin preocupaciones, sin dolor, sin sufrimiento mental, especialmente sin sufrimiento mental.
Si uno no ha hecho acciones virtuosas o no ha hecho las suficientes, se queda indefenso.
Y luego, en la estrofa 2.42, dice:
«¡Oh protectores, por negligencia,
sin reparar en todo este miedo aterrador,
he cometido innumerables actos dañinos
tan sólo por esta existencia efímera!»
En ¡Oh protectores!, uno está invocando a los protectores, ¡Oh protectores!
Si uno no ha realizado acciones virtuosas y no se ha protegido a sí mismo de las cosas contaminadas y, por descuido e ignorancia, no sabía que había tal miedo en el momento de la muerte… y en esta vida temporal, en esta vida impermanente, ha cometido acciones negativas que causan más y más dolor y sufrimiento, es en ese momento [cuando] uno está indefenso.
En el instante de la muerte, la familia, los amigos, la riqueza, la fama, el poder… no podrán protegernos. En ese momento, el único protector, la única guía y refugio es mi propia buena práctica y mis acciones buenas. Si uno ha hecho acciones buenas, tendrá la confianza de que no renacerá en los reinos inferiores, no tendrá un mal renacimiento; tendrá la certeza de que obtendrá un renacimiento mejor, especialmente aquellos maestros altamente realizados, quienes pueden elegir dónde renacer. Ellos pueden elegir dónde renacen, en qué familia, en qué momento, etc. Tienen control. Los maestros altamente realizados tienen control sobre dónde renacer, cuándo renacer, en qué familia desean renacer, etc. Es como mudarse de una casa a otra, así que no sienten ningún miedo.
De hecho, en la enseñanza se dice que entre los buenos practicantes hay tres niveles. El primero es el superior: se dice que los practicantes superiores sienten entusiasmo en el momento de la muerte porque saben dónde renacer y cuándo renacer, etc. Es como la emoción que siente alguien al mudarse de una casa vieja a una nueva.
Luego, los practicantes del nivel medio, quienes no sienten miedo de morir.
Y los practicantes inferiores. Aquí, inferiores se refiere a 'un nivel inferior dentro de los buenos practicantes', quienes en el momento de la muerte no sentirán remordimiento por haber desperdiciado su preciosa vida humana porque han practicado, han realizado buenas acciones tanto como han podido y tienen confianza en que no han desaprovechado su preciosa vida humana o que no han desperdiciado el sentido de su vida.
En resumen, en el momento de la muerte el único protector es la propia práctica. Si uno no ha hecho ninguna acción buena o positiva, se queda indefenso y necesita invocar a los protectores o a los buddhas para que le ayuden. En ese instante ya es demasiado tarde, pero algo es mejor que nada, aunque ya sea demasiado tarde.
El siguiente es la 'explicación extensa'. Se dice que la 'explicación extensa' abarca desde la estrofa 2.43 a la 2.46. Y dice:
«Al condenado que llevan al cadalso,
donde sus miembros serán amputados,
se le seca la boca, sus ojos se congestionan;
y asustado, ya no es el mismo que antes».
La 2.44, la 2.45 y también la 2.46 forman parte del mismo apartado. Por ejemplo, si a un condenado se le lleva a un lugar para amputarle los miembros, ese condenado siente miedo y, por el miedo, su boca se reseca y los ojos se le salen de las órbitas. Es decir, su aspecto se vuelve muy temeroso, siente mucho miedo. Y uno puede ver en su expresión, en su apariencia, lo asustado que está. Y también es como si una persona condenada es sentenciada a la pena de muerte. Justo después de ese tipo de sentencia, esa persona cambia su expresión, cambia su aspecto. Se vuelve muy preocupada y siente mucho miedo y está muy… muy decaída.
De manera similar, la siguiente estrofa, la 2.44 dice:
«Qué decir de lo terrible que será mi tormento
cuando los terribles mensajeros de Yama
con sus formas horrendas me atrapen
y enferme de un pánico inmenso».
Y cuando los terribles mensajeros de Yama, con sus formas horrendas lo atrapen a uno y también sea atrapado por la enfermedad terminal, la dolencia terminal, entonces tendrá un gran sufrimiento. Está uno muy asustado, así que, en ese momento no hace falta decir cuánto miedo se siente.
Ahora, las estrofas que siguen dicen:
«De ese horror espeluznante
¿quién puede realmente protegerme?
Y en las cuatro direcciones buscaré ayuda
con los ojos desorbitados de miedo».
«Pero en ninguna parte encontraré refugio
y me sentiré completamente abatido.
No teniendo ninguna protección
¿qué haré entonces en esos momentos?»
Cuando uno es atrapado por una enfermedad terminal y también por el temible mensajero del Señor de la Muerte –Yama–, en ese instante uno se pregunta quién puede rescatarle de un miedo tan inmenso. Uno está muy asustado, con los ojos llenos de pánico, y mira en todas las direcciones intentando encontrar, intentando buscar refugio. Pero al mirar, después de mirar y buscar, no lo encuentra y, debido a eso, se siente más asustado, se siente más… más preocupado, con más sufrimiento. Uno experimenta más sufrimiento. En ese momento, si no hay protector, ¿qué puede hacer uno en ese instante? En ese momento de miedo, uno está indefenso pensando en ese miedo, en ese gran temor y debería tomar refugio en las Tres Joyas sin demora alguna.
Ahora mismo, uno debería tomar refugio de forma correcta. Primero hay que tomar el voto de refugio y luego siempre tomar refugio en las Tres Joyas sin demora.

2.2.2.2.2.1.1.4.2.B.b. Objetos en los que nos refugiamos

Ahora, el siguiente apartado es 'objetos en los que nos refugiamos'. Este también tiene dos partes. La primera, 'las Tres Joyas en general', y la segunda, 'refugiarse en los bodhisattvas dotados con el poder de la aspiración'.
Primero, 'las Tres Joyas en general', que corresponde a las estrofas 2.47 y 2.48, dicen:
«Por eso, desde hoy tomo refugio
en los victoriosos, protectores de los seres,
que se esfuerzan en ampararlos a todos
y con gran poder disipan todos los miedos».
En ese momento no hay protectores… en el momento de la muerte, cuando uno sufre una enfermedad terminal y cuando es atrapado por los terribles mensajeros de Yama, sin demora, debería tomar refugio en las Tres Joyas. Así que aquí el texto explica las Tres Joyas.
Buddha es el protector de todos los seres, quien siempre guía y conduce a los seres sensibles, quien siempre los libera del sufrimiento del samsara. Y no solo Buddha, el Buddha perfecto tiene el conocimiento de cómo liberar, también tiene la compasión o el deseo de liberar y tiene, además, el poder total o el poder último para liberar a los seres del samsara.
Aquí dice –en particular, en esta estrofa– que el Buddha posee la perfección completa, la perfección última del entusiasmo y el poder último. Y por estos dos, porque el Buddha tiene ambos, puede eliminar todo miedo, todo dolor, todo sufrimiento. Por eso uno toma refugio desde ahora en adelante.
Y también lo toma en el Dharma. La realización del Buddha se presenta en palabras para que nosotros las practiquemos. Si confiamos en el Dharma, uno puede liberarse del miedo al sufrimiento del samsara. Así como también puede hacerlo confiando en los nobles bodhisattvas, miembros de la Sangha, en quien se puede encontrar salvación para sí mismo.
En resumen, uno toma refugio en el Buddha, el Dharma y la Sangha. Aquí, Sangha se refiere principalmente a la 'Sangha noble', aquellos que ya han alcanzado la liberación, aquellos que ya están en los bhumis.
Ahora la segunda parte, 'refugiarse en los bodhisattvas dotados con el poder de la aspiración', que abarca las estrofas 2.49 a 2.52.
Esto significa que uno mismo siente miedo ante el temor de experimentar el sufrimiento de los reinos infernales y otros reinos inferiores. Por eso uno se ofrece al gran Bodhisattva Samantabhadra, a Mañyushri y a Avalokiteshvara que posee una gran compasión y conducta inequívoca. Uno mismo, movido por la desesperación, por un sufrimiento inmenso invoca a estos grandes bodhisattvas como Mañyushri, etc. Uno mismo llora a gritos desde lo más profundo de su miseria diciendo: "Protegedme desde ahora. ¡Protégeme a mí que soy un pecador!". Uno es un pecador. Y está suplicándoles a ellos que le protejan. Y también llama a otros grandes bodhisattvas como Akashagarbha y Kshitigarbha, y también a Maitreya y a otros grandes bodhisattvas quienes son protectores compasivos. Uno busca protección en ellos y les suplica llorando, en busca de refugio.
También uno toma refugio en Vajrapani porque incluso los terribles mensajeros de Yama –el Señor de la Muerte–, que siempre dañan a los seres sensibles, tienen miedo de Vajrapani; así que uno llama a Vajrapani en busca de ayuda.
Este apartado dice: "Tomo refugio en los protectores dotados de inmensa compasión". Aquí protectores se refiere a 'Samantabhadra, Mañyushri, Avalokiteshvara y Akashagarbha, Kshitigarbha, Maitreya, etc., también a Vajrapani'.
Uno clama en llanto desde lo más hondo de su miseria [para obtener] protección, para que nos den protección, para guiarnos y protegernos.
Ahora viene el siguiente apartado, el 'significado del modo en que uno se ha refugiado'.
Este significa que hasta ahora uno no ha seguido las enseñanzas del Buddha y ha cometido muchas acciones negativas. Ahora ve el gran temor que resulta de esas acciones negativas y por esto toma refugio en las Tres Joyas, suplicándoles que apacigüen y eliminen esos temores en poco tiempo.

2.2.2.2.2.1.1.4.2.C. El poder del antídoto

Ahora viene el siguiente punto, el tercer poder, 'el poder del antídoto'. Este consta de tres partes. Primero, 'por qué hay que esmerarse en el remedio'; segundo, 'esmerarse con prontitud' y tercero, 'cómo esmerarse'.
El primero, 'por qué uno debe esmerarse en el remedio' también se divide en dos partes.
La primera es 'ilustrarlo mediante el ejemplo de una enfermedad', que corresponde a las estrofas 2.54 a la 2.56 del segundo capítulo.
Cuando uno está enfermo y tiene temor por esa enfermedad, consulta con el médico y sigue sus instrucciones, necesita seguir los remedios de acuerdo con las indicaciones del médico. Así pues, es por temor a la enfermedad que uno está dispuesto con gran alegría y gran gozo a seguir cualquier cosa que el médico diga. Incluso si el médico dice que hay que recibir una aguja muy afilada en el apreciado cuerpo o una inyección, la persona enferma está dispuesta a recibir una inyección o una aguja afilada en su estimado cuerpo para curarse de su enfermedad.
Por miedo a la enfermedad uno sigue las instrucciones del médico, y si el médico lo indica, acepta someterse a una cirugía en su querido cuerpo y se está listo y dispuesto para aceptar y seguir el consejo del médico. Por miedo a ese tipo de enfermedad uno necesita hacer y hará lo que sea que diga el médico, incluso está dispuesto a recibir una inyección en su querido cuerpo o a tomar una medicina amarga o a tener cirugía en el cuerpo tan estimado. Cuando uno teme una enfermedad, seguirá el consejo del médico. Lo que diga el médico, uno simplemente lo seguirá, necesita seguirlo.
De forma similar, en este momento tenemos cada día la enfermedad de las aflicciones mentales, tenemos apego y otros pensamientos negativos en nuestro continuo mental. Estamos llenos de enfermedad, de pensamientos negativos cada día. Y por miedo a esta enfermedad de las aflicciones mentales y a sus resultados, es [ahí cuando uno hará un] gran esfuerzo en seguir las enseñanzas del Buddha como remedio para superar las aflicciones mentales y sus resultados, que no son otros que el sufrimiento.
En este momento tenemos la enfermedad de los pensamientos negativos, y estos pensamientos negativos realmente torturan. Estos u otros pensamientos negativos o esta ira realmente torturan a los seres humanos o a los seres sensibles. De hecho, toda la desarmonía, todas las discusiones, todas las peleas que tenemos entre los seres humanos, todo esto está causado por pensamientos negativos, causados por la ira y el odio, así como por otros pensamientos negativos. Estos no son causados por el amor bondadoso ni por la compasión, sino por nuestros propios pensamientos negativos.
Y debido a nuestra enfermedad de pensamientos negativos, destruimos nuestra propia felicidad y también destruimos la felicidad de los demás.
Para curarse de esa enfermedad, de la enfermedad de los pensamientos negativos, la única forma de sanar es seguir las enseñanzas del Buddha, no hay otra forma de sanar esta enfermedad. Solo el Buddha la puede curar y hacer el tratamiento verdadero. Solo el Buddha tiene el método para superar el sufrimiento, para controlar y eliminar las aflicciones mentales, y para apaciguar ese dolor y sufrimiento. Por lo tanto, no seguir las enseñanzas del Buddha es una estupidez abyecta y despreciable. Así que quienes no las están siguiendo o quienes no quieren seguirlas es como no conocer el método real.
Ahora, el segundo ejemplo, 'ilustrarlo mediante el ejemplo del precipicio escarpado'. Esta es la estrofa número 2.57, que dice:
«Cualquier precipicio, por pequeño que sea,
requiere que actuemos con sumo cuidado».
Cuando pasamos por un precipicio normal debemos ser muy cuidadosos y conscientes, de lo contrario, podemos caer y podemos perder la vida. Por eso, cuando uno cruza un precipicio normal o un lugar peligroso, uno debe tener mucho más cuidado. Si no, puede caer. De igual forma, uno debe poner más esfuerzo y debe tener mucho más cuidado o adoptar la consciencia plena… ni siquiera haría falta decir que uno debe adoptar la consciencia plena cuando está cayendo o va a caer por los precipicios de los tres reinos inferiores.
Cuando vamos a un lugar peligroso ponemos un esfuerzo adicional y somos muy cuidadosos. Del mismo modo, en este momento debemos tener mucho cuidado en no cometer acciones negativas ni hacer actos dañinos, sino hacer acciones positivas. Hacer acciones que realmente puedan ayudar a uno mismo y a los demás.

2.2.2.2.2.1.1.4.2.C.b. Esmerarse con prontitud

El siguiente punto es 'esmerarse con prontitud', el cual también tiene tres puntos.
El primero es que 'no se puede depender de la vida'. Como se mencionó antes, uno no puede decir que no morirá. Uno no puede decir con plena certeza, hoy al menos no voy a morir, porque puede morir en cualquier instante, nadie puede garantizar que no morirá. No podemos liberarnos de la muerte. Así que, ¿cómo puede uno tener confianza en que no va a morir? ¿Y cómo puede permanecer feliz pensando que no va a morir?
Ahora el siguiente punto, 'no se puede depender de los disfrutes', que es la estrofa número 2.60:
«De lo que disfruté en el pasado
tras haberse desvanecido, ¿qué me queda?
Pero por aferrarme a todo eso
transgredí las palabras de mi maestro».
Todos los placeres o todas las riquezas son cosas impermanentes. Los placeres que hemos disfrutado en el pasado no volverán. No hay un solo objeto de placer que dure para siempre. Todos estos son impermanentes, pero, por ignorancia, uno tiene gran apego a los disfrutes o al mundo o a personas o a cualquier objeto de disfrute. Y por ese apego no ha seguido las enseñanzas del maestro y ha cometido muchas malas acciones. Y eso no está bien. Así que, a partir de ahora, uno no debería cometer esas malas acciones.
Y ahora el tercero, 'no se puede depender de amigos y familiares', que es la estrofa 2.61. Y dice:
«Cuando abandone esta vida
y a todos los parientes y amigos,
deberé partir solo hacia lo desconocido.
¿Qué importarán entonces los amigos o enemigos?»
No solo estos objetos de placer perecerán, sino también en esta misma vida tendremos que dejar atrás a amigos y familiares con los que hemos estado relacionados años y años. Uno mismo, su propia alma, su propia mente debe ir a un destino desconocido en el momento de la muerte, así que no tiene sentido tener apego a los seres queridos ni sentido alguno odiar o aferrarse a los que se odia.

2.2.2.2.2.1.1.4.2.C.c. Cómo esmerarse

Ahora viene el siguiente punto, 'cómo esmerarse'. Este también tiene dos partes.
La primera es la 'intención'. Uno debe pensar que el sufrimiento es causado por actos negativos, por lo que debe pensar sobre cómo puede ser liberado o cómo puede liberarse de esos actos negativos. Uno debe pensar así de día y de noche, todo el tiempo. Este es el pensamiento o la intención, la forma de entrenar la mente para pensar.
El siguiente punto es la 'aplicación', que es la estrofa 2.63 y la 2.64. Dice:
«Los actos negativos que cometí
debido a mi ignorancia y desconocimiento,
aquellos negativos por naturaleza
y los que son transgresiones de preceptos,»
«en presencia de los protectores
con las manos unidas y miedo al sufrimiento
me postro incesantemente
y todos esos actos confieso».
Uno mismo, por la ignorancia, ha cometido muchas acciones malvadas en su propia naturaleza. Esto significa, por ejemplo, el acto de matar: quienquiera que haga el acto de matar es negativo. Y eso se llama malo por naturaleza.
Otra categoría se llama transgresiones de preceptos. Esto solo se aplica a quienes tienen votos o preceptos. Para aquellos que no tienen preceptos, aun si lo hacen, no es una falta para ellos.
En las transgresiones de los preceptos hay dos tipos de faltas. Una es la falta natural y la otra es romper los preceptos. La falta natural –quien sea que la cometa– es una falta; y transgredir los preceptos –romperlos– solo cometen [esa transgresión] quienes tienen esos preceptos.
Ante los protectores es una falta si se hacen estas cosas. Si alguien ha cometido una de estas dos faltas, enfrente de los protectores, enfrente de los buddhas y bodhisattvas de las diez direcciones –uno debería pensar que son los verdaderos y que [están] enfrente de nosotros realmente en su naturaleza de luz–… entonces, frente a ellos, debemos juntar nuestras manos y con gran temor generamos fe y devoción sinceras e inquebrantables –que son resultado de ese gran temor–, y hacemos postraciones una y otra vez. Y, al mismo tiempo, con los cuatro poderes, deberíamos confesar todos nuestros actos negativos.

2.2.2.2.2.1.1.4.2.D. El poder de alejarse de las faltas (2.65)

El siguiente apartado es 'el poder de apartarse de las faltas', que es el cuarto poder y que es la estrofa número 2.65, que dice:
«A vosotros, guías del mundo os pido
que aceptéis a este pecador.
Todas esas acciones, puesto que son dañinas,
prometo que desde ahora no las haré nunca de nuevo».
Uno mismo ahora reconoce su propio mal karma como malo y está suplicando a los buddhas y bodhisattvas para poder purificar estos errores. Ahora ya sabe que las acciones negativas no son algo bueno que deba hacerse. Y uno promete también no volver a cometer esos errores o esas acciones negativas en el futuro. Con este tipo de confesión, uno puede confesar todas sus acciones negativas y, a través de los cuatro poderes completos, puede purificar todas sus acciones negativas.
Con esto el segundo capítulo se ha completado y la sesión de hoy se concluye. Ahora hacemos la dedicación.

📿 Ven. Khenpo Rinchen

Revisión de Lección 6

Queridos amigos, bienvenidos al repaso, a la revisión de la sexta lección de El Camino del Bodhisattva. En esta lección continuamos con el capítulo número dos y vamos a enfocarnos en los cuatro poderes para corregir todo el karma negativo.
Estamos ahora describiendo el poder del apoyo, el poder del altar, de invocar a los buddhas, bodhisattvas, maestros y demás. En este contexto, Su Santidad también describe lo que es la práctica del refugio, que es la base de toda práctica, la base de todos los preceptos.
Empezamos en la estrofa número 2.32 con un resumen. Dice… La premisa es que arrastramos karma muy negativo de esta y otras vidas, y eso puede causar sufrimiento, [incluso] peor que sufrimiento [porque] nos puede quitar esta bella oportunidad de crecer y madurar en el Dharma. Por tanto, es muy importante purificar ese karma antes de que madure. Ahora está en forma latente, como una semilla. Y [nos] corre algo de prisa, tenemos [cierta urgencia] algo de apuro porque no sabemos cuándo vamos a morir. Y si no purificamos el karma antes de morir, ya no tenemos control. Porque en el proceso de una vida a otra o en otras encarnaciones no vamos a tener las herramientas que tenemos, la claridad y la madurez que tenemos para hacerlo ahora. Por tanto, es muy importante resolver esas deudas kármicas pendientes antes de que vengan los palos, antes de que maduren en la vida.
Y ahora, para la explicación un poco más extensa, empezamos a reflexionar sobre la impermanencia, que no es algo controvertido, es algo que todos los seres de este planeta aceptan; pero tú y yo aún tenemos ciertas reservas, por lo menos, a nivel emocional no tenemos la impermanencia presente, nuestra propia muerte presente.
El primer punto [sobre el] que hay que reflexionar, para tenerlo muy claro, es que la muerte es segura. El segundo punto es que el momento de la muerte es incierto. Y el tercero es que, en ese momento de morir, lo único que tiene sentido y valor es el mérito y la sabiduría que hemos integrado… todo lo demás es como un castillo de arena que se desvanece.
Hay muchas cosas que pueden acabar con nuestra vida. Somos frágiles, no somos un cocodrilo. Somos muy vulnerables, muy frágiles. Y hay esta bella expresión que recitó Su Santidad: "¿Qué llega antes, el amanecer o nuestra muerte? No se sabe". Incluso algunos lamas dicen: "¿Qué llega antes, la próxima exhalación o la muerte? No se sabe". La muerte puede estar tan cerca como un día y puede estar tan cerca como un suspiro.
Así pues, si vives con la muerte presente, cada instante como si fuera el último, la calidad de vida va a ser muy diferente. Algunos incluso lo describen de esta manera: "Hay dos vidas, la vida ordinaria y la vida que empieza cuando aceptas la muerte". Es otro renacimiento, otra calidad de vida y también otra calidad de práctica.
El Señor de la Muerte –personificamos aquí el momento de la muerte– no va a esperar a que tú acabes tu meditación, a que tú purifiques tu karma. Cuando llega, llega. Si te encuentra vestido, desnudo, lavándote los dientes o lo que sea… da igual, tú tienes que estar preparado. Él no te va a esperar.
Muchas veces nos sentimos muy fuertes porque no estamos enfermos, [pero], como dijo Su Santidad, algunas veces las personas muy, muy sanas mueren antes. Y hay una persona enferma, enferma, enferma, enferma, que sigue y sigue, y se despide de todos los sanos. No hay garantía [de] que no vas a morir simplemente porque hoy te encuentres bien. Tenemos que apreciar la vida reconociendo la muerte, que es segura, que el momento es impredecible y [que] lo único que importa en ese momento es el estado de mérito y sabiduría que hemos incorporado.
Por supuesto, lo más bello en la vida son las relaciones interpersonales que desarrollamos, pero en el contexto de la muerte no aportan mucho valor. Algunas veces incluso tenemos la suerte de estar acompañados por muchas personas cercanas [durante] la enfermedad y en la muerte; pero, al fin y al cabo, cada persona tiene que emprender sola ese peregrinaje a la próxima vida, afrontarlo uno solo. Incluso, como dice Su Santidad, algunas veces que te acompañen es una desventaja porque no [controlan] sus emociones, demuestran mucho apego, aumentan tus dependencias… y crean más drama, es más difícil estar sereno en ese momento, cuando todas las personas están con llantos a tu alrededor. Yo he escuchado a algunos yoguis decir: "Me encantaría morir sin que nadie lo supiera, como un perro callejero que se pone en un huequito de una cueva y muere sin molestar a nadie". Eso sería lo mejor. Sin embargo, para nosotros [eso] suena muy frío. Reflexiona sobre eso; lo dicen por algo.
Es muy importante tomar refugio porque refugio es un paso indispensable en este proceso de depurarnos, de eliminar el karma negativo. Por ello, sin demora tenemos que tomar refugio y empezar este proceso de purificar todo el mal [que hay] dentro de nuestro sistema.
Después la explicación extensa viene a partir de la estrofa 2.35 –2.35 a 2.37–. De una manera muy contundente, muy tajante, Su Santidad dice: "Todos los seres van a morir". Y por si hay alguna duda: "Uno mismo va a morir, tus amigos y familia van a morir, los enemigos y los lejanos también van a morir. Todos los seres vivos, por definición, van a morir".
Después da un ejemplo muy interesante de la Primera Guerra Mundial –[de la que ya han pasado] más de 100 años–. Dice que lo que pasó fue algo terrible, millones y millones de personas murieron innecesariamente. Pero, dice Su Santidad, que los que no murieron en la guerra, también murieron… tuvieron una vida más larga, a lo mejor tuvieron una vida con más felicidad, pero no queda ninguno de ellos [vivo] hoy en día.
A nosotros ahora, por ejemplo, en un accidente de avión donde mueren muchas personas, un terremoto, una guerra… se nos abre, se nos rompe el corazón viendo tanto sufrimiento, tanta muerte innecesaria, pero, como dicen los lamas: "El Señor de la Muerte está aniquilando nuestra especie de una forma sistemática". Aunque no haya una calamidad, el Señor de la Muerte acaba con la vida.
La imagen que dan los tibetanos es la de un corral de ovejas –la imagen que sea mejor para ti, corral de ovejas o de gallinas–, [donde] de repente entra el carnicero, [busca] a la más rellenita y se la lleva. Y ahí hay un revuelo, todo el mundo se inquieta, todas se empiezan a mover [hacia] una esquina y [sacan] a esa gallina del corral. Yo lo he visto pasar varias veces. Y me asombró lo poco que lleva para que todo regrese a la normalidad y sigan picando en su sitio. Ya todas se olvidaron de María… '¿dónde está María?, ¿dónde está María?'. Después de unos segundos se olvidaron de María. Pero [también] va a llegar su turno.
Y a nosotros nos pasa igual. Yo no tengo la muerte presente, pero si de repente alguien de mi edad muere –55, 60 años–… ¡aaah!, por un momento, por una semana está muy presente, [pero] después otra vez sigo la rutina como si nada. Eso corrompe nuestra práctica espiritual.
Si la premisa es correcta, si comprendemos que estamos en samsara envueltos en velos, que el único bienestar genuino y sostenible es la liberación de los velos, lograr la iluminación… eso es lo que nos empodera también para beneficiar a los demás. Y que la oportunidad de avanzar verticalmente en el camino es muy limitada, tienen que reunirse muchas causas y condiciones, [porque] no te tropiezas con un samadhi, no te tropiezas con una enseñanza de la interdependencia, requiere [que] muchas cosas y muy especiales concurran… entonces, cuando esa oportunidad viene en una vida, ahí hay que abrir camino para lograr cierta independencia, suficiente madurez espiritual para que puedas [desde] ahí autosostenerte, que tengas automaestría. Esa es la urgencia.
Y Su Santidad nos dice que hay todo tipo de placeres maravillosos en esta vida que debemos disfrutar, pero a la vez recordar lo fugaces que son, que ahora son un simple recuerdo. Y ese recuerdo de esa fiesta, ese recuerdo de haber compartido con esta persona, con este amigo, ahora es casi indistinguible de un sueño que has tenido. Te despiertas por la mañana y '¡qué lindo'. Y después '¡oh! estaba soñando…', y luego se va eliminando. No hay mucha diferencia entre un recuerdo y [un sueño], al final los recuerdos se van.
El último argumento que tiene samsara es: "Que me quiten lo bailado". Y también nos quitan lo bailado –dice Su Santidad– porque ese recuerdo ya se hace rancio y pierde su poder. Nos olvidamos, y después perdemos las facultades cognitivas, la memoria y demás.
Sin embargo, Su Santidad dice: "El karma no se olvida, el karma no se borra, el karma permanece hasta que madura". Por tanto, tú puedes olvidarte de esa acción tramposa que hiciste, pero ese karma está ahí pendiente, buscando las condiciones para madurar, para producir un resultado amargo.
Y hay que tener en cuenta que el sufrimiento no es necesariamente vehículo de consciencia. No siempre que sufrimos aprendemos; algunas veces sufrimos y la embarramos aún más. No hay garantías de que el karma nos vaya a educar o a corregir, por eso es mejor eliminar el karma antes de que madure.
Pasamos a la estrofa número 2.37 que dice que hoy tenemos relaciones de familiares, de amigos muy, muy apreciadas. Pero Su Santidad dijo: "Antes de nacer no los conocíamos". Esto ha surgido ahora, con esta película de esta vida. Pero, ¿te acuerdas de las promesas que le hiciste a tu madre en la última vida?, ¿que no te ibas a olvidar de ella? ¿O a tu amante en la última vida, que no le ibas a olvidar? Pasamos de vida en vida desarrollando relaciones buenas y malas. Y dice que a través de estos vínculos –que, desde la perspectiva egocéntrica, tienen valor agregado–, cometemos todo tipo de acciones negativas. El aferramiento, el apego que tenemos a los seres cercanos nos lleva a hacer karma negativo en su favor; y el odio o el rencor que tenemos hacia los enemigos nos lleva a cometer acciones negativas. Pero esa es nuestra responsabilidad, no se comparte con ellos.
No sabemos exactamente cuándo va a madurar ese karma. El karma puede ser instantáneo, puede ser al día siguiente, en [futuras] vidas o en [otros] eones; puede tomar mucho tiempo. Y cuando decimos que madura en nosotros, [queremos decir que] 'puede madurar en nosotros, pero con un cuerpo diferente'. Hoy en día estamos tan identificados con este cuerpo, con esta identidad, que decimos: "Que el futuro Rinchen pague las facturas". Es decir, que el futuro… incluso no en la próxima vida, sino en la próxima década, que mi futuro yo –en cinco o diez años– se las arregle. No tenemos ese amor bondadoso hacia nosotros mismos en el futuro. Y debemos tenerlo toda esta existencia y para futuras existencias, y eliminar ese posible daño.
En resumen, las estrofas 2.38 y 2.39 [dicen que] hemos causado mucho daño con las tres aflicciones principales –que se conocen como los tres venenos– que aparecen en la estrofa 2.38: el apego, la ira y la ignorancia aflictiva. Pero Su Santidad dice que si tenemos muy presente la impermanencia es muy difícil que se activen los estados aflictivos, porque cuando pensamos que algo es eterno –primero que tenga existencia inherente, que sea independiente, que sea eterno–, ahí, sin darnos cuenta, agregamos valor, y después peleamos, competimos por esto que es valioso –'yo quiero esta taza, esta taza es sagrada'–.
Por tanto, si comprendemos que no podemos retener nada absolutamente, ya no existe tacañería. Es ridículo retener lo que es imposible retener, [y eso] ya nos impulsa a ser generosos, a no buscar garantías absolutas en el dinero, en la posición, en títulos, en esta relación y demás. Como dice Su Santidad: "Mi casa, sí; mi coche, sí; mi monasterio, sí… pero no va a ser mío en doscientos años, es imposible que sea mío en doscientos años". Así pues, podemos utilizar ese lenguaje, pero el sentido detrás debe ser: mi coche temporal, mi familia temporal, mi monasterio temporal, mi casa temporal, mi dinero temporal, mi pelo temporal… Es decir, las cosas son para aprovecharlas, para utilizarlas, no para almacenarlas, [porque] no ofrecen una garantía absoluta. Y si nosotros tenemos suficiente, es bueno compartir.
Su Santidad, para ilustrar este punto, da también este ejemplo de personas que suelen ser competitivas, pero de repente se encuentran en un barco que se va a pique en una tormenta. Y [de pronto] ya no hay discusiones ni peleas. Por la propia autopreservación, todo el mundo quiere cooperar y ayudarse para mantener el barco a flote.
Es muy interesante. De todas las reflexiones, habidas y por haber, a lo mejor la más poderosa es la impermanencia… en general de todos los fenómenos. Todo lo que es compuesto se va a descomponer. Y también incluir nuestra propia mortalidad en esos tres puntos: la muerte es segura, el momento es incierto y en el lecho de muerte lo único que tiene sentido y beneficio es el mérito y la sabiduría integrados. Integrados quiere decir 'más allá de la conceptualidad', porque allí la memoria celular ya no es accesible.
La estrofa 2.39 continúa –[esta] es una lección fuerte porque hacemos todo lo posible para enmascarar la muerte, y aquí Shantideva y Su Santidad nos están arrinconando frente a esta realidad–, dice [que] el tiempo no se para para nadie. Desde que nacemos empezamos a morir: cada década, cada año, cada mes, cada día, cada segundo, cada instante estamos un momento más cerca de la muerte. Por lo tanto, no hay tiempo que desperdiciar.
Y seguramente esta preciosa oportunidad de practicar el Dharma se acaba antes de la muerte. Así que hay dos muertes: la muerte de nuestro camino espiritual y después, la muerte física. Y ya que no hay tiempo que desperdiciar, es muy importante purificar el karma negativo con los cuatro poderes y desarrollar práctica. La práctica engloba estudio, reflexión y meditación.
Su Santidad dijo: "Por favor, tened cuidado en no postergarlo". 'Sí, ahora tengo que lidiar con estas cosas, arreglar estas cosas, pero cuando me jubile, cuando me jubile, Khenpo Rinchen, sí, ahí vamos a hacer un retiro largo'. Pero no hay garantía de que te jubiles, no hay garantía de que tu vida no sea más complicada cuando te jubiles o de que tengas salud. Por tanto, hay que tener las prioridades claras.
Continuamos ahora generando la mente de refugio, contemplando el gran miedo sano, el gran respeto a la muerte.
Primero, un resumen donde se comentan las estrofas número 2.40, 2.41 y 2.42. Aquí nos situamos en el lecho de muerte. Es bueno hacer esta meditación: imaginarte en ese momento, recostado, inclinado con una sábana blanca, con los dos picos que hacen tus pies en la sábana –hacerlo muy real–, respiración lenta y pesada. Y descubrir que, en ese momento, nada ni nadie nos puede ayudar. Tu continuo mental se va, y solo tienes acceso a lo que esté en tu continuo mental. Lo que está colgado en la pared, los libros que están archivados en el estante coleccionando polvo… ¡eso se queda! Seguramente vamos a afrontar cierto miedo, un miedo no sano en ese momento, que nos incapacita. Y es muy importante a nivel kármico morir bien, es como nuestro examen final. Cómo actuamos en los últimos momentos de esta encarnación tiene mucho peso en determinar el próximo renacimiento, mucho más de lo que pensamos.
Y ahí, Su Santidad también dio la analogía de las personas que se despiden en un aeropuerto con mucha tristeza. Y dice: "¡Cuánto más cuando nos estamos despidiendo de una vida a otra!". Las emociones están a flor de piel en esos momentos, y eso nos lleva a perder el equilibrio, la práctica meditativa –que es tan importante–, la paz que necesitamos en ese momento. Lo único que nos puede ayudar es el mérito y la sabiduría acumulados.
Y aquí Su Santidad nos da también algo para alentarnos: "Los grandes yoguis y yoguinis, los grandes practicantes afrontan la muerte de una manera muy diferente a una persona común y corriente".
Y los dividimos en tres categorías. Los mejores entre ellos, los que tienen una realización profunda están entusiasmados cuando se acerca la muerte porque esta carcasa ya está como anticuada, está vieja, tiene problemas. Es como mudarse –dijo Su Santidad– a una casa nueva o comprar un coche nuevo, un vehículo nuevo.
También, en el contexto de la tradición tibetana, el proceso de la muerte da la oportunidad extraordinaria de iluminarnos porque no solo se desliga la mente del cuerpo, también la mente prístina se desliga de todas sus capas burdas. Y esa mente natural se presenta sin la necesidad de samadhi, de ayunos ni de vipashyana, la mente prístina se presenta de forma natural. Y si en nuestra práctica diaria estamos familiarizados con reconocer esa mente prístina, ahí hay una reconciliación –le llaman la luz hija reconoce a la luz madre–, ahí hay una iluminación. Hay muchos grandes maestros tibetanos que se iluminaron durante esa fase de la muerte. Después hay otra oportunidad más durante la fase del bardo, de una vida a otra. Muchos lamas se entrenan en esta vida para morir bien y para, en ese momento, aprovechar ese proceso natural para dar un salto o iluminarse. Esa es la primera categoría, con entusiasmo.
La segunda categoría es morir sin temor, con tranquilidad, con cierta dignidad y maestría… como acostarse por la noche sabiendo que vas a despertar por la mañana.
Y los grandes practicantes del nivel más bajo no tienen arrepentimiento. Como dijo Milarepa: "Mi religión es simple, quiero morir sin arrepentimiento". Eso quiere decir que no somos buddhas, no somos perfectos, tenemos todo tipo de limitaciones, pero conscientemente no me he traicionado. Morir con esa seguridad de que 'he hecho lo mejor posible en esta vida'. Morir con esa tranquilidad de no tener arrepentimientos. Muy, muy poderoso.
Y después, las estrofas 2.43 a 2.46 también tratan de ayudarnos a reflexionar de una manera más cruda sobre la muerte, sabiendo que en ese momento vamos a afrontar un reto muy, muy grande. Todo depende de lo aferrados que estemos a la vida, al cuerpo, a nuestra identidad y a otras personas. Por eso es tan importante tomar refugio y purificar el karma negativo. Tomamos refugio en el Buddha porque tiene el poder de beneficiar a todos. Se dice que todos los buddhas tienen la compasión perfecta, la sabiduría perfecta, el poder de beneficiar, de dar refugio, protección, de ayudar a todos los seres.
Y en las estrofas 2.49 a 2.52 tomamos refugio en los bodhisattvas dotados del poder. Quiere decir bodhisattvas nobles, aryas que han logrado la iluminación. Esa es la fuente, el objeto principal de refugio; aunque debemos representar todas las expresiones relativas de la sangha, las comunidades laicas y monásticas.
Finalmente, pasamos al poder del antídoto. De la misma manera que cuando tenemos una enfermedad adoptamos el remedio, la terapia que sugiere el médico, aunque conlleve dificultades –como dice Su Santidad–, aunque te tengan que poner una inyección, aunque te tengan que hacer una incisión con el bisturí para quitarte el anzuelo, para quitarte la astilla… o vamos al dentista y soportamos el taladro para liberarnos de esa muela y de ese dolor.
Algo que realmente os invito a reflexionar es sobre esta frase, esta proclamación tan poderosa que dice que: "Solo el Buddha tiene el método para controlar y eliminar las aflicciones".
Por supuesto, hay muchas cosas que nos ayudan a tener equilibrio psicológico y gestionar nuestras emociones; incluso hay otras tradiciones que tienen herramientas contemplativas para lograr absorciones meditativas y samadhi. Pero la raíz de todo el mal es la ignorancia fundamental. Y ahí solo el Buddha tiene esta visión de la realidad del ser que puede erradicar esa confusión, esa ignorancia fundamental. Puedes tener paz en el mundo, puedes tener paz en tu hogar, puedes tener paz o salud en tu cuerpo, puedes tener un estado psicológico muy estable, pero si hay ignorancia, autoaferramiento, va a surgir una vez más egocentrismo, van a surgir una vez más estados aflictivos, va a haber ira. Y eso se va a manifestar en acciones violentas que van a producir conflicto y sufrimiento en el mundo.
Por tanto, sí, debemos hacer todo lo posible para ayudar a todo nivel, pero solo un buddha puede ayudar perfectamente y, finalmente, completamente; quiere decir atender a la causa raíz de todo mal. Reflexionad sobre eso, es muy importante.
La estrofa 2.57 nos dice que de la misma manera que cuando estamos al lado de un acantilado tenemos mucho cuidado, ahora tenemos que desarrollar la atención vigilante porque estamos en el acantilado de samsara. Es decir… no sé cómo expresarlo para que atraviese todos tus mecanismos de autodefensa, pero esto es el silencio antes de la tormenta. Lo que significa que, una vez que nos enredamos en pleitos, en conflictos, en enfermedad… muchas veces, cuando vienen dos o tres golpes juntos, perdemos el norte y podemos entrar en un ciclo negativo, vicioso que se retroalimenta, y descender, tener encarnaciones muy desfavorables. Estamos viendo un haz de luz, este relámpago que está iluminando el camino por unos instantes, y ahora tenemos que abrir camino, lanzarnos para avanzar todo lo posible.
Y después hay los puntos [en los que] no podemos confiar en esta vida porque las siguientes estrofas –2.58 y 2.59– nos dicen que puedo morir incluso hoy. Hoy, hoy que me siento muy bien, puede pasar algo de repente que puede acabar con esta vida. Así pues, la idea es de no postergar nuestra práctica, nuestra purificación, y hacer todo lo posible para vivir plenamente el desarrollo espiritual en cada instante.
La estrofa número 2.60 [y 2.61] nos dice [que] por maravillarme en placeres, he cometido todo tipo de karmas negativos en el pasado y descuidado las instrucciones del gurú; y que no puedo depender de amigos o familiares. Es bueno, por supuesto, mantener relaciones sanas, pero no puedo pedirles que ellos sean la garantía de que yo voy a estar bien y a salvo. Es injusto e ilógico exigir que otros te protejan de samsara cuando samsara está dentro de ti.
Vamos a concluir leyendo la estrofa número 2.62:
«En cambio, los actos dañinos me harán sufrir;
¿cómo asegurarme de que me deshago de ellos?
Sólo debería preocuparme de eso,
día y noche, sin cesar, todo el tiempo».
Aquí, dice Su Santidad: "Si hay una obsesión permitida es esta –que es la que sugiere con estas palabras tan fuertes y tajantes, Shantideva–, Sólo debería preocuparme de eso, día y noche, sin cesar, todo el tiempo, de cómo deshacerme de las causas del sufrimiento, del daño".
Y Su Santidad, en las últimas estrofas –2.63 y 2.64– dice que hay dos tipos de acciones negativas naturales: karma que es siempre dañino, como matar a alguien; y karma que es dañino para personas que han adoptado un precepto –transgredir o romper un voto, un compromiso que has adquirido–.
Es muy importante, para concluir, visualizar a los buddhas delante de ti, cuerpos de luz etéreos y sentir que realmente están presentes. Y, ante ellos, confesar todas las acciones negativas con un arrepentimiento profundo y comprometernos a hacer lo opuesto.
Y, de ahí, la última estrofa –la 2.65–, el poder de alejarse es el compromiso de no volver a hacerlo jamás. Esto podemos decir que es el aspecto causal; y el aspecto resultante es sentirnos restaurados, purificados, inmaculados.
Muy bien. Con esto concluimos esta revisión de la lección número seis y [también] con esto concluimos el capítulo número dos.