1. Tras haber cultivado así la diligencia,
centraré mi mente en la concentración.
Pues aquellos cuyas mentes están distraídas
se hallan entre los colmillos de las emociones aflictivas.
2. En la soledad, el cuerpo y la mente
no tendrán distracciones.
Por lo tanto, dejaré la vida mundana
y abandonaré por completo las distracciones mentales.
3. Debido al apego a los seres queridos y al deseo de
ganancias
no se abandonan las actividades mundanas.
Por eso, éstos se han de abandonar por completo.
El sabio ha de proceder de este modo.
4. La visión penetrante asociada a la calma mental
erradica por completo las emociones aflictivas.
Sabiendo esto, buscaré primero la calma mental
que encuentran aquellos que con alegría están libres del
apego al mundo.
5. Seres efímeros que se apegan férreamente
a quienes también son transitorios,
durante miles de vidas futuras
no volverán a ver a esos seres queridos.
6. Si no los ven no estarán contentos,
por lo que no podrán descansar en ecuanimidad.
Aunque los vean tampoco estarán satisfechos,
pues como antes, estará presente el dolor del anhelo.
7. Por estar apegado a otros seres
la realidad auténtica se obscurece por completo,
también se desvanece el hastío por el samsara
y finalmente viene el azote del sufrimiento.
8. Pensando sólo en ellos
esta vida se consume sin sentido.
Por amigos y familiares, tan transitorios,
se abandona el darma inmutable.
9. Si actúo igual que los seres pueriles
es seguro que caeré en los estados de infortunio.
¿Qué sentido tiene frecuentar a los seres pueriles
si me guían en dirección opuesta a lo virtuoso?
10. Un instante son nuestros amigos,
al siguiente nuestros enemigos.
Incluso las cosas agradables les hacen enfadar.
¡Qué difícil es contentar a la gente corriente!
11. Si se les dice algo beneficioso se irritan
y a mí me apartan de lo que me beneficia.
Si no escucho lo que dicen se enfurecen,
lo que los llevará a existencias inferiores.
12. Están celosos de los que son superiores,
compiten con sus iguales y son arrogantes con los
inferiores,
si se les elogia se envanecen y si se les censura se
encolerizan,
¿en qué pueden beneficiarme los seres pueriles?
13. Alabarse a uno mismo, criticar a otros,
conversar de las alegrías del samsara
y demás faltas ocurrirán sin duda alguna
en compañía de esos seres pueriles.
14. Relacionarme así con ellos
solo puede hacerme degenerar.
Con ello no conseguiré ningún beneficio,
ni tampoco podré beneficiarlos en modo alguno.
15. Por lo tanto, me alejaré de los seres pueriles.
Si me los encuentro, con una sonrisa los trataré bien,
pero mantendré solo la mera cortesía,
sin familiarizar demasiado con ellos.
16. Como una abeja coge el polen de las flores,
tomaré sólo lo que es necesario para el darma
y como si apenas los conociese
evitaré intimar con ellos.
17. “Soy rico, respetado,
mucha gente me aprecia...”.
Si mantengo esa clase de altivez,
después de la muerte empezará el pánico.
18. Así, oh mente estúpida
que todo lo quieres y codicias,
todo eso después se convertirá
en mil veces mayor sufrimiento.
19. Por lo tanto, el sabio no se apega,
pues el apego genera el miedo.
Entiende esto y grábalo firmemente:
Todo lo que se desea, por naturaleza, acabará desapareciendo.
20. Ha habido gente con grandes riquezas,
que ha disfrutado de fama y buena reputación,
pero quién sabe ahora adónde se halla,
con todo ese cúmulo de riqueza y fama.
21. ¿Por qué me alegro cuando la gente me elogia
si hay otros que me acusan y critican?
¿Por qué me deprimo si me acusan
si hay otros que me alaban y valoran?
22. Los seres tienen tal abundante diversidad de deseos
que incluso el Buda no pudo satisfacerlos todos;
qué decir pues de alguien censurable como yo.
Abandonaré, por lo tanto, tales preocupaciones
mundanas.
23. La gente desprecia a aquellos sin riquezas
y de aquellos que las tienen dicen cosas lamentables.
¿Cómo es posible disfrutar en compañía
de tales seres que son tan difíciles de complacer?
24. A menos que consigan lo que les interesa,
los seres pueriles no están contentos.
Por eso, los seres pueriles no son buenos amigos.
Eso lo han dicho los tatagatas.
25. En el bosque, con los ciervos y los pájaros,
y entre árboles que no dicen nada desagradable,
tendré una grata compañía.
¿Cuándo me podré ir a vivir allí?
26. ¿Cuándo podré habitar en una cueva,
un templo vacío o bajo un gran árbol,
libre de cualquier apego
y no volver ya nunca la mirada atrás?
27. ¿Cuándo podré vivir en un lugar
que no pertenezca a nadie,
naturalmente amplio y espacioso,
donde pueda actuar libremente y sin apego?
28. ¿Cuándo podré vivir sin miedo,
sin tener que esconderme de nadie,
sólo con un bol y pocas pertenencias más,
y vestido con ropas desechadas por todos?
29. ¿Cuándo podré ir a los cementerios
para ver que mi cuerpo
y los huesos que allí se hallan
están igualmente destinados a desaparecer?
30. Este mismo cuerpo, también,
desprenderá tal hedor
que ni los chacales se le acercarán.
Eso es lo que va a pasar.
31. Esta carne y estos huesos, que a la vida
vinieron conjuntamente en un solo cuerpo,
acabarán separándose, desintegrándose.
¿Qué decir entonces de los amigos?
32. Al nacer, solos venimos al mundo,
al morir, solos nos vamos.
Nadie comparte nuestro sufrimiento.
¿Para qué necesitamos amigos que nos creen obstáculos?
33. Como los viajeros que se alojan
haciendo un alto en algún lugar del camino,
los seres en el camino de la existencia
hacen un alto y se alojan en sus nacimientos.
34. Hasta que llegue el momento
en que cuatro hombres me lleven sobre sus hombros
en medio del desconsuelo de la gente mundana,
hasta entonces me iré al bosque.
35. Allí, sin amigos ni enemigos
permaneceré en la soledad
y, considerado de antemano como ya muerto,
cuando muera nadie se afligirá.
36. Sin nadie que me rodee
lamentándose y molestando,
nadie podrá distraerme
de recordar al Buda y la práctica.
37. Así, en esos bosques deleitables y espléndidos
con alegría y pocas preocupaciones
disfrutaré de la soledad
y todas las distracciones cesarán.
38. Libre de todas las demás aspiraciones
y teniendo un único propósito,
me esforzaré en calmar mi mente
y tener control sobre ella.
39. En este mundo y en los próximos,
el deseo lleva a la desgracia.
En éste somos aprisionados, mutilados, matados...
En los próximos, nos esperan los infiernos y demás.
40. Al principio para ese fin se envían
numerosos mensajeros y mensajeras con invitaciones
y no se evita para ello ninguna acción negativa
ni nada aunque sea deshonroso.
41. Uno se involucra en acciones temerarias
y agota incluso sus bienes y fortuna,
todo para en el abrazo sexual
disfrutar las mayores delicias
42. con quien de hecho no es más que un esqueleto,
carente de un “yo” y de existencia independiente.
En vez de ese ávido deseo y tanto apego
¿por qué no vas más allá del sufrimiento?
43. Cuántas fatigas para levantarle el rostro
mientras ella vergonzosamente baja su mirada.
Ese rostro que fuese visto o no
iba siempre cubierto con un velo.
44. Esa cara por la que languidecías
ahora puedes verla claramente
tal como es gracias a los buitres.
¿Cómo es que ahora huyes de ella?
45. Antes la protegías celosamente
de las miradas de otros.
¿Cómo es que siendo tan codicioso
ahora que se la están comiendo no la proteges?
46. Mira esa masa de carne
de la que se nutren las bestias carroñeras.
¿A ese alimento de otros seres es al que ofrecerías
guirnaldas de flores, sándalo y joyas?
47. Ver ese montón de huesos
te da miedo aunque no se mueva.
¿Por qué no te asustaba cuando se movía
como un cadáver animado por algo?
48. Cuando estaba cubierto, lo amabas.
Ahora que nada lo cubre, ¿por qué no lo deseas?
Si en este estado ya no lo necesitas,
¿por qué lo abrazabas cuando estaba cubierto?
49. De la comida surgen tanto
la saliva como los excrementos.
¿Por qué disfrutas con la saliva
y te asquean los excrementos?
50. De los cojines de algodón,
tan suaves al tacto, no disfrutas.
Del cuerpo humano dices que no emite mal olor.
Por el deseo, lo impuro no disciernes.
51. Confundido por tu lascivo deseo
con el algodón te enfureces,
pues aunque es suave al tacto
dices que no puedes con él copular.
52. Si la suciedad no te atrae,
¿cómo es que abrazas en tu regazo
ese entramado de huesos ligado por los tendones
y recubierto con la argamasa de la carne?
53. Tú mismo estás lleno de inmundicias
en las que constantemente te revuelcas.
Y por apego a la suciedad deseas
de hecho otros sacos llenos de inmundicias.
54. Si dices que es la carne lo que te gusta
y lo que deseas tocar y contemplar,
¿cómo es que no deseas esa carne
cuando está tal cual desprovista de mente?
55. Si quizá lo que deseas es la mente,
ésta no puede tocarse ni contemplarse.
Lo que tocas o contemplas no es la mente.
¿Por qué copulas con lo que no lo es?
56. Puede que no sea extraño no darse cuenta
que los cuerpos de otros son inmundos por naturaleza.
¡Pero no darse cuenta de que el de uno mismo
es inmundo por naturaleza, es realmente extraño!
57. ¿Por qué la mente, atraída por lo sucio,
ignora el loto fresco que se abre
con los rayos de sol de un cielo sin nubes
y disfruta de ese saco de inmundicias?
58. Si no quieres tocar el lugar
manchado con excrementos,
¿cómo es que deseas tocar el cuerpo
de donde salen esos excrementos?
59. Si no te atrae la suciedad,
¿por qué abrazas en tu regazo
lo que procede de un lugar inmundo
donde se engendró de su semilla?.
60. Por los sucios gusanos diminutos
procedentes de las inmundicias, no sientes deseo.
Pero sientes deseo por un cuerpo humano
que surge de la suciedad y de ella está repleto.
61. No solo no sientes rechazo
hacia tu propia inmundicia,
además por tu apego a la suciedad
deseas otros sacos repletos de ella.
62. Sustancias agradables como el alcanfor,
verduras o arroz cocinado,
si te las llevas a la boca y luego las escupes:
hasta la misma tierra se ensucia.
63. Si aunque sea muy evidente,
todavía dudas sobre su inmundicia,
ve a los cementerios y observa
los cuerpos pútridos abandonados allí.
64. Si le quitases la piel al cuerpo,
sentirías un profundo horror.
Habiendo entendido eso,
¿cómo es posible todavía disfrutar con él?
65. El sándalo, y no otra cosa,
es la fragancia que perfuma al cuerpo.
¿Cómo es posible que la fragancia
de una cosa te haga desear otra?
66. Si algo por naturaleza es fétido,
¿no es mejor no desearlo?
Pero, el deseo de los seres mundanos no tiene sentido,
¿por qué se perfuman con dulces fragancias?
67. Si ese perfume procede del sándalo
¿cómo es el olor que emana de ese cuerpo?
¿Cómo puede la fragancia de algo
inducir a desear algo distinto?
68. Este cuerpo desnudo, dejado tal cual,
con el pelo largo, las uñas crecidas,
los dientes sucios, con sarro y mal aliento,
es de hecho tremendamente repulsivo.
69. ¿Por qué esforzarse en limpiar
lo que es como un arma que te daña?
Los cuidados que la gente se prodiga en su ignorancia
son una locura que sacude al mundo.
70. Si te sientes abatido cuando ves
los esqueletos en los cementerios,
¿por qué disfrutas cuando los ves en las poblaciones
cual cementerios llenos de esqueletos en movimiento?
71. Además, sin pagar un precio
no se consiguen esos cuerpos impuros.
Para lograrlos, uno se agota en esta vida
y sufre en los infiernos en el futuro.
72. Los niños no pueden reunir riquezas.
Una vez adultos ¿qué pueden disfrutar?
Pasan toda su vida acumulando bienes y riqueza.
Una vez ya ancianos ¿cómo podrán satisfacer su deseo?
73. Algunos desdichados llenos de deseo
se agotan trabajando durante todo el día
y cuando regresan a sus casas exhaustos
caen profundamente dormidos como muertos.
74. Otros llevados por sus viajes a lugares lejanos
sufren la separación de sus esposas e hijos,
a quienes quieren y añoran,
y a los que no verán durante años.
75. Algunos desean prosperar,
y por ignorancia, se venden para ello.
Sin obtener lo que quieren, su vida discurre
absurdamente trabajando para otros.
76. Algunos se venden a sí mismos
y quedan esclavizados a merced de otros.
Sus esposas han de parir a sus hijos
bajo el cobijo de los árboles, en algún lugar solitario.
77. Otros locos confundidos por su deseo,
aun a costa de perder sus vidas,
deciden ir a ganarse la vida a las guerras.
Buscando ganancias se esclavizan.
78. Algunos, debido a su codicia,
son mutilados, empalados en una estaca
o atravesados con lanzas y puñales.
Hay otros que son quemados vivos.
79. Los problemas de ganarlas, conservarlas y perderlas;
son los interminables padecimientos que traen consigo las
riquezas.
Aquellos distraídos por su apego a la riqueza
nunca podrán liberarse de los sufrimientos de la
existencia.
80. Aquellos llenos de deseos, por muy poco,
padecen muchos problemas.
Son como el buey que tira del carro y se lleva a la boca
a lo largo del camino un poco de hierba.
81. Para algo tan insignificante que no es nada especial
y hasta los animales pueden conseguir,
atormentados por sus karmas aniquilan
estas libertades y condiciones favorables tan difíciles
de encontrar.
82. Aquello que deseamos es seguro que perecerá
y debido a ello caeremos en los infiernos.
Por un miserable beneficio, afrontamos
continuamente agotadores problemas.
83. ¡Con la millonésima parte de esas dificultades,
sería posible alcanzar la budeidad!
Esos llenos de deseo sufren más que los practicantes
y sin embargo no alcanzan la budeidad.
84. Reflexionad en los sufrimientos de los infiernos y otros
estados de infortunio.
Ni las armas ni el veneno ni el fuego
ni los grandes precipicios ni los enemigos
pueden compararse con los efectos del deseo.
85. Así, hastiados del deseo,
disfrutemos de la soledad
en bosques apacibles
sin peleas ni emociones aflictivas.
86. Los seres afortunados que tratan de beneficiar a otros
transitan por lugares agradables formados con grandes
losas de piedra
refrescados por el sándalo de la luz de la luna,
y que la brisa de los bosques apacibles y silenciosos
ventila.
87. En cuevas, bajo árboles, en casas abandonadas
que permanezcamos tanto como queramos.
Abandonando los sufrimientos de proteger nuestras
posesiones,
que vivamos sin depender de nadie y sin preocupaciones.
88. Disfrutar de esa libertad desprovista de apego,
desligados de cualquier vínculo o atadura:
una vida con esa satisfacción y esa dicha
incluso a Indra le es difícil encontrar.
89. Habiendo reflexionado de éste y otros modos
sobre las ventajas de la soledad,
apacigua por completo los pensamientos discursivos
y medita en la bodichita.
90. Esfuérzate primero en meditar
en la igualdad de uno mismo y los demás.
En la felicidad y el sufrimiento somos iguales,
protege pues a todos como a ti mismo.
91. Aunque el cuerpo tiene muchas partes como manos
y demás,
protegemos todo el cuerpo como una unidad.
Similarmente, los diferentes seres con sus alegrías
y penas,
todos, como yo, desean unánimemente la felicidad.
92. Mi sufrimiento no aflige
a otros en sus cuerpos,
pero a mí me resulta insoportable
pues me aferro a él considerándolo “mío”.
93. Y el sufrimiento de otro
no recae sobre mí.
Sin embargo, al tomarlo sobre mí lo considero mío
y deviene también difícil de soportar.
94. Disiparé el sufrimiento de los otros
pues es sufrimiento como el mío.
Beneficiaré y ayudaré a los demás
porque, como mi cuerpo, son seres vivos.
95. Tanto yo como los demás
deseamos igualmente ser felices.
¿Qué hay de especial en mí
para que me esfuerce sólo por mi felicidad?
96. Tanto yo como los demás
huimos por igual del sufrimiento.
¿Qué hay de especial en mí
para que me proteja a mí y no a ellos?
97. Puesto que su sufrimiento a mí no me daña
¿por qué tendría que protegerme?
Entonces ¿por qué me protejo
de mi sufrimiento futuro que ahora tampoco me daña?
98. Pensar que “yo experimentaré ese sufrimiento”
es una noción equivocada.
Pues este que muere es uno
y ese que renace es otro distinto.
99. Quizá creas que cuando surge un sufrimiento,
el que sufre es el que ha de protegerse.
El dolor del pie no es el de la mano,
entonces, ¿por qué ésta ha de proteger a aquél?
100. Si dices: “Eso, aunque sea inapropiado,
lo hacemos debido al aferramiento al ‘yo’”.
Pero lo que sea inapropiado para uno mismo y los demás
hemos de abandonarlo por completo.
101. Lo que se denomina “continuo” y “compuesto”
es tan irreal como un rosario o un ejército.
Así, no hay nadie que experimente el dolor,
pues, ¿quién sería su poseedor?
102. El sufrimiento no tiene un propietario,
por eso en él no hay diferencias.
He de eliminarlo porque es sufrimiento.
¿Para qué trazar límites?
103. Pero, ¿por qué hay que eliminar el sufrimiento de todos?
¡Esto es algo incuestionable!
Si mi dolor se elimina, también ha de eliminarse el de
los otros.
Si el suyo no, el mío, como el de ellos, tampoco.
104. “Si la compasión nos hace sentir tanto dolor,
¿por qué hemos de esforzarnos en engendrarla?”.
Pero si pensamos en el sufrimiento de los seres,
¿cómo puede considerarse la compasión un gran
sufrimiento?
105. Si con un solo sufrimiento
desaparecen una multitud de sufrimientos,
ese sufrimiento los seres compasivos
se esfuerzan en fomentarlo en ellos mismos y en otros.
106. Por eso Supuspachandra,
aunque sabía que el rey lo mortificaría,
no evitó su propio sufrimiento
a fin de que terminase el sufrimiento de muchos.
107. Aquellos que han cultivado así sus mentes,
como su alegría consiste en apaciguar el dolor de otros,
se adentrarían en el infierno de las Torturas Máximas
como un cisne lo hace en un lago con lotos.
108. Cuando todos los seres sean liberados,
ese inmenso océano de alegría
¿no será suficientemente satisfactorio?
¿Qué sentido tiene desear mi propia liberación?
109. El trabajar para beneficiar a los demás
no ha de hacerme sentir orgulloso ni ufano.
La felicidad de los demás es mi satisfacción,
sin esperar ninguna otra recompensa.
110. Así, igual que a mí me defiendo
de incluso la menor acusación o desprecio,
del mismo modo, hacia todos los seres he de tener
una actitud compasiva y la determinación de protegerlos.
111. Por haberme habituado a ello,
en las gotas de sangre y de esperma de otros seres,
he llegado a concebir un “yo”,
aunque éste carece de entidad.
112. Del mismo modo, ¿por qué no identifico
en el cuerpo de otro ser mi “yo”?
E igualmente, ¿por qué ha de ser difícil
pensar que mi cuerpo es de otro?
113. Conociendo ahora todas las faltas atribuibles a mí mismo
y el océano de cualidades atribuibles a “otros”,
descartaré cualquier apego a mí mismo
y adoptaré el hábito de cambiarme por los demás.
114. Igual que las manos y otros miembros
se consideran partes de un mismo cuerpo,
¿podríamos considerar a cada criatura
como un miembro del conjunto de los seres?
115. Del mismo modo que, por haberme habituado,
surge la idea de “yo” en relación a este cuerpo que
carece de ese “yo”,
¿por qué no ha de surgir, si me habitúo a ello,
la idea de “yo” en relación a otros seres?
116. Así, cuando trabaje para beneficiar a otros
no he de vanagloriarme ni congratularme por ello.
Igual que cuando me alimento
no espero nada en recompensa.
117. Por lo tanto, igual que a mí me defiendo
de incluso la menor acusación o desprecio,
del mismo modo, me habituaré a tener hacia los seres
una actitud compasiva y el propósito de protegerlos.
118. Por eso el protector Avalokitesvara
debido a su inmensa compasión bendijo su nombre
a fin de disipar el miedo de aquellos
que se hallan entre una multitud.
119. No hemos de dejarnos desanimar por las dificultades,
pues debido al poder de la familiarización
la gente puede llegar a echar en falta
a aquellos de los que le aterrorizaba aun solo oír su nombre.
120. Los que deseen rápidamente
ser un refugio para sí mismos y los demás,
deben practicar el sagrado secreto:
“cambiarse uno mismo por los demás”.
121. Debido al apego a nuestro cuerpo,
nos asusta el menor peligro.
A este cuerpo que hace sentir tanto miedo,
¿quién no lo detestaría como a un enemigo?
122. Buscando aliviar el hambre, la sed
y demás padecimientos de nuestro cuerpo,
matamos pájaros, peces y ciervos,
y al acecho esperamos en los caminos.
123. Y algunos por ganancias y prestigio
llegan incluso a matar a sus padres
o a robar las propiedades de las Tres Joyas,
por lo que arderán en el infierno de las Torturas
Máximas.
124. ¿Quién entre los sabios y prudentes
desearía proteger y agasajar a este cuerpo?
¿Quién no lo consideraría como un enemigo
y como a tal lo despreciaría?
125. “Si se lo doy ¿qué me quedará para disfrutar?”
pensar en uno mismo es la conducta de los espíritus
malignos.
“Si lo disfruto ¿qué me quedará para ofrecer?”
pensar en los demás es la conducta divina.
126. Si por mi bien daño a otros,
sufriré tormentos en los infiernos.
Si por el bien de otros me daño a mí,
obtendré todo lo que es excelente y perfecto.
127. Por desear lo mejor para uno mismo,
uno será inferior y estúpido, y nacerá en los reinos
inferiores.
Si en cambio uno desea lo mejor para los demás,
tendrá honores y respeto, y nacerá en los reinos dichosos.
128. Si me beneficio de otros usándolos a mi servicio,
tendré que experimentar la esclavitud y la servidumbre.
Pero si trabajo para el bien de los demás,
disfrutaré del poder y el liderazgo.
129. Toda la felicidad de este mundo
viene de desear la felicidad para los demás.
Todo el sufrimiento de este mundo
viene de desear la propia felicidad.
130. ¿Es necesaria una explicación más exhaustiva?
Los seres pueriles buscan su propio beneficio.
Los budas actúan para beneficiar a los demás.
Observa lo que los diferencia.
131. Si no cambio mi felicidad
por el sufrimiento de los demás,
no lograré la budeidad
y ni siquiera en el samsara la felicidad.
132. Sin hablar ya de otras vidas,
ni siquiera las necesidades de ésta serán satisfechas:
los sirvientes no harán su trabajo
y los patrones no pagarán los sueldos.
133. Por haber dejado de lado lo que proporciona
abundante bienestar y felicidad en ésta y otras vidas,
y haber causado daño a otros seres,
ignorantemente he acumulado un inmenso sufrimiento.
134. Todos los males de este mundo,
todo el miedo y el dolor que existe
los ha causado el aferramiento al “yo”.
¿Qué voy a hacer con este gran demonio?
135. Sin deshacerse de este “yo” por completo
no se puede evitar el sufrimiento.
Igual que sin apartarse del fuego
no pueden evitarse las quemaduras.
136. Así, para aplacar mi dolor
y el sufrimiento de los demás,
me daré a mí mismo a los demás
y consideraré a los demás como a mí mismo.
137. “Ahora pertenezco a los demás”,
de eso, oh mente, debes estar segura
y no pensar en nada más
que en beneficiar a todos ellos.
138. Mi vista y demás sentidos ahora les pertenecen,
sería impropio usarlos para mi beneficio.
También sería inadecuado
usar mis facultades en contra de ellos.
139. Para mí los seres serán lo más importante.
Por eso, me apropiaré de todo aquello
que vea que tiene mi cuerpo
y lo usaré para beneficiarlos a ellos.
140. Consideraré que otros inferiores, iguales y superiores son
yo mismo,
y consideraré que yo soy ellos.
Entonces, sin ningún otro pensamiento
meditaré en la envidia, la rivalidad y el orgullo.
141. A él lo respetan y a mí no.
Yo no tengo tantos bienes como tiene él.
A él todos lo alaban mientras que a mí me desprecian.
Yo sufro pero a él todo le va bien.
142. Yo hago todo el trabajo,
mientras él descansa cómodo.
A él se le considera importante en el mundo,
mientras que a mí, un ser vulgar sin cualidades.
143. ¿Cómo que no tengo ninguna cualidad?
Todos tenemos buenas cualidades.
Él, comparado con algunos, es inferior.
Mientras que comparando con otros yo los supero.
144. Que mi disciplina y entendimiento hayan decaído,
se debe a mis emociones; estoy desvalido.
Él debería hacer todo lo posible por remediarlo
y yo aceptaría las penalidades.
145. Pero él nada hace para remediarlo,
¿cómo puede despreciarme?
¿De qué pueden servirme
las buenas cualidades que él tenga?
146. No tiene compasión de aquellos que están
en las terribles fauces de los destinos desdichados.
Hace alarde de sus buenas cualidades
e incluso quiere equipararse a los sabios.
147. Para poder superar a ése,
que como mi igual es considerado,
me aseguraré que consigo gloria y fortuna,
aunque tenga que competir para ello.
148. Haré todo lo posible para que todos
conozcan mis buenas cualidades.
Y me aseguraré que nadie
conozca sus buenas cualidades.
149. También ocultaré mis defectos.
Y seré yo, y no él, quien sea venerado.
Desde ahora voy a ser yo, y no él,
quien consiga las riquezas y sea respetado.
150. Con placer por mucho tiempo
veré sus actos indignos y su declive.
Haré que sea el hazmerreír de todos
y de todos tenga su desprecio.
151. ¡La gente dice que ese miserable
trata de competir conmigo!
¿Cómo puede ése igualarme en saber,
belleza, clase o riqueza?
152. El oír que todos conocen y
hablan de mis buenas cualidades
hace que me estremezca de alegría
y que la felicidad me desborde.
153. Aunque él tenga algunas posesiones,
si él trabaja para mí
le dejaré lo indispensable para que viva
y me apropiaré del resto a la fuerza.
154. Arruinaré su felicidad
y constantemente le haré daño,
por los cientos y cientos de veces
que él en el samsara me ha dañado.
155. Oh mente, durante incontables kalpas
has buscado tan sólo tu beneficio
y con todo ese esfuerzo agotador
sólo has conseguido dolor y aflicción.
156. Por lo tanto, de una vez por todas
dedícate totalmente al bien de los demás.
Éstas son palabras del Buda que no engañan;
en el futuro tú mismo verás su beneficio.
157. De hecho, si en el pasado
hubieses llevado a cabo ese trabajo,
no sería posible que carecieses todavía
de la perfecta felicidad de los budas.
158. Por eso, igual que concibes el “yo”
en las gotas de sangre y esperma de otros,
del mismo modo ahora acostúmbrate
a concebir ese “yo” en los demás seres.
a concebir ese “yo” en los demás seres.
159. Ahora para otros, espía
todo lo que tenga tu cuerpo.
Aprópiate de todo, quítaselo
y úsalo para beneficiar a los demás.
160. Soy feliz, pero otros no lo son.
Estoy en una posición elevada, otros en otra inferior.
A mí me cuidan, mientras otros están abandonados.
¿Por qué no estoy celoso de mí mismo?
161. Me desprenderé de mi felicidad
y adoptaré el sufrimiento de los demás.
Me examinaré a mí mismo constantemente
y así investigaré mis defectos.
162. Cuando otros cometan alguna falta,
haré que me culpen a mí por ella.
Y cuando cometa un error, incluso pequeño,
lo admitiré y confesaré ante todos.
163. La fama de otros la exaltaré
para que pueda así eclipsar la mía.
Seré para ellos un humilde sirviente
y me dedicaré a su beneficio.
164. Este ego por naturaleza está lleno de defectos.
Sus cualidades accidentales no deben alabarse.
Las cualidades que tenga, haré cualquier cosa
a para que permanezcan desconocidas.
165. En resumen, todo el daño causado a otros
por ese ego para su propio beneficio
que recaiga sobre sí mismo
y eso beneficie a otros.
166. No dejaré que se crezca
de un modo arrogante y altivo.
Haré que sea como una novia recién casada,
vergonzosa, temerosa y moderada.
167. ¡Haz esto! ¡Sé así! ¡No hagas eso!
Así tendrás que someterte a la fuerza.
Y si transgredieses los límites,
en
tonces tendrás tu castigo.
168. Pero, oh mente, si no actúas así,
a pesar de haber sido advertida,
es a ti a quien trataré severamente
ya que eres el sostén de todos los males.
169. Fue en otro tiempo, que ya pasó,
durante incontables kalpas
cuando pudiste perjudicarme.
Ahora puedo verte. ¿Adónde irás?
Voy a aplastar por completo tu arrogancia.
170. Ahora deja ya de pensar
en actuar para tu propio beneficio.
Te he vendido para los demás.
¡No te quejes! ¡Dedícate a servirles!
171. Porque, si debido al descuido,
no te entrego a los seres,
tú me entregarás, eso es seguro,
a los guardianes de los infiernos.
172. Así es como innumerables veces
me entregaste y sufrí durante un tiempo inmenso.
Ahora recordando todos mis rencores
voy a acabar con tu egoísmo.
173. Y así, si lo que deseo es la felicidad,
no he de buscar mi propia felicidad.
E igualmente, si deseo protegerme,
tsiempre he de proteger a los demás.
174. En la misma medida en que a este cuerpo
lo mimemos y cuidemos,
en exactamente esa misma medida
se volverá frágil e irritable.
175. Para los que caen en ese estado
no hay nada en este mundo
que pueda satisfacer sus deseos.
¿Quién podrá entonces satisfacerlos?
176. Sus deseos imposibles les vuelven desdichados
y son invadidos por las emociones y la desesperación.
Pero aquellos que son libres y de nada dependen
gozarán inagotablemente de todo lo que es excelente.
177. Por eso, a los deseos de mi cuerpo
no les dejaré ninguna posibilidad de aumentar.
De todas las posesiones, la mejor es
la que no nos cautiva por su atractivo.
178. Esta forma humana es sucia y asusta,
a este cuerpo inerte lo mueven otras cosas
y finalmente terminará siendo polvo,
¿por qué en eso concibo mi “yo”?
179. Ya esté vivo o esté muerto,
¿para qué me sirve este artefacto?
¿En qué se diferencia de un trozo de tierra?
¡Ay! ¿Cómo podría acabar con este orgullo?
180. Cuidando con esmero este cuerpo
he acumulado absurdamente sufrimiento.
¿Para qué ese odio y ese apego a causa
de lo que, de hecho, es como un leño de madera?
181. Ya lo proteja y lo mime
o se lo coman los buitres y otras bestias,
este cuerpo no siente ni placer ni aversión.
¿Por qué siento pues por él tanto afecto?
182. Cuando lo critican no se irrita
ni le complace cuando lo alaban.
Si no siente nada de eso,
¿para qué pues por él me agoto?
183. Si digo que lo hago porque otros
lo aprecian, y son así mis amigos,
puesto que todos aprecian sus cuerpos,
¿por qué no estimo también los suyos?
184. Así pues, libre de cualquier apego,
ofreceré mi cuerpo para beneficiar a los seres.
Por eso, aunque tiene tantos defectos,
lo aceptaré como un instrumento necesario.
185. Basta ya de comportamientos pueriles.
Seguiré tras los pasos de los sabios.
Y recordando sus consejos sobre el cuidado
erradicaré el sueño y el sopor.
186. Como los herederos compasivos de los budas
sobrellevaré las dificultades que sean necesarias.
Porque si no me esfuerzo día y noche, sin tregua,
¿cuándo podrán llegar a su fin mis sufrimientos?
187. Para eliminar los oscurecimientos
apartaré mi mente de los caminos erróneos
y constantemente sobre el objeto perfecto
en ecuanimidad la dejaré descansar.